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Para un delantero, no debe haber situación en la que se considere más importante para su equipo que marcando el gol decisivo en una final. Después de mucho tiempo, Walter Silvani, de 30 años, volvió a sentir esa experiencia tan crucial como única. Desde su salida de River, en 1996, este delantero, un tanto desgarbado y de naturaleza luchadora, transitó por equipos de acotadas ambiciones. Cinco años en España -el primero en Extremadura y los cuatro restantes en Salamanca- le aseguraron un nivel de vida tan tranquilo, en lo económico y lo social, como limitado en las expectativas deportivas.
En julio último llegó a Pachuca, entidad que, más de allá de su sólida estructura -hace poco inauguró una universidad de fútbol que visitó Marcelo Bielsa-, no pertenece a la elite futbolística mexicana, como lo atestiguan sólo dos títulos nacionales en 100 años de historia. Pero el campeonato azteca está dado a las sopresas; hace un año salió campeón por primera Morelia (con Comizzo). Y el último torneo de Invierno fue para los tuzos de Pachuca, que festejaron con una definitoria participación de Silvani en la Liguilla final. Dos goles a Atlante en cuartos de final, uno a Toluca en semifinales y dos a Tigres en la final. Uno de estos tantos sirvió para igualar 1 a 1 el desquite, con un tiro de emboquillada desde casi 40 metros.
Un golazo para que la cuenta personal alcanzara las nueve conquistas en el certamen. "Fue uno de los goles más lindos de mi carrera. Lo comparo con uno que una vez le hice a Independiente, con una media vuelta desde afuera del área. Claro que éste fue mucho más importante", expresó Silvani, que luego de un paso relámpago por Buenos Aires ya se reincorporó a Pachuca.
-Imagino que esto de festejar un título con goles importantes tuyos es una alegría que hace rato no vivías.
-Sí, la verdad es que todo salió mejor de lo que esperaba. No pensaba que me iba a adaptar y a salir campeón tan rápido. Cuando llegué venía de un mes de vacaciones en España y al principio me costó jugar en las ciudades con altura. Pero bueno, a partir de la séptima fecha empecé a hacer goles y me afiancé. Y el equipo también, porque no era favorito. Nadie daba nada por nosotros. Pachuca no es de los clubes más tradicionales, pero tiene una infraestructura superior a la que encontré en Europa.
-¿En qué momento de tu carrera llega este título?
-En el mejor. Ya tengo 30 años y es bueno estar vigente a esta edad.
-Desde que te fuiste de River, y salvo el paso breve por Universidad (Chile), jugaste en equipos chicos. ¿Eso te dio más tranquilidad y te quitó presión?
-No, al contrario. Cuando llegué a Extremadura hicimos una campaña bárbara, pero ya estábamos condenados al descenso. Con Salamanca, la ciudad de mi vida por lo bien que me sentí ahí, ascendimos, pero es un equipo débil en primera división. Es más fácil pelear por el título que mantener la categoría. Te volvés loco en esa situación.
-A la distancia, ¿cómo evaluás tu etapa en River, donde muchos te resistían?
-Me preguntaron tantas veces que ya estoy podrido. Tengo un buen recuerdo porque me dio la posibilidad de mostrarme; estuve seis años y gané cuatro títulos. Tan mal no me fue.
-¿Creés que fueron injustos con vos?
-No sé. Había gente a la que no le gustaba. No puedo conformar a todos.
-¿Por qué creés que te criticaban? Por tu estilo de juego o porque no eras un atacante de 15 o 20 goles por temporada.
-A lo mejor no tenía carisma. Era difícil jugar. Luché el puesto con delanteros de mucho nombre, como Batistuta, Zamora, Polillita Da Silva, Crespo, Ortega. Siempre traté de no dejarme llevar por la consideración de la gente.
-Pero una vez, después de un gol a Deportivo Español, le hiciste señas a la hinchada de que no lo festajara.
-Sí, fue una anécdota. Le dieron más importancia de la debida. Fue un gesto que me salió en ese momento.
-¿Passarella es el técnico que más te bancó en tu vida?
-Cualquier entrenador te banca mientras le sos útil; si no, te pegan una patada en el c... Si me ponía era porque le resolvía cosas. El mejor técnico que tuve fue Josu Ortuondo, en Extremadura.
Los pocos días que Walter Silvani estuvo en la Argentina coincidieron con el estallido social que derivó en la renuncia de Fernando de la Rúa a la presidencia de la Nación. "A los 30 años, uno se plantea metas más cortas, pero ojalá pueda quedarme mucho tiempo en México, donde tengo contrato por tres campeonatos más. A la Argentina la vi muy mal. Tampoco me interesaría regresar a jugar porque la situación de los equipos es crítica y ya no estoy para soportar las apretadas de los hinchas", expresó Silvani. Además del ex delantero de River, el otro futbolista argentino del Pachuca es el delantero Gabriel Caballero, que se acaba de nacionalizar mexicano.



