

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Fue un desarrollo atípico: la jornada empezó por la definición. Y hubo lamentos profundos en la primera pelota que se jugó ayer en el estadio del Parque Roca. ¿Cómo puede ser que el primer punto le dé un quiebre a Lleyton Hewitt? Sólo se explica, claro, por esa lluvia porfiada que anteayer obligó a suspender lo que parecía un triunfo seguro de José Acasuso sobre el chico de los C’mon. Y, entonces, los nervios aparecieron con rapidez. Había tensión en el ambiente, a pesar de que sólo se habían jugado tres o cuatro puntos. Y el estadio estalló a los diez minutos: era el segundo punto de la serie para la Argentina.
Sí, atípica jornada. Porque la actividad comenzó y terminó con un éxtasis sin freno. Pero, entre medio, la tarde discurrió con una extraña calma, acaso generada por el sereno andar del dobles hacia la victoria.
Pero primero, se dijo, hubo estallido por Chucho. "Y sí, un poco de temor tenía antes del partido, porque entraban fríos y no se sabía qué podía pasar", le contó Diego Maradona a LA NACION, en un momento de descanso en una de las carpas VIP. "Pero lo que jugó Chucho es admirable. Es doble mérito porque le ganó a un grande, un fenómeno, a un Hewitt con un nivel increíble", agregó el hincha Nº 1 de la serie, que mostró su entusiasmo por el estadio: "Es maravilloso, de un nivel al que no estamos acostumbrados por su limpieza, su belleza y lo bien presentado que está".
Sin embargo, superado el frenesí por el éxito de Acasuso, llegó la calma. Un poco por el frío, es cierto, pero otro tanto porque el partido de dobles no contagiaba mucho, el público lo vivió con extrema serenidad. Casi no había cantitos, ni gritos, ni nada de nada. La única actividad, de a ratos, era hacer la ola. Y poco más.
Los jugadores se daban cuenta de la situación. Y por eso, en el tercer set, David Nalbandian agitó los brazos pidiendo aliento. Y el público, como siempre, respondió. Allí sí, entonces, apareció ese griterío ensordecedor y la gente se quitó el sopor de encima. La Argentina estaba a un puñado de games para llegar a la final de la Davis. Y se hizo protagonista en el desenlace, para festejar el último quiebre, el del 6-5. En ese momento, comenzaron a girar las camisetas sobre las cabezas y a tronar ese "Oh, Argentina, es un sentimiento, no puedo parar...". La fiesta de la gente; a pesar de esa calma en el medio, fue un delirio en el principio y en el final.



