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El partido no había empezado. Es más: faltaban casi dos horas para que la bocha comenzara a rodar. David Stirling se acerca al palenque de La Dolfina y antes de entrar al lugar donde pasará la tarde más importante de su vida deportiva, mira hacia la tribuna de Dorrego. Ve una, dos, varias banderas uruguayas. Cerca de él pasan varios hinchas enfundados con los colores de su país. "Son más banderas del paisito que de La Dolfina", bromea.
Ahora es el final y Pelón, ya convertido en el primer campeón uruguayo de Palermo, recibe decenas de felicitaciones de compatriotas. Incluso uno con la gorra de Peñarol, justo a él, fervoroso hincha de Nacional. "No importa, todo vale hoy", dice.
Alejo Arocena, uruguayo que vive desde hace años en San Antonio de Areco, mira a Pelón y cuenta: "De Young vinieron cinco micros y de Montevideo, tres". Young (con pronunciación inglesa) o Yun ("se dice de las dos formas, hasta yan", comenta Stirling), es el pequeño pueblo de menos de 16.000 habitantes, del otro lado del río Uruguay, a menos de 350 kilómetros de Buenos Aires, en el que nació este polista que de chico vivió muchas temporadas del polo en Sotogrande, España, y en Inglaterra, para seguir a su padre, también polista.
"No lo puedo creer, es el sueño que uno siempre tiene desde chico", es la primera frase de Pelón en el palenque, al borde de las lágrimas, después de darse un emotivo abrazo con Adolfo Cambiaso. "Es un gran esfuerzo que se hace desde que uno arranca hasta llegar a acá", agrega el uruguayo, y después enumera agradecimientos, siempre haciendo fuerza para que el llanto no le gane: "Muchas gracias a mis tres compañeros, que me dieron la posibilidad de jugar con ellos, gracias a todo La Dolfina por el apoyo y a mi equipo de trabajo de todo año. Y a toda la gente del paisito que vino a verme... ¿Viste lo que es? Se gastaron los pesos que quizá no tenían y se cruzaron el charco. Estoy muy contento de darles esa victoria".
Ya abajo del podio, Pelón parece poseído. Difícilmente recuerde los nombres de todos los que lo saludaron, le pidieron una foto o un autógrafo. Se rió cuando se le dijo que había batido el récord de saludos: "No, no es así. ¡Pero cuánta gente de Uruguay! Es que somos así, cuando hay uno de nosotros que se destaca en cualquier parte del mundo, lo acompañamos con todo". Y agrega, de nuevo emocionado: "Me hacen sentir un momento único".
Al pasar, el número 2 de La Dolfina realiza un análisis del partido que lo coronó en Palermo. "Arrancamos bien, y cuando llegamos al séptimo chukker un poco nos acordamos de las finales anteriores. Estuvimos muy concentrados y ese séptimo chukker lo jugamos muy bien", afirmó. Entre miles de gritos, nace una canción de sus compatriotas: "¡Queremos el 10, queremos el 10!". Pelón, de nuevo, ríe: "Yo ya gané Palermo. Lo que venga es de yapa, yo estoy hecho".
David Stirling, de "el paisito", para todo el mundo.
17
años pasaron para que un polista extranjero se coronara de nuevo en Palermo. El anterior, en 1994, con Ellerstina, había sido el mexicano Carlos Gracida, que también triunfó con La Espadaña entre 1987 y 1990. Antes, en 1982, había ganado su hermano Guillermo, con Santa Ana.

