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Para conseguir los caballos más aptos, los polistas buscan los mejores pedigríes (árboles genealógicos), pues la genética es clave para la calidad. Criar caballos suele ser más costoso que comprarlos, pero puede volverse muy redituable como negocio.
Para reproducirlos existen las siguientes tres técnicas.
–Natural: un padrillo fecunda a una yegua y la preñez, que demanda 11 meses, se desarrolla íntegra en el útero materno.
–Transferencia embrionaria: consiste en quitar de la madre (donante) un embrión de ocho días y depositarlo en el útero de una yegua receptora que está en la misma etapa del ciclo de la donante y afrontará el resto de la preñez. Por ende, la madre puede tener varios hijos (hasta 12) por año en vez de uno y puede seguir jugando, si aún lo hace; además, evita el lapso de recuperación post parto. Esta técnica, que es entre 60 y 70% eficaz (el resto falla: no sobrevive el embrión), llegó en 1989/1990 a la Argentina, hoy su líder en el polo.
–Clonación: se trata de insertar la información genética de un ejemplar en un óvulo, para generar un caballo igual. Lo inyectado es el núcleo de un fibroblasto (célula común); el núcleo es la parte que contiene los cromosomas, o sea, el ácido desoxirribonucleico (ADN). Ese núcleo ocupa el lugar del núcleo del óvulo, quitado antes, y un pulso eléctrico lo fusiona con el citoplasma (resto de la célula) y activa el conjunto, que se convierte en un embrión. Se lo cultiva unos ocho días en una estufa que imita a un útero, y luego se lo coloca en una yegua receptora, que llevará adelante la preñez. En esta técnica el embrión posee los genes de un solo caballo o yegua, no los de un macho y una hembra; por eso será una réplica, más allá de alguna disimilitud física (mancha en el pelaje, por caso). La clonación, que en el polo argentino comenzó hace cuatro o cinco años, es todavía ineficiente (al principio tenía éxito uno de cada 30 o 40 intentos) y muy costosa, pero el avance tecnológico va volviéndola más efectiva y más accesible. Había dudas sobre sus resultados, pero los clones empiezan a mostrarse tan aptos como los originales.
Claro que la genética no es todo en un petiso de polo. Su capacidad depende también de lo posterior al nacimiento: doma, cría, hechura (aprendizaje para este deporte), entrenamiento, alimentación y entorno. Por eso nunca hay dos caballos idénticos en rendimiento.
En los casos del trasplante embrionario y la clonación no se puede especificar costos por ejemplar, pues los laboratorios acuerdan el precio con cada cliente, y suelen negociar canjes (quedarse con un embrión, por ejemplo).



