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En una charla informal, hace unos meses, Carlos Contepomi, lúcido a sus 81 años y hombre de rugby de siempre, me contó cómo había llegado a quien sería su gran amigo, Carlos "Veco" Villegas. "Me tocó ir por mi club [Buenos Aires C&RC] al consejo de la UAR [la URBA sería fundada dos décadas más adelante] y me nombraron presidente del subcomité de selección. Cuando llegó el momento de designar a los entrenadores de los Pumas pregunté quiénes eran los mejores, y varios no dudaron: Villegas y el Gringo [Emilio] Perasso, que venían de ganar varios campeonatos en el SIC. Al Gringo lo conocía de haber jugado varias veces contra él; a Veco, no. Pero hice lo que había que hacer: llamar a los mejores del momento".
Algo similar explica lo que está pasando con Jaguares, especialmente, y Pumas. Se convocó a los mejores. Si Hindú es el que mejor rugby practica en estos últimos 20 años, ¿por qué no se citaba a sus entrenadores? Se salió del sistema (ninguno de los dos Fernández Miranda, Nicolás ni Juan, había estado en algún proyecto profesional) y el rédito es enorme. Lo que ocurrió el viernes en Liniers, en la cancha y fuera de ella, se inscribe en una de las páginas más gloriosas del rugby argentino. Lo que venga en la madrugada de pasado mañana es valor agregado. Lo importante ya está en pie.
Jaguares alcanzó el estándar que necesitaba: se hizo hincapié en la formación que traen los jugadores desde los clubes para adosarles el rigor y las técnicas del rugby de alto nivel profesional. Se solía decir antes, en tiempos de amateurismo-marronismo, que a igualdad de fuerzas los argentinos desequilibraban con el corazón. Ahora ocurre lo mismo. Se tiene lo mejor de la preparación, pero el el plus es la filosofía (leáse locura competitiva) que se mama desde abajo. Ocurrió en 2007. Está pasando de nuevo ahora. Con una diferencia: el futuro es mucho más promisorio que en aquella gesta de Francia. Hay un plan muy bien ejecutado.

Dos hombres preparados en el profesionalismo, Mario Ledesma y Gonzalo Quesada, llamaron para que estuvieran junto a ellos a dos que venían del rugby de clubes: los Fernández Miranda. Le pregunté por ellos al padre de la criatura de Hindú, José Javier Fernández. Tito prácticamente los crió. "Gonzalo es muy amigo de Nico y Juan. Compartieron la infancia y la juventud, al igual que sus sueños deportivos; casi todos, cumplidos. Gonza es muy analítico y, seguramente, cuando terminó su carrera de jugador comenzó a prepararse para ser entrenador. Es casi obsesivo y no dejó pasar ningún tema vinculado con el manejo de un equipo, en lo técnico, lo motivacional y lo filosófico", detalló.
"Juan es extremadamente visceral, con una forma tan natural de sentir y de transmitir su entrega que contagia. Es transparente y llano ante cualquier situación, por compleja que sea. Nico nació con la virtud de escuchar. Analiza una vez y otra hasta lo que se discute en una mesa de amigos. Y ambos tienen otra virtud: se hacen querer", siguió.
Más de Tito: "Los tres sienten lo mismo sobre las fortalezas humanas que produce el rugby. Saben que el profesionalismo no ha venido a suplantar lo espiritual de este deporte. Al contrario: debe nutrirse del sentir para lograr cosas importantes. Y sumo a Ledesma y a los colaboradores de Jaguares y Pumas. Haber convivido en su etapa de jugadores los hace, y le hace al rugby argentino por primera vez en su historia, trabajar con un mismo objetivo".
Hace más de un mes se apuntó aquí que el contagio con la gente era cada vez más fuerte. El rugby argentino ya es hincha de Jaguares. En el plano de la competencia profesional, había que ir por ahí.



