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SANTIAGO DEL ESTERO.– Los Pumas volvieron a perder ante Inglaterra y estiraron su racha derrotista ante la Rosa. El homenaje a la selección argentina campeona de 1986 con una maravillosa camiseta azul no se trasladó adentro de la cancha: en el Estadio Único Madre de Ciudades cayeron 31-24 ante la Rosa en un cierre agónico y una acción polémica que perjudicó a los Pumas: el TMO omitió un tackle alto a Bautista Delguy y Argentina cerró el primer tramo del Nations Championship con varios interrogantes y un retroceso en el juego.
En medio de efervescencia mundialista, el Estadio lució al 80% en un encuentro caliente en el que el fútbol estuvo presente. Los Pumas homenajearon a la selección argentina campeona del mundo de 1986, a 40 años de la gesta en México y las canciones mundialistas sonaron el altoparlante en la previa y durante todo el partido. “El que no salta es un inglés”, resonó en cada rincón del estadio desde el himno hasta en varios tramos del partido.
Los Pumas padecieron un primer tiempo plagado de errores en el que lucieron desbordados por el contexto. Varios visiblemente emocionados, se pasaron de rosca y no lograron estabilidad: cometieron reiterados errores de manejo y se frustraron al no lograr imponerse ante una defensa firme y ordenada. Algunas situaciones reflejan la impotencia argentina: luego del try de Tommy Freeman y el segundo de Ben Earl, reaccionaron y fueron a prepotear a los ingleses en un encuentro caldeado, con la rivalidad al rojo vivo entre Argentina e Inglaterra.
En ataque, el reflejo de esa impotencia fue el drop que intentó Tomás Albornoz: mal perfilado, incómodo, a 45 metros del ingoal con el resultado 19-3 en favor del visitante. Una decisión absurda en un primer tiempo que fue puro desconcierto. Por el lado de la Rosa, todo lo contrario. Encontró fisuras en defensa (los Pumas erraron 19 tackles en la primera mitad), con el electrizante Immanuel Feyi-Waboso como punta de lanza: el wing de Exeter Chiefs rompió 9 tackles en el primer tiempo, quebró dos veces la defensa y se animó desde cualquier sector de la cancha ante una defensa endeble. Ben Earl apoyó dos tries, el segundo luego de un scrum arrollador; Argentina venía aguantando esa formación, pero en esa ocasión sufrió la potencia de un scrum desmoralizante, que incrementó la frustración.

La reacción llegó con más ímpetu que juego. Por las apiladas de Tomás Albornoz, que lució la emblemática N° 10 y levantó al estadio con un sombrerito de lujo que generó el inicio de buenas secuencias de los Pumas. En tierra de gigantes, Mateo Carreras marcó el primer try argentino y el segundo fue producto de un try-penal por una infracción burda de Alex Coles a pocos metros del ingoal. Fue un festival de amarillas en una contienda con muchas rispideces; en total fueron siete, tres por el lado local y cuatro por el visitante, la mayoría por matar el juego.
Los ingresos del banco le dieron otro impulso a los Pumas, sobre todo los de Pablo Matera y Boris Wenger. Su empuje fue fundamental para la reacción. La amarilla a Joaquín Oviedo cuando estaban 15 contra 13 fue un punto de quiebre, porque los Pumas perdieron el impulso. El octavo volvió a ser la gran figura con su habitual potencia física para poner el equipo adelante y reafirmó que es uno de los mejores del mundo en su puesto. El cordobés fue el mejor Puma durante el mes de julio y no estará en los tests ante los Springboks y los Wallabies porque volverá a Perpignan para el inicio del Top 14.

Los Pumas manejaron mal los momentos del partido y no administraron bien la ventaja numérica. Faltó inteligencia. Fue más corazón que planificación: atacaron a los tumbos, con la picardía de Albornoz y las puntadas de los forwards. En lugar de mover la pelota para intentar meterse en el ingoal dilapidaron una gran cantidad de minutos en el scrum. Inglaterra durmió el último tramo. Enlenteció las distintas secuencias de juego y mostró sus mañas en los scrums. Pero con 13 jugadores se quedó sin nafta y Argentina aceleró. Henry Pollock recibió una amarilla y salió bajo una lluvia de chiflidos.
A pura potencia, Justo Piccardo descontó a un minuto del final y en la última acción los Pumas se lanzaron a jugar desde el fondo de la cancha en una secuencia que desencadenó en la polémica de la tarde: la definición de Bautista Delguy pegado a la bandera que demoró más de cinco minutos en la resolución. La decisión del australiano Angus Gardner en la cancha fue try, pero el TMO lo refutó: en una acción milimétrica, el brazo izquierdo de Delguy tocó la línea de touch-ingoal antes de apoyar, aunque la infracción fue otra: Noah Calouri, recientemente ingresado, lo tackleó al cuello y debió haber sido sancionado con try-penal. Una inconducta clara, omitida por el TMO, que le hubiera dado el empate a los Pumas.

Visiblemente enojado, Felipe Contepomi prefirió no criticar la sanción: por protocolo, World Rugby sanciona a los entrenadores que se expresen negativamente del arbitraje. Gonzalo Quesada lo sufrió la semana pasada con una suspensión de dos semanas en Italia. En la conferencia de prensa, el entrenador abandonó la sala después de cuatro minutos. Furioso por la música del vestuario inglés que resonaba en la sala de prensa, se paró y se fue. “Es una falta de respeto”, le objetó al jefe de prensa de Inglaterra.
Los Pumas no pueden quitarse el estigma de la Rosa. Más allá de la última jugada, no estuvieron a la altura y sufrieron su 16a derrota en los últimos 17 enfrentamientos ante la selección británica. Una paternidad que se estira en distintos contextos. Esta vez desperdiciaron una chance histórica, con una camiseta especial y el impulso anímico de la selección de fútbol. Cierran una ventana negativa, con varios interrogantes antes de los tests ante los Springboks y los Wallabies, donde habrá rotación de plantel.

