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Racing se desahogó, volvió a ganar después de ocho fechas y salió del último puesto del Clausura: con las conquistas de Gonzalo Escudero, con un bombazo impactante, Adrián Martínez, quien quebró dos meses de sequía, e Ignacio Rodríguez, con un potente remate de media distancia, la Academia venció 3-1 a Sarmiento de Junín, al que privó de trepar a la cima del grupo B. El triunfo también representó un alivio para el técnico albiceleste, Juan Pablo Vojvoda, cuyo ciclo puede estar atado al trascendental clásico con Boca, el domingo 27 de septiembre, por los cuartos de final de la Copa Argentina.
“Sentí un gran respaldo de los jugadores y del equipo. Sentí que me dijeron ‘seguí, que confiamos’. El triunfo es alivio. Fue una semana difícil para todos, pero los futbolistas tuvieron la personalidad para afrontar un partido difícil. Teníamos que jugar con el contexto, Sarmiento iba a buscar cerrarnos los caminos. Y los hinchas también apoyaron a un equipo que lo necesitaba. Necesitamos de la gente, necesitamos de este apoyo. Agradezco ese apoyo”, dijo el entrenador luego del partido.
Ocho fechas sin ganar, seis derrotas en ese lapso, apenas cinco puntos y una sola victoria eran algunas de las cifras que se acumulaban en la espalda que Racing cargaba como una pesada mochila en un semestre traumático. Ganar era el único resultado que le servía a la Academia para transitar con un poco de tranquilidad los días previos al cruce con Boca, en el que estará en juego un pasaje a las semifinales de la Copa Argentina, la vía por la que puede aspirar a jugar la Copa Libertadores 2027.
Pensar en el máximo certamen continental en esta coyuntura, es cierto, parece descabellado y hasta impropio del presente que transita el equipo de Vojvoda, el técnico al que el presidente Diego Milito ratificó en el cargo el último lunes, después de la derrota con Huracán. En aquella caída, el entrenador institucional –tal como lo menciona el mandamás albiceleste- había estado al borde de las lágrimas al expresar sus sensaciones: “Yo no siento que no sirva, lo que pasa es que no gano partidos”.
Su equipo, por fin, ganó. Y la victoria se celebró con la euforia de quien se reencuentra con aquello que había perdido y tanto esperaba reencontrar. Una noche, Racing volvió a sonreír. No hubo esta vez insultos. Al menos por una noche, luego de tantas esquivas durante este año en el que además la Academia se acostumbró a jugar en horarios y días a contramano de la comodidad, sonaron algunos cánticos esperanzados. Pero también en clave de exigencia.
“El domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar”, despidió el público al equipo, en clara referencia a que el desahogo consumado ante Sarmiento se interpreta como el deseo de encontrar un envión justo antes del gran desafío. Racing jugó un buen segundo tiempo, generó muchísimas situaciones y tardó en liquidar el pleito, pero prácticamente no sufrió. No es poco para un conjunto que se había acostumbrado peligrosamente a ser cacheteado y expuesto a riesgos con enorme facilidad.
Sin los laterales derechos (Ezequiel Cannavo y Juan Barinaga), quienes se lesionaron en el partido con Huracán, el entrenador apeló a un cambio de esquema y tuvo que apostar a Matías Zaracho como lateral-mediocampista por esa banda. La nota saliente, sin embargo, estuvo en la facilidad con la que los centrales juveniles Mateo Martínez y Gonzalo Escudero afrontan sus primeros encuentros en la máxima categoría. Los pibes, campeones con la Reserva académica, son rápidos, no temen al avanzar con la pelota y tienen agresividad para cruzar.
Escudero, en particular, tuvo una noche inolvidable. A los 23 minutos del primer tiempo, cuando Racing tenía la pelota pero mostraba –como en tantos otros partidos- la falta de profundidad como un problema de su tenencia, el zaguero izquierdo se internó en terreno rival, avanzó hasta tres cuartos y sacó un zapatazo que hizo viajar la pelota con violencia hasta el ángulo superior izquierdo de Thyago Ayala, quien presenció de cerca la obra maestra del 1-0 local.
Pero también como un recuerdo de que todo le cuesta el doble (o más) en esta época, Racing sufrió tres minutos después un golpe inesperado: Sarmiento, que hasta entonces no había inquietado, llegó al empate en una acción rápida en la que Julián Contrera desbordó por derecha, envió un centro al segundo palo y encontró a Junior Marabel, cuyo estado de gracia se reflejó en el frentazo con el que batió a Facundo Cambeses.
De esos primeros 45 minutos que terminaron empatados, Racing se llevó una advertencia: a veces puede ser muy prolijo, pero le falta profundidad. Insinúa pero no pisa el acelerador. Pese a ese golpe que había significado el empate transitorio de la visita, el equipo de Vojvoda no se desanimó y el público, tampoco: no hubo silbidos en el entretiempo ni antes del encuentro, cuando la voz del estadio anunció la formación inicial y mencionó al cuestionado entrenador.
En el segundo tiempo, la Academia mostró más picante en los últimos metros y golpeó desde el vamos: Maravilla Martínez, después de un centro sin controlar de Ulises Ortegoza, cabeceó a la red y anotó por primera vez en el certamen. Racing generó al menos seis situaciones clarísimas, pero tardó en liquidar la historia por falta de pericia en las definiciones. Lautaro Díaz, que suele ganar en cada desborde, sigue sin certeza al definir y todavía no pude celebrar con los colores de los que es hincha.
Ignacio Rodríguez, para ahuyentar cualquier miedo de un posible empate, con un bombazo desde lejos sentenció la historia y le dio a Racing el aire que tanto necesitaba antes de jugarse el año ante Boca.




