

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


Vuelan, de aquí para allá. Todos apurados, todos concentrados: el vértigo de correr hacia cualquier lado. Adentro, en el lobby del céntrico hotel. Afuera, en la acera de una tradicional peatonal. Hay tiempo, sin embargo, para la charla distendida y apasionada con Ricardo Zielinski, el conductor de Belgrano, de 56 años, en un oasis escondido. Es un caso extraordinario: el 14 de diciembre próximo cumplirá cinco años como entrenador del popular elenco celeste, con la certeza de una última temporada más. El largo plazo, el sello del Ruso, es la excepción a la regla de las urgencias. "Era impensado, sí, haber llegado hasta acá, porque los entrenadores vamos a los clubes por tres partidos siempre. Tuve la suerte de encontrar una dirigencia seria, buena gente. Y de desarrollar un proyecto a largo plazo. Se nos dieron los resultados, porque si no…", se acomoda en el sillón, descontracturado. Dispuesto a contar una historia ejemplar.
–Si no hubieran conseguido buenos resultados…
–…no estaríamos hablando ahora. Armando Pérez [el presidente] tiene una idea empresarial, es diferente de todos los demás equipos, pero es imposible que el proyecto se prolongue en el tiempo, por más buena voluntad que haya de ambas partes, si no hay buenos resultados. Por eso, en la Argentina el proyecto es el partido que viene y nada más.
–El largo plazo de tu trabajo desmiente esa teoría.
–Se puede lograr en la Argentina, lo difícil es trabajar en equipo. El último entrenador que hizo un trabajo muy bueno, al estilo nuestro, fue Timoteo Griguol. Hay que tener autocrítica: los entrenadores, cuando les va bien, quieren cambiar enseguida de equipo, y los dirigentes, cuando les va mal en un par de partidos, quieren cambiar también. Se puede desarrollar otra idea. Con Armando creamos un buen equipo porque tiene una mirada de empresario, no tiene necesidad económica, como les pasa a otros… Y yo no tengo el sí fácil. A pesar de que me vinieron a buscar, me gustan los proyectos, por encima del dinero o de algunos buenos nombres. Mi idea es terminar con él: empezar juntos y terminar juntos, seguramente, en diciembre del año próximo.
–¿Cómo hacés para motivarte, para reinventarte?
–Tuve suerte, no tuve muchas crisis. Cuando llegué, Belgrano estaba casi último en el Nacional B, nos clasificamos a la Promoción y jugamos la final con River, ni más ni menos. No es necesario hablar de la importancia de ese partido para Belgrano y para el fútbol argentino. Después, salimos dos veces segundos, en los torneos cortos, en la misma línea de equipos dirigidos por Simeone y Tata Martino. Nos clasificamos dos veces a la Copa Sudamericana y ahora pensamos lograr lo mismo, algo que Belgrano nunca había conseguido [anteayer le ganó a Colón, en Santa Fe, 1-0]. Siempre estuvimos entre los seis primeros en todos los campeonatos. Este año, también. En líneas generales, con Armando coincidimos en el proyecto. Es tan simple como eso.
En venta de jugadores, potenciados por Zielinski, Belgrano recaudó 7,5 millones de dólares: en los últimos años, entre otros, se fueron el Mudo Vázquez, Lollo y Melano.
–Algunos entrenadores creen que un buen ciclo son dos años, como mucho.
–Es una elección personal. Racing y San Lorenzo querían que siguieran Cocca y Bauza, por ejemplo. No es que no se puede hacer un proyecto a largo plazo. Hay que tratar de no enamorarse de otra propuesta y que los dirigentes hablen el mismo lenguaje. Compré una idea: si sos feliz, ¿por qué te vas a ir?. Tuve ofertas importantes y lo pensé, no salí corriendo. El proyecto a largo plazo se puede conseguir si se trabaja en equipo. Hay que tener ganas.
–Cuando te vayas de Belgrano, vas a ser un DT más. Cuando pierdas tres partidos, las reglas serán iguales para vos también.
–Entiendo el juego. Encontré a Armando Pérez un tipo inteligente, tuve suerte. El fútbol son resultados y, en ese caso, seré el fusible, como todos. El entrenador de fútbol es como el gerente de una empresa. En algún momento, mucha gente depende de que las cosas funcionen bien, para que el trabajo de todos siga su curso. Yo viví siempre por dos o tres partidos. Los argentinos debemos de dejar de creerla. Somos agrandados, las sabemos todas. Yo sigo en el mismo club, pero cada año debo conformar un equipo 60 por ciento nuevo.
–Tuviste ofertas importantes, de Racing, de Independiente. ¿Por qué no te fuiste o, mejor dicho, por qué te quedaste?
