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El linaje del SIC no admite medias tintas. Su historia, impronta y sello indeleble en el rugby argentino lo obligan a prescindir en sus metas y en su vocabulario de terminología que refiera a caminos laterales, objetivos de escaso vuelo y miradas alternativas. Semejante herejía no está permitida en su ADN.
Tal vez por eso es que sus intérpretes, en lugar de sonar altisonantes en su mensaje, representan la naturalidad de aquel que reconoce sus límites, pero también sabe de sus obligaciones, de sus objetivos. Éste es el caso del potente centro Joaquín Domínguez, que, una vez consumado el justo triunfo sobre Alumni por 33-17, sostuvo: "Lo que queremos es buscar un rugby de excelencia. Y los resultados son consecuencia de apuntarle a la perfección en este deporte". Toda una declaración de intenciones.
El San Isidro Club, que cuenta con 25 títulos de la URBA, y que de las últimas tres temporadas consiguió la consagración en dos de ellas, superó con acierto y sin pasar sobresaltos el estigma del debut en el torneo 2013. Lo hizo frente a un rival que careció de orden -no así de espíritu- en un escenario adverso por naturaleza. No sólo por la famosa barranca, que incide en forma pareja, sino por encontrarse ante un anfitrión que no acostumbra a cometer demasiados errores. Y, mucho menos, de local.
En una tarde en la que hubo colecta solidaria por las inundaciones, un minuto de silencio por las víctimas del temporal y la ovalada recuperaba el protagonismo, el equipo de Boulogne demostró que su natural ambición por mejorar no se restringe a la segunda etapa de la temporada.
Sin brillar, es cierto, pero fiel a un libreto vehemente con detalles estilísticos, estableció diferencias inapelables en el marcador. La primera etapa fue elocuente en su parcial: 20-12. Y luego sólo debió esperar el momento oportuno para aumentar la distancia y darle cifras definitivas a un encuentro cortado por los penales y algunas inconductas.
Regreso victorioso
Cuando el sol ya caía, la generosidad del público se evidenciaba en la carpa de las donaciones y los abrazos de felicitación por la tarea cumplida daban por cerrada la primera jornada oficial de rugby, el propio Domínguez -autor de un try- daba cuenta del sentimiento zanjero a esa hora del día.
Antes de retirase del campo de juego, respiró hondo el aire fresco y puro de la tarde, miró hacia su alrededor y, con una mezcla de orgullo y satisfacción, suspiró: "Estar acá de vuelta en el SIC... Pasó mucho tiempo", dijo en referencia al último partido jugado allí en 2012 . "Estábamos con ganas de jugar y hubo errores comunes al primer partido del campeonato, pero las ganas estuvieron. Eso es lo más importante", completó el jugador.


