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En el instante en que en la cancha 2 Marcelo López Vargas arrojó ayer la bocha para el primer throw-in de Palermo 2013, Eduardo y Alberto (h.) Heguy pasaron a compartir un récord: 28 participaciones en el Argentino, esa suerte de mundial anual de clubes de polo. Un torneo que, si se lo toma como prolongación de aquel originario Polo Association of the River Plate Championship, cumple ahora 120 años. Y vaya valor el que cobra una plusmarca en tan larga historia.
Pero algo hace más especial el hecho: el antes único dueño del registro es nada menos que el papá de esos hermanos, Alberto Pedro. Por ende, son padre e hijos quienes comparten el primer puesto en presencias.
No es casual que sean miembros de este clan quienes más veces jugaron Palermo. Si hay fanáticos del polo, ésos son los Heguy, sobre todo los de esta rama familiar. Alberto Pedro, jugador en la época totalmente amateur, es veterinario, criador, creador de una raza (la polo argentino) y, a los 72 años, espectador casi de asistencia perfecta en el alto handicap, actúen o no sus hijos. Eduardo, o Ruso, vive para este deporte: no deja partido sin mirar ni acontecimiento sin presenciar, tiene una memoria prodigiosa para datos y hechos polísticos, conoce a todo el mundo del ambiente. Y, a los 47, es el jugador de mayor edad de la Triple Corona. Y Alberto (h.), o Pepe, de 46, es otro poloteísta, que se desvive por ser protagonista de Palermo y es un enfermo de los caballos; hasta tiene un sitio (pepeheguy.com), que suma 366.000 visitas y en el que diariamente responde decenas de preguntas de aficionados, principalmente sobre montados. Ése es el sentimiento que tienen por el polo, y el que los lleva a esta longevidad deportiva.
Alberto Pedro, que heredó esto de su padre, Antonio Heguy, debutó en el Abierto en 1960 como suplente (por lesión de Juan Carlos Harriott) y como titular en 1963; ese año ya levantó la copa en su primera intervención, junto a su hermano Horacio y a Juan Carlos y Juancarlitos Harriott y con la camiseta de Coronel Suárez. Ocho veces sucesivas fue campeón y, con abstinencias en 1971 y 1973, siguió festejando hasta 1981. Fueron 17 títulos en total, pero su historia no se cortó con el último. En 1985 fundó Indios Chapaleufú II para compartirlo con sus dos crías mayores, Ruso y Pepe, y los tres fueron compañeros durante seis temporadas, hasta 1991 (el padre no jugó en 1990), cuando el multicampeón se retiró, con 28 Palermo como protagonista. El progenitor pasaba la posta a su progenie. Y ésta, fiel a la devoción palermitana de su mentor, jugó, jugó y jugó en La Catedral. Eduardo y Alberto perdieron cuatro finales hasta ganar una, en 1996, por Chapa II; después, se impusieron en otras tres (1999, 2000 y 2004). La seguidilla de presencias se les cortó, como a su papá, tras la 27ª intervención consecutiva: en 2012, el handicap ya no les alcanzó para entrar directamente en el Abierto y el torneo clasificatorio encontró averiado a Eduardo y disminuido al conjunto. Hoy, cuando ya las posibilidades de triunfo son mucho menores, con la camiseta de Chapaleufú y junto a su primo Bautista, lograron su lugar en Libertador y Dorrego para seguir haciendo lo que más les gusta: dar batalla en el Argentino Abierto.
"Para mí no significa nada especial el récord. Pienso seguir jugando y espero pasarlo. Ya lo habríamos hecho si el año pasado no se hubiera enfermado Eduardo. Sí estoy contento de seguir manteniendo el nivel del Abierto. Y lo que esta marca implica es que, estando bien montado, uno puede jugar al polo toda la vida", comentó a LA NACION Alberto (h.). Su homónimo 26 años mayor se alegró por sus hijos: "Me pone muy contento que alcancen el récord y espero que me superen, aunque yo ni le había dado importancia. Lo mío no fue ninguna hazaña, sino una cuestión de perseverancia, de jugar pese a tener costillas rotas, desgarros, fracturas en dedos... En esa época jugábamos así. Hoy es más difícil que pase algo así y eso muestra el espíritu amateur con el que hemos jugado toda la vida".
También Eduardo, siempre locuaz y el más retórico en sus palabras, desestimó la marca numérica... por ahora. "No juego para igualar ni superar un récord, sino para disfrutar a esta altura de mi carrera. Quizás en el futuro sienta orgullo, pero hoy mi mayor premio es seguir jugando el Abierto. Eso sí: que seamos tres de una misma familia los que más participamos habla de mucha pasión, cierta locura y gran fanatismo", sostuvo quien, de contársele una intervención como suplente en 1983, sumaría 29 Palermo protagonizados.
Mientras el físico y el nivel de juego les den, los inseparables Ruso y Pepe seguirán siendo actores de este espectáculo. Ellos empezaron –como titulares– a los 19 y los 18 años; su papá se despidió a los 50. Ahí tienen otra marca por superar, pero ellos piensan sólo en el placer de estar en la cancha per se. "La forma de disfrutar para nosotros es jugar bien y ganar. Los que han sido campeones sueñan con que aún pueden, y todavía tenemos la ilusión", piensa Eduardo. Es que para los Heguy, si la cuestión es numérica, las cifras que valen son las de la victoria.


