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Otra versión de Newman. Sin frac, de camisa arremangada. Sin brillo, con el cuerpo empapado por la transpiración, por el esfuerzo generoso. Y el mismo resultado de estos tiempos: triunfo y a jugar una nueva final. El 25-20 sellado en el cartel le dio el pase. Recién asegurado en la última acción, cuando Francisco Lascombes robó un line fundamental a cinco yardas de su ingoal se quedó con la esperanza de Alumni de anotar el try que necesitaba. Poco antes (20-20) se produjo la definición, no exenta de polémica con el try de Fermín Perkins luego de un line y maul: al momento de apoyar en una esquina, la jugada debió ser revisada por posible pisada de la línea de touch. Las imágenes dejan la duda, porque no se puede apreciar si el N° 16 apoyó antes o después de que sus pies efectivamente tocaran tierra. El try fue convalidado, con el pase de Newman a la final. “No tengo buena imagen del jugador de touch, quedate con tu sensación de cancha”, le dijeron al juez Mauro Rossi. Y otorgó la conquista.
Ganó Newman. Con una fuerte personalidad para cambiar una historia que venía mal barajada en la primera parte. Pero nada de elegancia y garbo. Nada de avanzar a paso firme, desfilando. No. Esta vez, no. Por deficiencias propias y por méritos del adversario. Alumni se la hizo difícil. Y no sorprendió que así fuera, porque la etapa regular es una cosa y los play-off, otra. Lo explicó claramente Gonzalo Gutiérrez Taboada, una vez concretado el triunfo: “Esto no tiene nada que ver con todo lo anterior. Son partidos únicos, y este, en particular, fue muy chivo”, destacó el consagrado apertura, que no vivió su noche más iluminada. Viene de atravesar una situación de salud compleja de su hija de pocos meses de vida. “Estoy feliz de haber podido jugar, pasé una situación brava, dificultosa y por suerte la pude superar”, señaló.

La historia también modificó su actitud hacia el Bordó. Cambió la indiferencia por algunos guiños cómplices. Entonces ganó lo que probablemente, en otros años, hubiese perdido. Algo de mística también hay en esta era virtuosa de Newman, producto de un largo proceso y no de una racha circunstancial. Como antes sumaba frustraciones, ahora, el Cardenal, acumula éxitos. En la etapa regular, el vigente campeón, terminó líder al galopito, con la fusta bajo el brazo. Aventajó en veinte puntos al CASI, el escolta: 110 unidades y 90, respectivamente. Sin embargo, la modalidad del torneo lo obligaba a ratificar ese abrumador dominio en dos instancias más y sin revancha posible. Se sabía de ante mano. Así son las reglas del juego. Entonces, confiado en sus fuerzas encaró la prueba inicial contra Alumni y la superó, con sobresaltos, y también con convicción y oficio. Levantó el resultado, mejoró la imagen opaca de la etapa inicial y se quedó con la primera semifinal del Top 14 de la URBA, ante un dignísimo Alumni. Lo derrotó, como lo había hecho en las dos oportunidades en que se cruzaron durante el año: 32-30 en Tortuguitas, a mediados de abril, y 29-19, en Benavídez, promediando agosto. Y ahora, con el boleto picado a la definición del próximo sábado 7 de noviembre, el Cardenal esperará por su último rival en el camino al bicampeonato.
Dentro de algunas horas se sentará frente a una pantalla a ver el duelo que, desde las 17.10, sostendrán el Atlético de San Isidro vs. Hindú. Dos equipos a los que también derrotó a lo largo de la temporada: A la Cebra, 37-28 en casa, el día de la Bandera, y 37-27, a domicilio, el segundo sábado de octubre. Mientras que, al Elefante, lo venció 26-25 de visita, a comienzos de mayo, y 40-20 como local, a fines de agosto.

Los nuevos -y definitivos- ochenta minutos contra Alumni, fueron los más incómodos desde que inició la racha triunfal. Las cosas no salían, su scrum era arrastrado por el del adversario, el manejo de la pelota carecía de la prolijidad y seguridad hechas costumbre en el Bordó. Entonces, el grupo dirigido por Santiago Piccaluga, Marcos Ayerza y Patricio O’Connor, apeló a la personalidad y al oficio para sacar adelante un compromiso más complejo de lo que muchos pensaron. “Estos partidos son así. Durísimos. Alumni lo planteó muy bien. Nos hicieron sentir el rigor y en el descanso nos dijimos que, si seguíamos así, estábamos listos. Reaccionamos, apareció el line y el maul, empezamos a ganar el contacto y, de ese modo, pudimos dar vuelta el marcador y nos lo llevamos”, admitió Rodrigo Díaz de Vivar, una de las figuras de la noche del equipo que en 2026 alcanzó la impactante racha de 24 partidos sin perder, contando este cruce con Alumni (23 ganados y uno empatado, el anterior al mano a mano con Alumni, 21-21 frente a CUBA).
Alumni dio pelea. Con sus armas, con su estilo. Empujado por un pack de delanteros de características similares a las del campeón: pujante, batallador, audaz, inquieto. Que en esta oportunidad estuvo a la altura, redondeando uno de los mejores primeros tiempos del año, y ante el rival más complejo. Hoy la desazón invade el estado de ánimo de los jugadores de Tortuguitas, pero habría que echar un vistazo hacia atrás para valorar lo conseguido por este conjunto. Al concluir la primera rueda del torneo, sonaba a utopía una posible clasificación para los play-off del equipo de Tortuguitas. Este se encontraba lejos del cuarto puesto y con varios aspirantes merodeando por los alrededores: Belgrano que levantaba, Los Tilos que no se rendía y Regatas que amenazaba. Pero prevaleció Alumni. Que se hizo al andar. A prueba y error. Superándose. Animándose. Reinventándose, con cambios, con rotaciones y bajo la tutela y orientación de un par de estandartes, fundamentales para enderezar el carro: Ignacio Cubilla, Juan Patricio Anderson, Juan Cruz Bottoni, y, cuando les tocaba entrar, Manuel Mora, Santiago Montagner o Santiago Neyra. El equipo mejoró, revivió, se entusiasmó y se encaramó en la cima del torneo. Con un rugby contundente, rebosante de tries se prendió a la discusión por el título. Hasta que le tocó debatir con Newman, la noche de anoche. Ahí se quedó sin argumentos y el Bordó volvió a ganarle bien.
Ignacio Cubilla se destacó en el equipo vencido. Y con tranquilidad y mesura brindó su parecer, una vez consumada la eliminación: “Nos sentimos muy cómodos en el primer tiempo, y después… Bajamos un poco y la cosa se definió por detalles”, aseguró apesadumbrado.
Newman no desfiló. No se paseó con elegancia y garbo. Apeló a la personalidad, se arremangó la camisa y se dispuso a pelear para sacar adelante la eliminatoria. Igualmente, demostrando autoridad. Venció una vez más a Alumni, como dijimos, con un try que desató controversias. Lo cierto es que ahora un solo triunfo lo separa del bicampeonato. Otro duro rival. Una nueva batalla: CASI o Hindú.