–Primero, estoy en un equipo grande. No todos los equipos en la Argentina pueden actuar con 45.000 o 50.000 personas cuando jugamos de local. Es un club ordenado, es muy difícil conseguir algo igual. Y después, porque uno cree que cuando se compromete con un proyecto, hay que continuarlo y no por querer ganar un par de mangos más o por ir a lugares que seducen, se puede arruinar todo. Siempre quise continuar. Hay un montón de factores, como la proyección de los juveniles, que es lo que más me interesa. No se trata solo de ganar un partido o clasificar para algo. Se trata de dejar algo. Belgrano, a la larga, será un club capitalizado. Admiré mucho a Griguol. El concepto de largo plazo de Griguol es una de las cosas más valiosas que quedó en el fútbol argentino.
–Griguol obligaba a los chicos a ir a la escuela. ¿Tenés ideas parecidas a su método?
–Sí, sí. Les pido que estudien. Para la vida, lo más importante es estudiar. En Belgrano es una obligación estudiar. Deben terminar la secundaria. Si no anda bien en la escuela, no es considerado. Si es un crack, debe estudiar y comprender mejor el escenario. El día de mañana, si no juega por un par de meses, no pasa nada. Porque si después no entiende qué va a firmar, de qué trata la vida… Además, no todos los cracks terminan jugando al fútbol. Hay muchos genios en el barrio que no pudieron ser profesionales porque no tuvieron una buena conducta o porque no tuvieron buenos consejos. Hay que estar al tanto de la vida personal, que se compren un departamento con el primer contrato, inculcarles que el fútbol no es para toda la vida. Olave, Farré, Turus, pueden ser sus referentes y aconsejar a los más jóvenes. Son chicos. Algunos vienen con muchas necesidades, tienen que saber que el fútbol no lo es todo.
No miro para atrás. Fue lindo, porque Belgrano estaba mal, y con nosotros quedó entre los cuatro primeros y jugamos con River con la convicción de ganar. Cumplimos el objetivo y siempre fui respetuoso. No provocamos un terremoto, fue importante. Nada más
Zielinski exhibe su libreta. En Belgrano fue creada una interrelación entre las divisiones menores y la primera. Un grupo de profesionales respalda el aprendizaje: psicólogos, asistentes sociales. Cuando una promesa llega a primera, el entrenador tiene un completo informe de todo lo que hizo, lo que tiene, lo que le falta, de cómo se comporta, cuáles son las virtudes, las falencias, desde el punto de vista global. Del ser humano. "Lo deportivo es fácil de detectar. Se trata solo de la problemática familiar. Cuando llega, sabemos cómo encaminarlo. Lo que importa es que sean buenos tipos", aconseja.
–Antes mencionabas a Tata o a Simeone, cuando Belgrano estuvo a la altura de equipos que ellos dirigieron tiempo atrás. ¿Te sentís reconocido?
–Yo tengo un defecto: no me gusta hablar. Tengo un perfil bajo, no me interesan cosas que a otros tal vez sí. Belgrano es reconocido, creo que me gané un respeto en el fútbol argentino. Yo empecé en la C, tuve que remarla mucho para tener una posibilidad en primera división. Ascendí dos veces para tener la posibilidad de que no te apuren si perdés tres o cuatro partidos… Ahora es más fácil. El fútbol argentino me respeta. Sabe que soy serio, que trabajo, que no soy un chanta.
–¿Te miraron con otros ojos años atrás, porque venías de un largo recorrido en el ascenso?
–El 50 por ciento de los entrenadores que surgieron en los últimos años proviene del ascenso. Ahí te haces. Hacés trabajos con un solo cono, no tenés materiales, entrenas en canchas sin césped, ese aprendizaje sirve para toda la vida. Ninguna cosa que encontrás por delante va a sorprender, porque ya las viviste todas. La adaptación es más fácil. Para otros entrenadores, que vienen de la abundancia, el fútbol argentino puede fastidiarlos. Los que venimos de abajo, nos acomodamos rápido, porque venimos de la carencia.
–¿Extrañás algo de esa etapa, de esos años?
–El orgullo. Yo sigo siendo un entrenador del ascenso. Una vez, tuve que agarrar mi auto y meter una rueda con un alambre arriba para inventar una rastra, para que una cancha de fútbol esté en buenas condiciones y después obligar a los jugadores que la rieguen… Fui canchero, dirigente, entrenador, padre, vendí rifas para comprar pelotas. No había camisetas ni pecheras. Sigo teniendo la misma esencia. Yo le pido eso al jugador, la esencia amateur. No hay que olvidarse de donde venís, para no equivocar el camino. Los chicos de hoy se creen que son un fenómeno con tres partidos en primera. El jugador debe recuperar el espíritu amateur, por encima del dinero. Los grandes jugadores lo tienen: Messi, Cristiano. Si Messi no conservara el espíritu amateur, en algún momento verdaderamente se habría cansando de las críticas.
