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Ni el escribano José Roque Vilas ni Maruxa imaginaban aquel 17 de agosto de 1952 lo que tenía reservado el destino para su hijo varón: Guillermo. Nació en el Instituto de Diagnóstico y Tratamiento de la Ciudad de Buenos Aires, pero a los dos días ya estaba en el que sería su lugar en el mundo: Mar del Plata. Los estudios en el Instituto Peralta Ramos junto con su hermana Marcela, el frontón, la primera raqueta a los 5 años, la decisiva tarea del profesor Felipe González Loccícero...y la enorme capacidad de un gran campeón para marcar la historia del tenis argentino y mundial.
Guillermo Vilas, el mejor tenista argentino de la historia, cumple hoy 67 años. Rodeado del afecto familiar y lejos de casa: en Mónaco. Allí decidió instalarse hace ya un tiempo para estar más tranquilo con su esposa, la tailandesa Phiangphathu Khumueang, y ver crecer a sus cuatro hijos: Andanin, Intila, Lalindao y Guillermito.
Hace poco más de dos años, en Roland Garros, donde se cumplían 40 años de su conquista del tradicional Grand Slam parisino, Vilas presentaba en sociedad a su hijo, de apenas un mes. Era el heredero tan buscado. Y recientemente, Phiangphathu posteó en su cuenta de Instagram una imagen del pequeño Guilllermito, ya con dos años y cuatro meses, empuñando una raqueta. No sólo Andanin, la mayor, anda tras los pasos del padre en cuanto al deporte que marcó su vida, sino que ahora aparece el varón: Guillermo Vilas junior. Dando los primeros pasos. Como en aquellos tiempos del frontón en Mar del Plata. El tiempo dirá si un nombre legendario volverá a los courts del mundo. Aunque ya no sea pelilargo con vincha y, sobre todo, zurdo a la hora de empuñar: los inicios del heredero lo muestran como diestro.
Feliz cumpleaños @GuilleVilasOK!!! Te quiero mucho [R][R] pic.twitter.com/amKObhzm6d&— Gabriela Sabatini (@sabatinigabyok) August 17, 2019
Ganador de cuatro Grand Slams (Roland Garros 77, US Open 77, Australia 78 y 79) y de 62 títulos del ATP Tour, Vilas sigue esperando (y luchando) por ser reconocido como N° 1 del mundo de 1975. Como en la cancha, peleando hasta la última pelota. Seguramente como querrá que también lo sea Guillermito si decidiera transitar por la misma profesión.



