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Vuelvo al ruedo y recupero mi espacio después de la Copa América, que por otra parte fue muy bien utilizado por nuestros enviados especiales; en realidad, vuelvo al ruedo tras el paso del seleccionado argentino por Paraguay porque el torneo no terminó y mañana tendrá su final entre Brasil y Uruguay; creo, por lo tanto, que ya se dijo todo del equipo de Marcelo Bielsa -ahora se dice así-, aunque me tomaré una licencia y estoy seguro de que nadie me lo reprochará: ¡Qué equipo hibrido pasó por Paraguay! No hablo de los penales errados por Palermo; ni el que falló Ayala ante Brasil en la derrota por 2 a 1, que nos dejó fuera de la competencia; hablo, concretamente, del poco fútbol que irradió el seleccionado argentino que, a través de la TV, me entregó una imagen de resignación; como si los movimientos en la cancha respondiesen a un libreto, rígido por cierto; sin ninguna posibilidad de darle rienda suelta a la imaginación de los jugadores; y creo que no estoy equivocado: el mísmisimo Bielsa dijo de que Ortega -justamente él; pura fantasía, al fín- había cumplido muy bien porque anuló la subida de Roberto Carlos. Ahora sí: la Copa América terminó para mí con la última reflexión futbolera: nunca pensé de que Orteguita volvería al seleccionado y se convertiría en una pieza importante porque anuló la subida de su imaginario marcador, por más crack que sea....
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Dejé atrás a Paraguay; el seleccionado, no puedo; en su fugaz paso por Rio Cuarto, José Pekerman abrió otra fractura en la conducción del equipo nacional, por la cual ya hizo mucho Bielsa, con su desafortunada discusión pública con José Luis Calderón, como todo el mundo sabe. Pekerman, coordinador general de los seleccionados -un escalón más arriba de Bielsa, en la escala jerárquica- lanzó hace unas horas una proclama intranquilizadora. "Estamos a prueba; trabajando profesionalmente y con transparencia, pero a prueba", señaló, en clara referencia a su tarea y la de Bielsa; en realidad, Pekerman no sorprendió a nadie si se tiene en cuenta que todo aquel que cumple una determinada función está bajo fuego constantemente; lo curioso es que no lo dijo antes del prematuro regreso del equipo nacional de Paraguay; en realidad, me hubiese gustado otra actitud, quizá como lo dice él mismo: con transparencia; no sea cosa de que el juego dialectico del que hace gala Bielsa -muy bien, por otra parte- no sólo confunda a los jugadores.
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A hora, decididamente, le pegó de puntín a la pelota como hacía en el barrio; me quedó con otra imagen, la de Angel Cabrera, el muchacho de Villa Allende, que explota de alegría por estas horas en una cancha de Escocia; tiene motivos; diría que le sobran: a los 29 años, con varios dando vuelta por Europa, está segundo en el Open Británico, nada menos; mirando de reojo a Tiger Woods, Greg Norman, Bernard Langer; por citar a algunos de los grandes del golf.
Ayer fue la segunda jornada; hoy arrancará la tercera; y como dicen los expertos del golf, la cancha de Carnoustie no perdona a nadie; les creo; también, que Angel Cabrera no se resignará así onomas y peleará hasta el último hoyo, aunque para mí ya terminó primero.



