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ROSARIO.- El miércoles último, cuando el equipo se despedía de los Juegos Suramericanos 2026 con una pequeña fiesta de reconocimiento del Comité Olímpico Argentino (COA), Germán Chiaraviglio, miembro de la Comisión de Atletas, invitó a Santi al escenario y cuando lo llamó, dijo: “No lo den afuera a Santi Grassi nunca, porque Santi Grassi siempre vuelve”. Palabras más, palabras menos, se refería a lo que pasó en este tiempo cercano. Santi Grassi, uno de los grandes talentos de la natación aparecidos en la Argentina en los últimos años, se saturó. Tanto, que se alejó por al menos dos años. Después de las dudas volvió. Y en su versión reinventada lo vive de otra manera: “Encontré valor fuera del agua. Soy mucho más que alguien que nada”, dijo.
El medallista de plata de Toronto 2015 con 16 años, que consiguió un tiempo extraordinario en su especialidad, los 50 mariposa (52s34, récord argentino y clasificación a sus primeros Juegos Olímpicos), padeció el peso de sus buenas condiciones. Pero está de vuelta incluso tras no haber podido llegar a París 2024. En los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 volvió a competir delante de su gente y lo disfrutó con familia, amigos y novia. Siendo local, porque nació en esta provincia y se inició en el club Unión. Desde hace 10 años está instalado en Estados Unidos, donde llegó con una beca universitaria para competir en la National Collegiate Athletic Association (NCAA).
“Estoy feliz, emocionado, siento que en cualquier momento me largo a llorar de la felicidad que tengo. No por los resultados, sino porque tengo a mi familia, a mis amigos, a mi novia que es de Luxemburgo y se vino hasta acá. Siempre visualizo mis competencias imaginando a mi familia en la tribuna. En estos Juegos miré y estaban ahí. Es un montón”, contó unos minutos después de su primera clasificación en el Invencible Centro Acuático Provincial, en la zona sur de Rosario. Finalmente se retiró de la competencia con dos medallas de plata (50 mariposa y 4x100 mixto) y tres de bronce (50 libre, 4x100 libre, 4x100 combinado).
-¿Cómo es esa historia?
-Un poco lo hago porque me recuerda que no importa cuán rápido nade, mi familia me quiere de todas formas, mis amigos me quieren de todas formas. Mi perro Kobu me va a seguir esperando en casa y moviendo la cola como el primer día. No importa si lo que nado es récord argentino, sudamericano o si salí último. De grande le pude dar valor a lo que hago, que ahora lo elijo. Hoy disfruto mucho de ir a entrenar, tengo un grupo hermoso de compañeros en Estados Unidos que son mis amigos y la pasamos genial. Pero también nado porque me gusta competir. Para esto entreno, para estar delante de mi gente, para verme delante de un cubo y ver qué tan rápido puedo llegar al otro lado de la pileta.

-¿Cuánto tiempo hacía que tu familia no te veía de cerca?
-Mirá, la última vez que mi familia me vio en un torneo internacional fue en los Juegos Olímpicos de 2016, los de Río de Janeiro. Exactamente diez años. En Argentina nadé hace tres años en Villa Soldati, en el Parque Roca y en un selectivo para los Panamericanos de 2023. Pero acá es diferente, acá tenemos a la Argentina detrás nuestro, el 90% de los estadios es porque acá... Eso es un plus. Me pone contento y ahora más de grande lo puedo experimentar distinto, lo canalizo bien. Fue hermoso lo que viví y que vivimos, por eso creo que salió lo que salió. El día que debuté creo que fui al baño cinco veces. Rompí el hielo y siento que ese día nadé excelente.
-¿Qué cambió de esos tiempos de dudas, lejos de la natación, a hoy?
-Creo que todo empezó después de las pandemia, a cinco años de haberme ido de la Argentina. Terminé la Universidad y estar solo, sin un grupo de contención, sin mi gente, lo hizo más difícil. Ir a entrenar ya no me generaba ningún tipo de motivación y no le encontraba el beneficio. Me acuerdo que fui a un Mundial de pileta corta y en precompetencia, algo en lo que yo siempre estaba en mi salsa, pensaba que prefería estar en mi casa, con mi perro, mirando una película. O sea, no me importaba estar ahí compitiendo y representando a mi país. Dije: “Esto no está bien”. Me di cuenta de que necesitaba descansar, que si seguía así iba a explotar y a tomar alguna decisión drástica. Iba a decir, y disculpame el vocabulario vulgar, ‘a la mierda la natación’. Sabía que yo iba a dejar lo que en verdad no quería, que es lo que hice toda mi vida. Por eso volví.

