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Aquel 27 de octubre de 1928 costaba bastante acercarse a la sede del acontecimiento. Aunque no era época de embotellamientos -el auto no era aún un elemento tan masivo-, la avenida Alvear (actual Libertador) estaba atestada y convenía bajar unas cuadras antes si se quería llegar a tiempo. El Himno Nacional empezó a sonar a las 15.45, monseñor Luis Duprat bendijo las instalaciones y, tras la presentación de los petisos, se largó el juego. Con un Militares v. Civiles, esa tarde, hace hoy tres cuartos de siglo, se inauguraba el Campo Argentino de Polo, comprendido entre Dorrego, Alvear y Avenida Vértiz, donde hasta entonces había funcionado la Sociedad Sportiva Argentina, sede de los primeros balbuceos de la aeronáutica argentina con los aeróstatos tripulados por Jorge Newbery a principios de siglo y de numerosas confrontaciones de otros deportes.
La idea de dar al polo su espacio de excelencia en Buenos Aires había tenido su génesis en 1924 entre un grupo castrense y la Asociación Argentina de Polo (AAP), y dos años después se puso en marcha la obra, para la cual se agregaron 130.000 metros cúbicos de tierra en el predio de 12 hectáreas y dos canchas de la Comisión de Fomento del Caballo de Guerra. Ese nombre llevó la copa puesta en juego en aquel bautismo, recordado más por lo célebre de la ocasión que por su nivel técnico. Dos mil espectadores según algunas crónicas, cinco mil de acuerdo con otras, presenciaron el encuentro que Civiles, vestido de blanco y con 17 goles de handicap, le ganó a Militares, de rojo y con igual valorización, por 8 a 6 tras siete chukkers de ocho minutos. Los ganadores fueron Luis T. Nelson (5; 2 goles), Ramón Videla Dorna (4; 1), Carlos Uranga (4; 4) y José Luis Giribone (4; 1); sus vencidos, el Tte. 1° Manuel G. Molinuevo (4; 2), el Tte. Alberto Paz (3; 2), el Tte. 1° Luis A. Oddone (4) y el My. Enrique E. Padilla (6; 2). Y el referí, el Dr. Lindsay R. S. Hollway, entonces titular de la AAP. Vale aclarar que Padilla -cuyo nombre lleva actualmente la tribuna de la cancha N° 2, denominada Los Héroes- había sido campeón olímpico en París ´24.
El tiempo se encargaría de hacer monumento deportivo, histórico y turístico al icono palermitano. El Campeonato Argentino Abierto -el certamen más importante del mundo-, el Nacional por la Copa República Argentina, la Copa de las Américas, el inolvidable partido de los 80 goles de 1975, el desfile de gloriosos clubes y jugadores, la ampliación de las tribunas de la cancha La Victoria (o N° 1) a casi 17.000 personas y tantos otros hechos convirtieron con el tiempo el Campo Argentino de Polo en lo que para el golf es Saint Andrews, para el tenis Wimbledon, para el automovilismo Indianápolis y para el boxeo el Madison Square Garden.
Salud, entonces, y felices bodas de diamante para La Catedral del Polo, donde la liturgia del deporte de los príncipes alcanza, desde hace 75 años, su mayor nivel de exposición.


