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TOKIO.- A juzgar por los antecedentes tangibles, vencer a Inglaterra y pasar a los cuartos de final es una posibilidad ínfima. No existen fundamentos rugbísticos en el pasado reciente que la sostengan. Esto no significa que los Pumas ya están afuera del Mundial, y no por el cliché de que "todos los partidos hay que jugarlos". Hay dos factores que sí avalan a creer en el milagro. Primero, la capacidad individual y colectiva que este mismo grupo de jugadores demostró ostentar no hace mucho tiempo atrás. Este equipo tiene la capacidad de, en un rapto de inspiración, pintarle la cara a cualquiera. Segundo, por la impronta que envuelve a los Pumas desde su nacimiento, esa capacidad de superar la adversidad y dar el 110%.
No es la situación ideal. Los Puma habrían querido llegar en otra posición al partido ante Inglaterra, el sábado a las 17 hora local, las 5 de la mañana argentina, en el Tokyo Stadium. No sólo por la obligación de ganar a la que los condenó la derrota con Francia en el debut, sino sobre todo por la falta de consistencia y fluidez que evidenció en sus dos presentaciones anteriores, y aun en los partidos preparatorios.
Ahora es imperioso vencer a uno de los máximos candidatos al título para seguir en carrera. Una derrota equivaldrá a despedirse anticipadamente, cuando este equipo tenía cabales aspiraciones de pelear por el título.

El entrenador Mario Ledesma no lo podría haber puesto mejor. "Insistimos mucho en la confianza y la determinación que tiene que tener el equipo. Todo lo que pasó hasta acá no cuenta. Estamos acá por algo", dijo en la conferencia de prensa del jueves. "Es el partido más importante de la historia de este equipo, de este grupo. Los Pumas tuvieron muchas batallas de este tipo de las que salieron airosos. Es la oportunidad de este equipo de escribir su propia historia."
Es decir que todo queda reducido a la épica, a una actuación heroica más. Un triunfo que emane del corazón antes que de la cabeza, de la inspiración antes que de la preparación. Ya ocurrió muchas veces en la historia de la celesta y blanca. Ocurrió en 1965, con la victoria ante Junior Springboks que dio nacimiento a los Pumas. En el éxito ante Irlanda en 1999 a puro tackle para alcanzar por primera vez los cuartos de final. En el tercer puesto alcanzando en Francia 2007. Hay otros, también.
La cuestión es de dónde sacar la inspiración. "Cuando venga la inspiración, que te encuentre trabajando", decía Fontanarrosa. Algún deber hicieron mal los Pumas para derrumbarse como lo hicieron de noviembre de 2018 a esta parte.
Porque este mismo equipo en aquel Rugby Championship venció a Sudáfrica y a Australia y parecía haber alcanzado una nueva velocidad crucero. El mismo que un par de semanas más tarde desperdiciaba una ventaja de 24 puntos ante Australia, y el mismo que perdió 10 partidos seguidos, un récord histórico. También es el mismo que en julio llegó a la final del Super Rugby y estuvo a un maul de vencer por primera vez a los All Blacks.

Mañana no estará Nicolás Sánchez entre los 23. Hubo muchas discusiones sobre si su salida respondió a cuestiones meramente rugbísticas o no. Lo cierto es que Sánchez estaba rindiendo muy por debajo de su nivel y recibió múltiples oportunidades. Ni siquiera en los 25 minutos que entró ante Tonga jugó bien. Tampoco están bien jugadores habitualmente regulares como Matera, Creevy, De la Fuente (lo que explica el ingreso de Mensa al banco), Orlando, Moyano. Cuando no son casos aislados, refiere a un problema más profundo.
Y aun si los Pumas sacan a relucir su espíritu guerrero se encontrarán con un desafío de máxima exigencia. El equipo inglés es sólido y consistente. Sabe qué música toca y tiene intérpretes que la ejecutan a la perfección. George Ford y Owen Farrell manejan los hilos. El apertura, en particular, usa reiteradamente el pie y con distintos propósitos. Billy Vunipola, Kyle Sinckler y Manu Tuilagi van al choque. Tom Curry y Sam Underhill se sacan la piel limpiando el ruck, tackleando y pescando. Los tres de atrás son tremendos definidores. Las formaciones fijas funcionan a la perfección.
Si hay una instancia en la que los Pumas mostraron un nivel a la altura de un Mundial es en esto último. Las formaciones fijas y el maul. Por esa instancia llegaron cinco de los seis tries que apoyaron en esta Copa. El scrum volvió a ser dominante. El maul está funcionando. Allí existe un argumento del que asirse.
Debe estar acompañado por una recuperación del tackle como bandera. Detener ese primer intento de embestida es clave para que Inglaterra no tome envión. Y con la pelota en las manos, todavía no se vio una jugada lucida de los tres cuartos argentinos. Difícil imponerse en este nivel siendo unidimensional. En algún lugar de su ADN está ese juego de manos que debe emerger necesariamente.

Ante todo, debe resurgir el carácter de un equipo que parece derrumbarse ante la mínima adversidad.
En la semana los jugadores y el staff hablaron de poner al equipo por encima de todo. Se dice fácil, pero no lo es tanto plasmarlo en la cancha. Es casi utópico pretender entrar al rectángulo de juego y despojarse de todo lo que ocurre antes y después. Pasa en cualquier orden de la vida. Y esto es un juego, es un aspecto más de la existencia de los jugadores. Son 80 minutos por semana.
Eso sí. Para ganarle a Inglaterra, para pasar a cuartos de final, este equipo necesita bañarse de toda la mística que no en vano envuelve a la camiseta los Pumas. A eso quedaron reducidos cuatro años de trabajo, esfuerzo y aprendizaje; cuatro años de Super Rugby, nada menos. A un rapto de inspiración, a un arrojo de heroísmo. Lo han hecho en el pasado. Pueden volver a hacerlo.




