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Hace nada menos que 1860 años, un emperador romano, Marco Aurelio, decidió volcar por escrito sus reflexiones sobre la vida. El resultado es un libro, Meditaciones, un compendio de filosofía que se convirtió en texto de referencia para conductores de grupos o empresas. Por ejemplo, para Luis De la Fuente. El director técnico de España suele citarlo en sus charlas y entre todas las reflexiones del emperador tiene una predilecta: “Lo que no es bueno para la colmena no es bueno para la abeja”, y aunque alude a privilegiar al grupo por encima del individuo, quizás sin querer refleja las características del plantel que dirige.
La España que este domingo intentará quitarle a Argentina el título mundial tiene una organización que se asemeja a una colmena. Cuenta con un rey y, a su alrededor, con un nutrido enjambre de obreros altamente cualificados. También, y esa es la diferencia, con alguien que reúne condiciones suficientes, y distintas a las del monarca, como para aspirar a compartir el trono.
Balón de Oro 2024, Rodri es el crack, el dueño de la pelota; el cerebro que ordena la distribución; el que marca los tiempos; el que indica cómo deben ser los retrocesos. Lesionado de gravedad en septiembre de 2024 -rotura de ligamentos cruzados en la rodilla derecha-, su rehabilitación se convirtió en problema de Estado para De la Fuente, y en obsesión para el propio jugador. Volvió a las canchas luego de siete meses, pero su recuperación absoluta demoró mucho más. Llegó con lo justo al debut contra Cabo Verde, y su muy discreta actuación recibió muchas críticas. Seis partidos después, un Rodri imperial fue el jefe de la lección de fútbol que recibió Francia en la semifinal. Fue quien más distancia recorrió en el partido: 12,62 kilómetros para un total de 83,8 en el torneo, líder del torneo en ese rubro. Aunque el dato que mejor explica su relevancia es el de los pases realizados. Suma 655 con un 93% de eficacia, la cifra más alta desde que en 1966 comenzó a llevarse este registro.
Por ahora, al aspirante a acompañarlo en el trono de la colmena le falta dar el salto definitivo. Lamine Yamal aterrizó en Estados Unidos envuelto por el aura de ser una de las máximas estrellas del certamen. Pero también lo hizo convaleciente de una lesión y fuera de ritmo. Ya sea por esto, por su juventud -cumplió 19 años el pasado lunes- o por el peso de la presión, mostró un porcentaje mínimo de lo que es capaz de dar. Lleva un único gol marcado (a Arabia Saudita), ninguna asistencia, solo ha dejado apenas ráfagas de su habilidad y demasiadas jugadas mal finalizadas. “No me frustra. Gané la Eurocopa metiendo un gol. Si gano el Mundial y no marco más goles, nadie me dirá nada”, asegura el pibe que Messi ayudó a bañar cuando era un bebé.

Por debajo de Rodri y Lamine, los obreros de la colmena española demuestran partido a partido un conocimiento absoluto de sus tareas y un elevadísimo nivel de acierto en la ejecución. Como señala el francés Thierry Henry: “Es una idea trabajada, generosa y perfecta. Da igual que jueguen Baena, Williams o cualquier otro porque todos saben lo que deben hacer desde que tienen 9 años”.
Nico Williams, por ejemplo, es la posibilidad de darle vértigo al ataque por la izquierda. Fue otro de los que arrancó el torneo recuperándose de una lesión, perdió el puesto y apenas ha podido mostrar sus virtudes. Su reemplazante es Álex Baena, un jugador de características distintas, más volante ofensivo que puntero con desborde. De la Fuente lo ubica para que se mueva de la izquierda hacia el centro, que era donde jugaba en el Villarreal, su anterior club. “Él conoce mejor que nadie lo que podemos dar porque nos ha tenido a todos desde pequeños”, dice de quien fue durante 11 años entrenador de los equipos juveniles de La Roja.

Algo parecido pueden opinar Mikel Oyarzábal, Dani Olmo, Fabián Ortiz, Mikel Merino y Unai Simón, todos ellos integrantes de la selección que ganó el Europeo Sub19 hace siete años bajo la batuta de De la Fuente.
De los cinco, Olmo es quien despierta más recelo entre los hinchas. Su aspecto frágil, su escasa predisposición al choque y su poca amistad con el gol siempre lo han tenido bajo sospecha. En el Mundial, sin embargo, se ganó el puesto. Jugador elegante, fino e inteligente para moverse entre líneas, es una de esas piezas complementarias que suelen brillar más para los entrenadores que para el público. Su habitual reemplazante y complemento es Mikel Merino, el hombre de los goles agónicos. Su carrera contrarreloj para recuperarse de una fractura en el pie sufrida en febrero se vio compensada por partida doble, al marcar sobre la hora los tantos que valieron para superar a Portugal y Bélgica. Oportuno y excelente cabeceador, es un suplente de lujo.

Fabián fue titular en el fallido estreno ante Cabo Verde y recién recuperó el lugar ante Bélgica. Volante mixto, el jugador del PSG se anota en todas las materias: despliegue, quite, lucha, toque, llegada y remate desde media distancia, una polifuncionalidad que le permitió desbancar a Pedri. El conductor del Barça es dueño de un talento gigantesco y una calidad técnica superior, pero Joao Neves le ganó la partida en el encuentro de octavos, y ahora es suplente.
Simón y Oyarzábal ocupan a su vez las dos puntas de la cancha. El delantero de la Real Sociedad es un enganche oculto y un goleador silencioso. No se distingue por la altura, ni por la potencia, ni por la velocidad, ni por la habilidad, pero cuando se tira atrás no se equivoca al elegir el pase correcto, y dentro del área no para de festejar. En este 2026 lleva 14 goles en 15 partidos con la selección (5 en la Copa). Al arquero, discutido por la prensa y mirado de reojo por la gente, solo le hicieron un gol en el Mundial, y aunque casi en cada partido deja algún detalle imperfecto, velocidad y valentía para salir lejos de su área resultan claves para un equipo que adelanta la defensa hasta el círculo central.

Claro que sus estadísticas no serían las mismas si no lo protegieran cuatro zagueros de garantías. Por dentro, Aymeric Laporte aporta la experiencia, la contundencia, la altura y la voz de mando. A su lado, Pau Cubarsí, 19 años, la rapidez en el anticipo y la claridad para salir jugando. Y en las alas se mueven dos tractores de última generación. Pedro Porro en la derecha ya marcó dos goles, el segundo a Francia y otro de cabeza a Austria, asistido por Marc Cucurella, su compañero por la izquierda. Intensos, astutos para cerrar por detrás de los centrales, duros en la marca y profundos en la proyección, ambos son vitales para ensanchar el campo, sumar pases en la transición y duplicar el peligro arriba.
Un rey, un aspirante y una troupe de obreros cualificados. Luis De la Fuente siguió la senda que le indicó el emperador Marco Aurelio y construyó la colmena perfecta para que España se ilusione con su segunda estrella en un Mundial. Le falta rendir solo la materia de la convicción para sostener la estructura ante un rival que buscará incomodarlo de todas las formas posibles. El domingo por la noche sabrá si aprobó el último y más difícil de los exámenes.



