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NUEVA YORK (De un enviado especial).- Otra vez el escándalo; otra vez Damir Dokic. El padre de Jelena, la chica australiana de origen serbio que tiene 17 años, fue el protagonista de otra triste historia, que derivó en su expulsión del complejo y la prohibición de entrada hasta que finalice el US Open.
Todo sucedió poco después del mediodía de ayer. El voluptuoso y desalineado Damir Dokic, con varios escándalos sobre sus espaldas, pidió un trozo de carne en el restaurante de los jugadores. La cajera, muy gentilmente, le dijo que el plato costaba 10 dólares. La voz ronca estalló en el comedor. "Esto es un robo, US Open de m...", vociferó.
Un oficial de seguridad se le acercó y le pidió que no hablara así, pues se trataba de uno de los lugares que los jugadores eligen para concentrarse. No hubo caso; Dokic siguió con sus gritos, los insultos y arrojó su credencial de invitado contra una pared.
Al lado suyo estaba su hija, ya en la segunda rueda de US Open; y bajó la cabeza, avergonzada, sin decir una palabra.
Enseguida sacaron a Damir del comedor. Los organizadores se acercaron a una oficina de la WTA y comentaron lo que había sucedido. Con el total apoyo de la entidad que rige el tenis femenino, el padre de Jelena fue expulsado del torneo por "comportamiento abusivo en la sala de jugadores", según el parte oficial de Jay Snyder, el director del US Open.
El 28 de junio último, en Wimbledon, Damir Dokic generó otro escándalo. Tomó una bandera de San Jorge (la de Inglaterra), la estrujó y la tiró al piso. Luego, le rompió el celular a un fotógrafo y se dirigió a uno de los ventanales de la sala de prensa justo en el sector que ocupaban los cronistas ingleses. Cerró su mano derecha y levantó el dedo mayor. Esa vez, Dokic, que se hizo popular por haber golpeado a su hija y por conducir ebrio en Birmingham, sólo fue invitado a retirarse de Wimbledon por un día. Ah, también provocó disturbios en el último Abierto de Australia.
Ayer Damir Dokic, un patético personaje que vive de lo que produce su hija, escribió otro triste capítulo. Por el bien del tenis, ya es hora de prohibir definitivamente su presencia en el circuito. Algo que años atrás sucedió con el padre de Mary Pierce, Jim, otro integrante de esta escuela, cuya ausencia fue clave para el cambio en la vida de la francesa.


