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Hay resultados que marcan destinos, que revitalizan ilusiones e invitan al milagro. Y otros que solo dejan heridas y dolor. El que se dio este sábado en Villa de Mayo mostró las dos caras de una misma moneda. Fiel a su estilo, CUBA le ganó a Belgrano Athletic por 23 a 15 y, dos fechas del final de la fase regular y con 10 puntos, mantiene vivas las esperanzas de clasificarse a los playoffs aunque ya no depende de sí mismo. Todo lo opuesto al panorama del conjunto de Virrey del Pino, que al sumar la tercera derrota consecutiva quedó sujeto a ganar los dos partidos que le quedan y debe esperar que Alumni, por ahora el cuarto, pierda sin sumar el bonus defensivo.
“Nos acordamos tarde de ir a buscar el triunfo que necesitábamos. Me queda la sensación de que nos fuimos vaciando de a poco. Nos faltó consistencia. Después de haber estado casi todo el torneo entre los cuatro, en la segunda ronda sumamos muchas derrotas que nos fueron dejando afuera de la discusión. Bajamos el rendimiento en el momento donde no podíamos fallar y, virtualmente quedamos eliminados. Debemos seguir laburando para volver a ser protagonista como lo fuimos antes de la pandemia”, analizó, con franqueza, Francisco Ferronato, quien ve casi imposible que se dé el milagro para Belgrano.
Que ésta era una parada brava, a nadie le cabían dudas en Villa de Mayo. Y no precisamente porque Belgrano Athletic sea un clásico rival. Más bien a esta altura del torneo el lastre comienza a pasar por lo que Alumni, en otras latitudes, pueda hacer en sus compromisos sin que las cosas a los universitarios le salgan como el objetivo demanda. Así y todo, CUBA no se dejó amedrentar por el contexto y el escaso margen de error al que quedó sujeto por algunas derrotas impensadas. Hizo valer la idea por sobre las necesidades y le jugó con mucha determinación a un equipo que, a pesar de estar atravesando una mala racha, siempre es complicado de enfrentar.
“Desde hace cinco fechas que venimos jugando finales. Hoy estuvimos muy maduros, marcamos cada vez que llegamos y controlamos los tiempos del partido con mucha paciencia a pesar de lo apremiante de la situación”, analizó Segundo Pisani, minutos después de consumado el triunfo. Las palabras del octavo cubano pintan lo que fueron esos ochenta minutos. Porque lo que para CUBA resultaron las armas principales del triunfo, para Belgrano significaron las consecuencias de la caída y el virtual adiós a los playoffs. La voracidad ofensiva de Belgrano chocó contra la férrea defensa cubana, que aprovechó los buenos movimientos continuos de sus forwards para anotar cada chance que tuvo en la línea de 22 metros.
La paridad en el resultado con que terminó el primer tiempo dejó constancia de la fortaleza de ambos packs. Ni CUBA ni Belgrano escatimaron roce físico y velocidad. Lo jugaron como un verdadero clásico. Así, en esa tónica, el local supo sacar provecho de las formaciones fijas para ponerse arriba en el marcador con los tries de Tomás Anderlich y Bautista Casaurang. La reacción de los visitantes no tardó en llegar: primero con un try de Tobías Bernabé y después con un penal de Juan Landó. Así CUBA logró irse al descanso 14 a 8 arriba.
Lo que se vio en la segunda parte no fue menos luchado y entretenido. Entre necesidades y urgencias, el clásico ganó en vértigo y emociones. A partir de un scrum dominante y un buen ritmo de juego manos, los universitarios comenzaron a prevalecer en los puntos de contactos y a sacarle réditos a las infracciones. Así, con tres penales de Marcos Eliçagaray, el mayor goleador del partido, logró sacar 15 puntos de diferencia y prácticamente sentenció la historia. El try de Pedro Arana convertido por Nicolás Spinelli, a falta de cinco minutos, sirvió sólo para decorar el resultado: 23 a 15.
A su manera, CUBA ganó el partido que tenía que ganar. Por eso no extrañaron los festejos, con cánticos eufóricos y abrazos interminables cargados de optimismo. Ahora restan dos finales más y de su rendimiento y lo que haga Alumni dependerá lograr o no el objetivo de clasificar a los playoffs.

