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Así como el fútbol tuvo "La Máquina" en los años cuarentas, otro deporte contó con la suya en los sesentas y los setentas. Era Coronel Suárez, "La Máquina de Jugar al Polo". Ganó el Argentino Abierto de 1961 a 1970. Así, sin cortes. Monopolizó la década. Los Harriott y los Heguy parecían invencibles. Entre el resto estaban los Dorignac como los principales oponentes, con la camiseta de Santa Ana. Y por una vez, tras tanto tiempo, las cosas variaron en 1971. Organizativa y deportivamente.
Por entonces existían los abiertos de Los Indios, Tortugas, Hurlingham y Palermo. Los dos últimos eran bastante más importantes; a los primeros el clima solía hacerlos pisarse en fechas, quedar inconclusos. Un día, Francisco Dorignac, referente de Tortugas y jugador de Santa Ana, propuso a Horacio Heguy, representante de Los Indios y polista de Coronel Suárez, unificar los dos primeros campeonatos, para formar uno más importante y menos vulnerable al tiempo. Si había rivalidad en la cancha, ninguno de ambos dirigentes la sacó de ahí: Heguy aceptó y se estableció el Abierto de Los Indios y Tortugas. Y así nacía la Triple Corona, completada con Hurlingham y el Argentino Abierto. Ese mismo año, 1971, Santa Ana se consagró por primera vez en Palermo. Tras el cambio organizativo, llegó el cimbronazo deportivo.
En la temporada siguiente, Suárez volvió a la normalidad y hasta se superó: hizo cartón lleno, se triplecoronó. El dominio de los rombos azules y rojos amenazaba con acentuarse...
Pero en 1973, al Santa Ana de Franky y Gastón Dorignac y Daniel González (ganador cuatro veces de Palermo por Suárez) se incorporó un tipo de 28 años que andaba bien en La Alicia: Héctor Merlos, Cacho. Cumplía las condiciones: buena conducta, 8 de handicap, simpatizante del equipo azul de rayas blancas. Todo funcionó bien desde el inicio. "
Los tres jugaban de primera, era cuestión de anticipar y estar en posición. Franky le pegaba bien a la pelota; Daniel era un estratego inteligente y muy capaz para seleccionar caballos, y Gastón era un gran N° 1", describe hoy Merlos, especialista en goles psicológicos.
Santa Ana no brillaba ante los adversarios menores, pero se potenciaba frente al archirrival. Sobre todo ese año. En una semifinal de Hurlingham eliminó a Suárez, antes de vencer a Mar del Plata, el tercero en discordia en la época aunque mucho menos ganador. A los pocos días tuvo lugar el desenlace de Los Indios y Tortugas, diferido por lluvias –¿que habría pasado sin fusión de ambos certámenes?–, y entonces sí el contrincante fue Suárez. No importó: Santa Ana triunfó por dos goles. Y al mes, otra final con el superclásico, la más importante. Palermo no gozó un gran partido (8-6), pero sí el hecho histórico de que se triplecoronara Santa Ana.
Coronel Suárez tendría desquite. Varios, pues se llevaría la tríada en 1974, 1975 y 1977. Pero su eterno adversario ya había accedido al Olimpo, al conquistar en una temporada los tres torneos. El único que lo hizo en el apogeo del conjunto más grande de la historia. El único que, por un año, logró descomponer a La Máquina.