–El espíritu amateur, el de seguir demostrando siempre…
–Claro: las ganas de venir y jugar en la selección. Sentirse parte de la Argentina, el orgullo de ser parte del país. Porque no pasa por lo económico, exclusivamente. El secreto de los grandes campeones es mantener vivo el espíritu amateur.
–¿Qué planificás, cuáles son tus ambiciones?
–Me gustaría ir afuera. Belgrano ya lo sabe. Es la convicción de progresar, me siento preparado. Yo estuve en Vietnam 100.000 veces, por lo tanto, lo que venga, siempre será mejor. Si sos buen entrenador, sos para cualquier equipo.
–¿Te referís a las etiquetas, a los estilos? ¿El encasillamiento en el sector de los entrenadores defensivos?
–Hay una hipocresía en el fútbol argentino. A partir de la abundancia, de los millones de dólares, se habla de una manera y a partir de la escasez, hay que hablar del mismo modo. Yo no soy un tipo que inventa un relato. Me gusta el fútbol bien jugado, no reniego de haber aprendido de Bilardo y de Menotti, porque se complementan, se necesitan. No soy un hipócrita. No ando en el verso… Yo dispongo de una formación en base a cómo son mis jugadores. Si hay que atacar, ataco; si tengo que defender, defiendo. No soy como algunos que hablan de una manera y después se defienden con diez jugadores. Yo si tengo que defender, lo hago, sin problemas. Me gusta el orden, el equilibrio y parecería que si respaldo esos conceptos, sos defensivo…
–…como si fuera una mala palabra.
–Claro. Después, cuando las papas queman… Días atrás, la Argentina ganó en Barranquilla con otro método. Y felicito a Martino. Si no tenés a Messi, no tenés a Agüero, hay que adaptarse. Hizo un planteo maravilloso, lo ganó de contraataque. Fue inteligente. Y todos contentos, porque se ganó. Después, escucho a algunos líricos, que hablan de cada cosa… Perder, no me gusta perder ni a la bolita. Si hay que modificar cosas para estar más cerca de ganar, lo modifico. No pasa por ser ofensivo o defensivo. El sistema lo definen los jugadores: cualquiera que vaya a Barcelona jugaría igual, si no, sería un necio.
Para salir adelante, los argentinos debemos manejarnos con la verdad en todos los ámbitos. Seriedad, trabajo. Perdimos los valores. Quiero un país tranquilo, serio, que no se mienta. Hay que tirar todos para el mismo lado; si seguimos fraccionados, nos irá como nos está yendo
–¿Te cansan las polémicas por los estilos, los métodos, el dedo acusador?
–Te da bronca. A mí no me gusta vender humo, por lo tanto no me gusta el relato. Podría aprender de algunos…, si tomé un café con Guardiola o si estuve tres días charlando con Bielsa y ya pensamos que podemos jugar de la misma forma que ellos… Esas cosas me dan por las bolas. Yo leí libros de Guardiola, pero eso no me va a dar las herramientas para jugar como Barcelona. Porque no se puede. Hay un relato que enamora a todo el mundo, pero a mí no me gusta mentir. A otros, sí. Son vivos. Dicen lo mismo que ellos y después, defienden de la misma forma que defendemos todos. Admiro a Bilardo. Aprendí mucho de él. Tengo muchas cosas de Bilardo, fue uno de los mejores entrenadores de la Argentina. Menotti también. Fue una pelea estúpida, hay que valorar a los dos. No puedo ser Guardiola, solo copiar algunas cosas de él.
–Es que Barcelona es un espejo internacional.
–Perfecto. Pero miremos acá: Bilardo fue campeón y subcampeón del mundo. El mejor equipo argentino, a nivel selección, fue el del 86. Después jugó mal en Italia y le pusieron un cartelito. Griguol no era defensivo: sus equipos se paraban en la mitad de la cancha, defendía con tres… Yo no sigo al rebaño. Yo digo lo que pienso: si jugué mal, jugué mal. No me caso con ningún sistema, dependo de los jugadores.
–¿Te gustaría ser reconocido como el Ferguson del fútbol argentino?
–No es algo que a mí me interese. Me gustaría ser reconocido como un tipo que hizo un trabajo serio. El éxito es de los jugadores, el mérito es de ellos. Y si la cosa viene mal, la responsabilidad es de los entrenadores.
El tiempo pasa volando: una hora de palabras profundas rodeadas de pelotas. Y algo más. Jair Ricardo, de 27 años, es médico (y rockero de ley) y Lucas Ricardo, de 24, será médico. Se entretuvieron como volantes en Lanús, pero duró un suspiro. "Salieron a la madre", se ríe el Ruso, un reconocimiento para Ingrid, una docente prestigiosa. "Y lo bien que hicieron. Quería que sean profesionales, que estudien. El fútbol es hermoso, pero también…, ¡es tan ingrato!", suscribe, pala en mano. El pincel es para otros…


