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PALMA DE MALLORCA.- Sus sueños se debaten entre homéricas torres e inexorables enroques; su andar, perplejo, denota fobia cuando se le intentan descubrir nuevos matices fuera del tablero. El gran maestro Vassily Ivanchuk, de 35 años, uno de los más introvertidos personajes del planeta ajedrez llegó aquí para representar al primer tablero del equipo ucranio.
Lejos de conceder entrevistas y de los diálogos extensos, incluso con sus pares, Chuky, como lo llaman los colegas, parece envolverse en una coraza que lo hace inescrutable hasta la libido. Camisa blanca, bermudas claras, medias de vestir y ojotas componen el tradicional atuendo con el que recorre los pasillos del hotel Sol Trinidad; sus manos entrecruzadas por detrás, completan la escena de su paso; gesticula, regala una sonrisa o a lo sumo posa para una foto, pero no suelta opinión, y se molesta ante la insistencia de una nueva pregunta.
Tanto en el desayuno como en la cena, suele confundirse al regreso a su asiento y sin ademanes soslaya el error de la elección de una mesa equivocada con una media sonrisa; pocos pueden creer que semejante genio en resolver ecuaciones pueda vivir tan ajeno a su entorno; es que, seguramente, su mente estará detenida en descifrar alguna nueva variante de una partida y nada conseguirá persuadirlo. Es autor de varios sainetes, se lo vio llegar a sesiones de juego con zapatos de distintos pares, con sólo una media o salir disparado en plena partida para buscar una fruta, con la que regresará al salón degustándola frente a la patética mirada de su rival.
En 2002 consiguió el subcampeonato mundial tras caer en la final frente a Ruslan Ponomariov; conquistó tres veces el Magistral de Linares, y suma varias victorias ante Kasparov, Kramnik, Anand y Karpov. Es uno de los mayores talentos frente a un tablero y de alocadas acciones lejos de él. Un Ivanchuk auténtico.

