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Entre 1994 y 2007, Ayala jugó 115 partidos en la selección, una marca sólo superada por Javier Zanetti. Convirtió 7 goles e intervino en los Mundiales de Francia, Corea-Japón y Alemania. Tiene el récord de presencias como capitán, con 63 partidos, por delante de Maradona (57), Passarella (46) y Ruggeri (42). Ganó los Juegos Olímpicos 2004 y los Panamericanos 1995; además, el Apertura 94 con River; la Liga italiana 1999 con Milan; la Liga española 2002 y 2004, y la Copa UEFA y la Supercopa europea 2004, todascon Valencia.
Ayala-Ayala era la defensa central de San José, el equipo de la Liga Diamantina entrerriana que llevaba los colores de Boca. Roberto, treintañero, y su adolescente hijo Fabián, porque en Paraná siempre fue Fabián. Una tarde calurosa, el pibe de 15 años recibió un codazo de un tosco centrodelantero que lo dejó internado con una severa conmoción cerebral. Como una premonición, el fútbol le advertía a Ayala que lo enfrentaría con varios contratiempos. Como el día que no le hicieron lugar la primera vez que se probó en Ferro porque la pensión para los chicos del interior estaba completa. Fue a Vélez y directamente lo rechazaron. Igual, no desmayó. La perseverancia sería una de sus virtudes. Finalmente, debutó en la primera de Ferro el 23 de febrero de 1992 -con victoria por 2 a 1 sobre Belgrano-, y luego edificó una trayectoria envidiable por River, Napoli, Milan, Valencia, Villarreal (con la curiosidad de que no alcanzó a jugar ni un partido), Zaragoza y Racing. Hasta ayer, cuando aceptó un adiós que, aún sin luces, no eclipsa una carrera escrita con idénticas dosis de jerarquía y nobleza.
El máximo capitán histórico de la selección cargó con muchos rótulos descalificadores. Emblema de una generación de fracasados, dijeron... Ayala siempre se repuso. La suerte, infiel por naturaleza, casi nunca coqueteó con él. A Fabián siempre lo esperaba otra trampa a la vuelta de la esquina. Ese gol de Bergkamp en Francia 98, el maldito desgarro en la entrada en calor a minutos de debutar en Corea-Japón 2002, el penal que le atajó Lehmann en Alemania 2006, el gol en contra en el desenlace de la Copa América de 2007? Pero jamás le faltó espíritu de sacrificio. Como en aquella final de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004? Paradójico: el día que consiguió la conquista que tanto se le negó con la camiseta albiceleste, de alguna manera comenzó el calvario. Ese partido lo resistió estoico hasta el cierre, pero lo terminó muy lesionado. Tuvieron que operarlo por la rotura del cuerno posterior del menisco de la rodilla derecha. Después, 2005 también lo castigó con la rotura del menisco externo de esa ya maldita rodilla derecha. Nunca se desanimó, pero el dolor se alojó como un incómodo inquilino.
Un profesional intachable, que a los 37 años, pese a que el corazón lo impulsaba a más, asumió que las traicioneras rodillas invitaban al reposo. "Jamás me tomé tanto tiempo para tomar una decisión como ahora. Desde que terminó el Apertura, me rondaba la idea. Fue un año difícil; siempre viví tomando analgésicos por los dolores?", contaba ayer y se lo escuchaba tranquilo. Las inyecciones se volvieron rutinarias en los últimos meses: para sacarle el líquido que se le acumulaba o para infiltrarlo cuando le tocaba jugar. Casi nadie se enteró; Ayala nunca se escondió en el manual de las excusas. En su última temporada, aún desde el banco de suplentes, fue un ejemplo de profesionalismo, mesura y sensatez. Al primero que el Ratón le dio la noticia fue al DT Miguel Ángel Russo, ayer por la mañana. Atrás quedaba una trayectoria en la que recogió 8 títulos durante 18 años, y reconocimientos, porque vale recordar que lo distinguieron como el mejor defensor en toda la historia de Valencia... Allí, el presidente ya le adelantó que tendrá siempre las puertas abiertas para cumplir la función que prefiera. Y Rodolfo Molina le comentó que está pendiente un café para conversar sobre algún vínculo con la Academia. Ahora podrá entregarse a tiempo completo a sus 4 hijos y su señora, Verónica, a la pesca en el Paraná y al dibujo, ese hobby que lo apasiona y tal vez se transforme en algo más que un pasatiempo.
Se retiró Ayala, el hombre que volvió una y otra vez de la decepción, pero jamás utilizó la palabra revancha. Siempre convencido de que la discreción era mejor consejera que la figuración. Siempre sintió una relación visceral con el seleccionado; el crédito lo fue renovando constantemente con su sentido táctico, su rapidez para los cruces y una voraz prepotencia en el juego aéreo. Un caudillo silencioso, que hasta en la última porción de su carrera enseñó que el sufrimiento podía ser la antesala hacia un mensaje de esfuerzo y superación.


