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Pereyra, Mussin, Salina, Viola, Morello, Gago, Galarza, Escalada, Escarione... Tratando de seguir el argumento del último partido entre Independiente y Boca, en Salta, no fue difícil asociar esos nombres ignotos con los de un torneo que dos décadas atrás cautivó a los seguidores del fútbol: el Proyección 86.
Se televisaba en directo, pero la gente aprovechaba la entrada gratuita y llenaba la cancha. La propuesta era ver en acción a los futuros cracks, los que en dos o tres años empezarían a alternar en primera. Una idea auspiciosa y aislada en medio de una realidad general de nuestro fútbol que se acercaba mucho a la decadencia. Los hinchas de Racing, acosado por el descenso en esos días, compensaban su frustración siguiendo a un equipo que se llevó el título con Jorge Acuña y el Torito Raffo como destacados. En otros equipos asomaban Borghi, Percudani, La Vieja Reinoso, Luli Ríos, Navarro Montoya. Al año siguiente, River, con Gorosito, Troglio y Caniggia en el banco, vencía en la final a Unión, que tenía en el arco a Passet y al Beto Acosta de 9. En este verano, con un promedio de no supera los 18 años, muchos chicos tienen su oportunidad en primera gracias a la decisión de los técnicos de interrumpir lo menos posible las pretemporadas, pero pronto las urgencias volverán a convocarlos. Algo que hace unos años, y a esa edad, estaba reservado sólo para jugadores con talento notorio.
En el Sub 20 argentino, que avanza con autoridad y goles en el Sudamericano, sobran adolescentes con experiencia en primera. Puede ser una ventaja sobre los rivales, pero de ninguna manera un buen síntoma. El desarrollo del jugador está acelerado, es antinatural. Un ejemplo es Lucas Biglia, que con sólo 18 años tiene un campeonato encima como pieza fundamental de Argentinos Juniors. Y pasa en todos los clubes. Es normal y no debería serlo.
"Nos faltó hombría", dijo Menotti hace unos días, y algún despistado pretendió interpretarlo por el lado de la cobardía, cuando el DT se refería a la escasa maduración de sus dirigidos en Independiente. "En otra época sería una muy buena tercera", fue la otra figura que eligió. Es que las cosas cambiaron. Hay otros tiempos, otras necesidades, y hoy sería ridículo pensar en un torneo con el espíritu de Proyección 86. En todo caso podría ser Realidad 2005.


