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RÍO DE JANEIRO.- La celebración se dimensiona por el rival. El golpe de Dinamarca tiene mucho de mérito propio. Mikkel Hansen y compañía sacudieron al mundo del handball: en la final olímpica, vencieron a Francia 28-26 y pusieron de rodillas al bicampeón olímpico y campeón mundial. Un éxito de oro. Significa la primera medalla para Dinamarca en la historia del deporte.
Era "la guerra de los mundos". De un lado, Nikola Karabati, el central barbudo de origen serbio. Del otro, el lateral danés Hansen. Compañeros en PSG, se reparten elogios y gestos de reconocimiento. Cada uno dice que el otro es el mejor jugador de handball del mundo. En el medio, todo depende de lo que considere la federación internacional en el cierre de cada año. Y en Río, Hansen fue el que no defraudó ante tamaño lugar en la marquesina: fue el abanderado del triunfo y el máximo goleador danés (ocho tantos).
Séptimos en Pekín y con cuartos de final en Londres, Río significó la definitiva consagración de Dinamarca y la confirmación de Hansen, el campeón que creció deportivamente en París, el enemigo íntimo. Siempre protagonistas de las grandes conversaciones, cortaron la mala racha ante los galos, que los habían derrotado en ocho de las últimas nueve veces que se habían enfrentado. Enfrente, Francia dejó escapar la gran chance de llegar al próximo mundial, que organiza el próximo año, como el rey del handball.
