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Por una vez en su vida cambió las luces del ring por las candilejas del tablado de La Trastienda, una confitería enclavada en el barrio de San Telmo. El morocho de Parque de los Patricios por un momento había dejado de ser el boxeador, para convertirse en el actor del video musical de Los Pericos: Sin cadenas. El tema de difusión de su último disco Mystic Love, recientemente presentado.
Con sus 39 años, Jorge Osvaldo Karateca Medina no salía de su asombro. Sus ojos no se despegan de la pantalla de video. Por primera vez el Karateka veía su vida como en una película, y el protagonista era nada menos que él mismo. "Mirá hija. Mirá... Fue así", comentaba en medio de su estupor, mientras se aferraba a la mano de su hija (Maira, de 10 años). Era la primera vez que veía el material procesado.
Poco a poco en su cara se dibujaba una sonrisa. Atrás habían quedado los cuatro duros años de encierro en el penal de Ezeiza, acusado de robo con uso de arma y posesión de drogas.
"¿Y, Papi, te gusta el video? ¿Está bien, no?" No podía evitar preguntarle a cada uno de los que pasaban a su lado y lo saludaban. De alguna manera para él era como volver a los ´80, cuando su nombre fue una de las promesas del boxeo argentino.
Ahora, con casi cuatro décadas sobre sus espaldas y con todo el dolor y crecimiento de aquel que estuvo privado de su libertad por poco más de cuatro años sabe que el tiempo que perdió jamás volverá a recuperarlo y que todo aquello que resignó, de ahora en más, sólo será un recuerdo. "Tengo mucho hambre, tengo mucha necesidad de reivindicarme con mi hija. No puedo darme el lujo de perder lo único que me queda. A mí la droga y los malos pasos me dejaron sin mi familia y sin el boxeo, las dos cosas que yo más quería", comentó.
Para Medina el boxeo no sólo fue una forma de vida sino que también fue la única posibilidad que tuvo de escaparse de la calle, del frío y del hambre. "Nosotros éramos una familia muy humilde. En la casa de Parque de los Patricios vivíamos con mis viejos y mis dos hermanas. Cuando era chico más de una vez tuve que dormir sólo en los colectivos para no morirme de frío. Vivía rodeado de carencias en un ambiente que parecía no tener familia. Con el tiempo me di cuenta de que el boxeo era mi única salida."
Su comienzo en los rings fue casi un capricho del destino. "La primera vez que me acerqué a un gimnasio no fue para practicar boxeo, sino para hacer karate, de ahí mi sobrenombre. Estaba cansado de que me fajasen todos los días en la calle. Un buen día en el gimnasio uno de los chicos que hacía boxeo me desafió a pelear y como estaba toda mi barra detrás de mí no pude decir que no. Lo cierto es que después de ganar esa pelea le tomé el gusto."
El hambre fue el motor de Karateca en sus comienzos. "Recuerdo que la primera pelea la hice por un sandwich y una gaseosa que ni siquiera pude disfrutar ya que me habían partido un diente y el dolor era inaguantable."
A los 21 años y luego de 60 peleas como amateur llegó el momento del profesionalismo y con él comenzó a conocer todo lo que la vida le había retaceado. "Aunque parezca mentira yo conocí el Obelisco a los 20 años. A esa edad dejé de hablar con los pibes de la esquina para codearme con los ricos y famosos. Lo malo era que no sabía cómo manejar eso. Yo era un sapo de otro pozo. Hasta los 17 años me bañaba con Gran Jabón Federal, el de lavar la ropa, y me perfumaba con Lavanda de Polyana, la loción más barata de todas." Luego de ganarle, en 1982, en la final del torneo Félix Daniel Frascara, a Ricardo Carvallo, Medina parecía tener todo el camino libre para llegar a la fama. "Esa noche llegaron a corear mi nombre en el Luna Park. Ese era un torneo importante. Participaban todos los rankeados de cada categoría, menos el campeón."
Con el tiempo llegaron las salidas nocturnas y los viajes a los Estados Unidos y a Italia. Pero al poco tiempo la nostalgia y el hambre de éxitos lo trajeron de regreso a la Argentina. Todo había pasado y el Karateka debía empezar de cero. Después de mucho esfuerzo, tuvo una posibilidad de hacer una pelea eliminatoria por el título mundial, pero un accidente en su motocicleta le frustró sus expectativas y su carrera.
"El mundo se me derrumbó. Nada parecía tener solución. Ahí vinieron mis malos pasos: la droga, el alcohol, los robos y la desesperación. Y al poco tiempo mi encarcelamiento."
Medina, por buena conducta logró recuperar la libertad por anticipado y completar uno de sus sueños: el 2 de agosto último reapareció con una victoria ante José Luis Saldivia, en el estadio de la Federación Argentina de Box.
Poco después de su regreso a los cuadriláteros y de haber grabado el video con Los Pericos, el Karateca tiene otros proyectos; uno, concretado: su participación en la nueva tira televisiva Campeones, que se emitirá durante el verano por Canal 13. "Me alegra poder demostrarle a la sociedad que los boxeadores servimos para algo más que para trabajar en la seguridad de algún boliche y que no tenemos que pegarle a nadie para ganarnos la plata para comer", confesó.
Jorge Osvaldo Medina ya le ganó el primer round a su pasado. Pero la historia acaba de empezar y, como en toda pelea por un título, doce son los rounds que se tienen que ganar para quedarse con los honores.
Jorge Karateca Medina sabe que no le será fácil conseguir peleas, pero también es consciente de que su sed de reivindicación es mayor y eso es más fuerte que todo. De la mano de su entrenador, Pablo Ferreira, regresó a los rings. "Tengo ganas de volver a escribir mi nombre en las páginas del boxeo y de taparle la boca a todos los que hoy quisieran tenerme picando piedra en el fondo de sus casas. Sé que muchos quieren verme tirado en la calle pidiendo monedas, pero no pienso darles el gusto."


