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“Soy la alemana con corazón argentino”. Desde España, el país que enfrentará a la Argentina el próximo domingo en la final de la Copa del Mundo, Hendrika Langelüddecke atiende a LA NACION. Su sentir está dividido en dos: por obvias razones, su fanatismo estuvo asociado a la nación teutona, que quedó en el camino tras la derrota -por penales- con Paraguay. Desde ese preciso instante, recordando su travesía por Buenos Aires y Mendoza, la Argentina pasó a ser su gran favorita.
“La primera vez que visité Argentina fue por un intercambio escolar. Viví cinco años en Buenos Aires y Mendoza y ahí nació mi amor por el país. Después de la pandemia volví a Europa y me instalé en España, donde me apodaron ‘la falsa argentina’”, admitió, entre risas, con un lenguaje fluido que estrecha lazos con el país que le abrió las puertas para su crecimiento profesional.

Estudiante de administración de empresas con enfoque en América Latina, Hendrika viajó, primeramente, cuatro meses a la Argentina; al tiempo, retornó otros nueve meses. Luego, vivió un año en la provincia de Mendoza, donde hizo una maestría y siguió su camino hacia España, donde actualmente reside.
“Hay muchísimas cosas que son diferentes entre Alemania y Argentina. Una de las cosas a la que más me costó adaptarme es el hecho de juntarse con amigos. En Alemania ya quedás para un día y una hora y vos sabes que eso se mantiene; en Argentina hay reconfirmar en el mismo día y ver si realmente te vas a juntar”, ejemplificó sobre los diferentes matices para sociabilizar entre las dos naciones.

Y, en la misma línea, siguió: “La vida laboral también es distinta. Siento que en Alemania están todos muy enfocados en su tarea y en la Argentina había tiempo para armar un grupo de trabajo, para charlar, tomar marte y conocer un poco a la otra persona”.
Hendrika vive en Barcelona, la capital de Cataluña, la ciudad autónoma española que vivió grandes conflictos en su historia en búsqueda de su independencia. Con los ánimos divididos por esas latitudes, la camiseta de la selección argentina se observa en cada esquina y calle. “Si te ven con la remera, te hablan y dicen que están a favor del país, sobre todo por Messi”, indicó sobre la presencia del delantero, capitán y referente de la Albiceleste.
A pesar de la cordialidad y el buen trato, la final del Mundial realza el sentimiento nacionalista: “Tienen sus dudas con la Argentina, no saben con qué pueden salir durante el partido. En general, tienen simpatía por los argentinos y no es como en otras partes del mundo que los odian”.

Los caminos de Argentina y España se cruzarán tras quedar trunca la disputa de la Finalissima, un certamen que reúne al campeón de América con el de Europa. Desde el momento en el que se tomó la decisión de suspender el enfrentamiento, ambas selecciones quedaron envueltas en un clima tenso, de acusaciones cruzadas, que este domingo se sumarán a un combo que le da un condimento especial a un partido que define al campeón de una competencia.
En una cuenta regresiva que será lenta, pausada, con las pulsaciones a mil, Hendrika, con mate en mano, aseguró que los festejos por el pase a la final fueron mucho más desmedidos desde el bando argentino, mientras que en España reinó la mesura.

“Ayer (por miércoles) hubo mucho más festejos que el día anterior con los españoles. Ellos festejaron un poquito, pero nada que ver con el lío que hicieron los argentinos”, manifestó Hendrika, nacida en Alemania y con el corazón celeste y blanco.



