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PARIS.- Los primeros pasos por la sede de Stade Français son como caminar por cualquier club argentino. Guarda más de una semejanza con el porteño GEBA y la actividad social es demasiado activa. Situado en el pintoresco barrio de Boulogne, en un portón verde casi imperceptible se indica el recorrido de ingreso mientras un muñeco gigante vestido de rosa da la bienvenida con una sonrisa simpática. El asombro por la sencillez de las instalaciones derriba cualquier aprensión de una institución ostentosa, como si se tratase del Real Madrid de la ovalada. "El rugby es una cosa y el club es otra, pero todos juntos hacemos una gran familia", define Brigitte, una señora amable, encargada de registrar la entrada y salida de las visitas.
No es una afirmación exagerada: el Stade Français es la otra casa de los argentinos en París. Desde Diego Domínguez hasta Agustín Pichot, el paso de varios jugadores hizo de este club un símbolo celeste y blanco. Aquí la Argentina es sinónimo de esfuerzo, trabajo y humildad.
Pedro Ledesma, uno de los cinco argentinos que se desempeña actualmente en el conjunto parisiense, hace de guía en el recorrido. Exhibe orgulloso el gimnasio como si fuese el living de su casa y saluda a cuanta persona se le cruce. Parece tan a gusto como cuando estaba en Regatas Bella Vista. "El club es como los Jockeys tradicionales de la Argentina: muchas disciplinas conviven en un mismo lugar y hay mucha actividad social", explica.
Un vistazo más profundo confirma las palabras de Ledesma. Las chicas de hockey comparten la cantina con los chicos del rugby, y las señoras del tenis se inscriben para el torneo de naipes del fin de semana. Además, hay certámenes de golf, natación y esgrima. Por el ventanal de la cantina se observa como riegan el césped de la cancha principal, el Stade Jean Bouin, donde juegan Hernández, Corleto y compañía los fines de semana.
El cariño se percibe en el primer contacto. "Los argentinos son una familia adentro de una gran familia. Es fácil hablar y convivir con ellos, pese a que tenemos diferentes historias y raíces. Son fieles a sus principios y saben vivir la vida. Todos los que pasaron por aquí le dieron mucha energía positiva al Stade", afirma Mathieu Blin, el capitán del equipo y con una trayectoria de diez años en el club.
"Los argentinos imponen respeto. A pesar de ser muy reconocidos aquí siempre fueron humildes. A diferencia de los franceses, tiene más valores humanos. Al principio eran como un clan y después se abrieron e integraron. Destaco la solidaridad, humildad y el apoyo que se brindan entre ellos", enumera Benjamin Delmoral, el preparador físico.
En el Stade Français, último campeón del Top 14 francés, se desempeñan Juan Martín Hernández, Ignacio Corleto, Rodrigo Roncero, Sergio Parisse (argentino nacionalizado italiano) y Ledesma. Además, dejaron sus huellas Domínguez, Pichot, Patricio Noriega, Lucas Borges, Gonzalo Quesada y Juan Gómez.
En los partidos de gran convocatoria, el equipo hace de local en el Stade de France, de Saint Denis, el escenario principal de la Copa del Mundo. Si no, otras veces, actúa en el vecino Parc des Princes, o en el propio y acogedor Jean Bouin.
La charla por los pasillos del club conduce a un tema obligado: el rugby. "Tienen una fuerza mental admirable, diferente a la de los franceses. Juegan con la misma intensidad y ganas ante el rival más débil como ante el más poderoso", elogia Blin, que ejerce la capitanía hace muy poco, desde la salida de Pichot y David Auradou, ambos flamantes refuerzos del Métro-Racing 92, de la segunda división francesa.
"Agustín Pichot es el jefe de los argentinos. Es un símbolo de la fortaleza mental, es una personalidad muy reconocida, difícil de reemplazar. Conoce muy bien al jugador del rugby. Decidió darle un fin a un ciclo y hay que aceptar que quiera cambiar. Tal vez no quiera más exigencias, pero su ida es una tristeza", confiesa Blin, que elogia admirado a Juani Hernández. "Es el mago del equipo, trabaja mucho y es un ejemplo para sus compañeros. Participa de la vida del grupo y vive medio en la luna , lo que lo hace un chico muy tranquilo. Junto con Corleto son el nexo entre los argentinos y el resto del plantel", agrega.
Algo de cierto debe tener el testimonio de Blin, ya que el francés de Corleto y Hernández es más fluido que el de Pichot y Roncero. Y no es una cuestión de tiempo y acostumbramiento porque los cuatro llevan una buena cantidad de años por estos pagos.
Benjamin Delmoral es el preparador físico, pero a su vez es un admirador de los argentinos. "Físicamente son más inteligentes y vivos que cualquier otro. Aplican el trabajo que crean conveniente: por ejemplo, Agustín Pichot no quería hacer fierros porque lo contracturaban, entonces ejercitaba velocidad y reacción con la pelota. Pero a diferencia de otros, él lo manifestaba. Saben explotar al máximo su potencial. Siempre en los momentos complicados aparecen, y tienen una virtud: aprenden de los errores. No me va a sorprender que en el Mundial los Pumas alcancen las semifinales."
Desde la llegada del presidente Max Guazzini, Stade Français se interesó siempre en los jugadores argentinos. Más de un medio francés insinuó por estos días en responsabilizarlo de la caída del seleccionado local con los Pumas en la inauguración del Mundial. Lo acusan de abrirle las puertas del profesionalismo a Hernández y de recibir gustoso a Pichot, Roncero y Corleto. Sostienen, además, que estos jugadores jamás habrían llegado a ser lo que son, si no hubieran pasado por el conjunto parisiense. El se ríe, y ante los ataques, responde: "Los que critican no reconocen el talento de los argentinos. En el Stade ellos se siente como en su casa, y eso los hace mejores".