-¿Qué pasó en el medio?
-Volví porque sabía que tenía más para dar. Pero necesitaba un descanso. Y me tomé dos años. No me volví de Estados Unidos, pero me mudé de Alabama a California, que es otro estilo de vida. Empecé a hacer cosas que me gustaban, cosas nuevas y encontré valor fuera del agua. Soy mucho más que alguien que nada. Y nado porque me gusta, no soy ni mejor ni peor por lo rápido que nade. Descubrir eso me ayudó a volver.
-¿Ese click lo hiciste solo o con terapia? ¿Qué te ayudo para esas búsquedas y conclusiones?
-Fue terapia y fueron muchas personas. Empecé terapia en 2021 cuando se postergaron los Juegos de Tokio 2020 (se hicieron finalmente en el 2021 por la pandemia) y fui cambiando. Mi familia también fue importante en ese sentido, hay una mezcla de todos los que me acompañaron en ese proceso.
-¿Siempre solo en Estados Unidos?
-Siempre solo, desde hace diez años. Por eso en ese momento en el que dejé de nadar lo mejor que me pasó fue adoptar a mi perro, Kobu, que se volvió mi familia allá. Fue el que me dio la compañía, por el que tenía ganas de volver a casa. Hoy me estoy encontrando un poco más, tengo a mi novia que se va a mudar conmigo y estoy preparándome para los Juegos Olímpicos de Los Angeles 2028. Ya no me siento como hace cinco años. Pero tuve que construir.
-Ella es nadadora, ¿no?
-Mi novia, Julie Meynen, fue nadadora nos conocimos en la universidad. Y ella fue a los mismos Juegos Olímpicos que fui yo (Río 2016 y Tokio 2020), pero la historia de amor viene de la universidad. Después de haber estado varios años con una relación a distancia finalmente vamos a vivir juntos. Incluso le está pasando un poco lo que a mí, y yo quiero que vuelva a nadar porque tiene mucho más para dar.

-Cuando surgiste, se habló muchísimo de vos y de tus buenos resultados, ¿sentís que eso te pesó?
Sí, sí, sí. Pesó. Después de los Juegos Panamericanos, en Toronto 2015, no pude bajar ese tiempo por seis años. Para mí los siguientes, Lima 2019, fueron un fracaso, quedé cuarto. Recuerdo estar en la ducha llorando porque no hice podio. Creo que son procesos y hay que vivirlos, ayuda tener un buen círculo de personas para poder pasar ese momento de aprendizaje. Me tenía que ir como me tenía que ir y tenía que estar rodeado de la gente que te apoya, que te dice lo que tenés que escuchar desde un lugar de sabiduría.
-¿Aprendiste de eso?
-Me pasó que hace poco más de un mes yo nadé muy mal en la Pan Pacific, con mala actitud. Y mi entrenador me dijo: ‘Te veo como en espiral hacia abajo, te estás yendo y yo te estoy tratando de dar una mano’. Antes, yo no escuchaba esas cosas, ahora sí. Mi entrenador es una persona que me quiere y tiene razón, todo eso que estoy pensando de cosas feas lo tengo que detener. Entonces, aprendí que nada te limita o te determina. Que hace unas semanas me haya sentido así no impidió nadar como nadé en estos Juegos.
-¿Podemos decir que hoy sí disfrutás de la natación?
-Sí y la estoy pasando muy bien. Vine con objetivos grandes, estoy preparado y lo que no se da no es un fracaso. Eso no significa que no haya expectativas, presiones... Pero estoy disfrutando de la pileta nuevamente.

-¿Qué te da la natación para que la vuelvas a elegir?
-A mí me gusta mucho competir. Me gusta caminar, pasar por el cubo, sentirme que soy el mejor. Y eso me infla. Cuando tengo una carrera me siento el mejor, en el mejor sentido. No me pasa en los entrenamientos, sí en las carreras. Y cuando estoy listo tiene que fluir, este es mi lugar.
-Entonces, ¿el nuevo objetivo son los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028? Serías local de nuevo, pero ahora en California...
Sí, estos Juegos Panamericanos fueron un paso para Los Ángeles. El primer paso. . Vivo a 45 minutos del Sofi Stadium (centro de esos Juegos). Yo voy a ir a Los Ángeles para competir, tratar de meterme en una final y subirme al podio.



