La Bundesliga es casi casi perfecta

Claudio Mauri
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24 de febrero de 2015  

La Bundesliga es un modelo de torneo digno de admiración: estadios confortables y siempre llenos, una distribución de los derechos televisivos entre los clubes mucho más equitativa que en otros países, donde la desigualdad impone el determinismo de ricos y pobres. Es cierto que la abrumadora superioridad de Bayern Munich en las últimas tres temporadas la hace un tanto previsible y monótona.

Puede que no haya novedades sobre quién será el campeón, pero la Bundesliga nos sigue sorprendiendo con ejemplos de convivencia que contrastan con el salvajismo en nuestras canchas.

Es poco menos que conmovedor el video (http://bit.ly/1A1Lbvc) que muestra cómo los hinchas de Stuttgart, en contacto directo, consuelan al juvenil defensor Timo Baumgartl, que el viernes cometió un error que derivó en un gol de Borussia Dortmund en la derrota por 3-2. No era un resultado más. Sttutgart se hunde en el fondo de las posiciones y está amenazado por el descenso. El zaguero de 19 años no cabía en su desazón y sentimiento de culpa, pero los simpatizantes lo animaron, siguiendo el precepto muy británico de que a los jugadores propios hay que apoyarlos siempre, a modo de felicitación si se destacan o para insuflarles confianza si se equivocan.

A este retrato de compromiso y sensibilidad habría que agregarle otro ocurrido a principios de este mes. Borussia, dominador de la Bundesliga antes de que Heynckes y Guardiola encumbraran al Bayern, perdió de local ante Augsburgo y quedaba último. El arquero Weindefeller y Hummels, en su condición de referentes del plantel, se acercaron al final del partido a una de las cabeceras a conversar y dar explicaciones a los hinchas. El Signal Iduna Park es una especie de Bombonera, uno de los estadios más calientes y ruidosos de Alemania. Igual, en una situación de crisis deportiva, el encuentro de hinchas y jugadores nunca llegó al desborde. Fue tenso, pero civilizado.

Pero no todas son alabanzas. Algunas cosas se les escapan a los rigurosos y metódicos alemanes. Así como nosotros tenemos el zafarrancho del torneo de 30 equipos, en Alemania hay una norma disciplinaria desconcertante. El jugador que comete un penal como último recurso y es expulsado, recibe una fecha más de suspensión si el equipo beneficiado no lo convierte. El controvertido criterio para sostener esta norma es que el equipo con el penal a favor no terminó de sacar provecho y entonces el castigo debe ser mayor para el infractor. Le pasó hace poco al zaguero Boateng (Bayern). Recibió tres fechas de suspensión: una por la tarjeta roja por el penal, otra por reincidente y una más porque Neuer desvió el remate a Choupo-Moting (Schalke 04). Si un equipo va ganando por amplia diferencia, le conviene que le conviertan el penal para no perjudicar más al compañero expulsado. Son muchas las voces que se hacen oír para que se derogue esta ridícula norma. Mientras esté vigente, la Bundesliga será casi casi perfecta.

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