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NUEVA YORK.– La noche del martes sacó al US Open de la monotonía y la modorra para darle paso al escándalo, a un suceso que quedará registrado por mucho tiempo. Serena Williams y Jennifer Capriati disputaban el pase a las semifinales. El score estaba set iguales y se jugaba el primer game del capítulo decisivo. Servía Serena 40-40 y definió el punto con un revés paralelo, a una esquina; punto clarito. Se predisponía a sacar con la ventaja cuando escuchó, de boca del umpire, la portuguesa Mariana Alves, el fallo cambiado: la ventaja era para Capriati.
El partido continuó –hubo otros dos fallos controvertidos– y se definió en favor de Capriati. Pero Flushing Meadows se convirtió en el epicentro de la polémica. Porque como sucedió en Roland Garros y en Wimbledon (ver aparte), los jueces de silla quedaron en la picota. El replay mostró una y otra vez que la pelota de la menor de las hermanas Williams fue buena. Fue por ello que la organización, a través del director del certamen, Brian Earley, anunció que la portuguesa no volverá dirigir en lo que resta del certamen.
Pero nadie podrá devolverle el premio a Serena, que si bien no jugó bien también corresponde afirmar que esa increíble corrección (over rule) de Alves la sacó de partido. Y entregó la pregunta inmediata. ¿Es posible que un partido como el de Serena y Capriati sea testigo de semejante escándalo? ¿Cómo puede ocurrir en el certamen que más dinero reparte y el que más produce? Todo en un mismo torneo en el que los jueces fueron protagonistas por fallos polémicos, por ejemplo, con Nalbandian, Ferrero y Massú.
La campeona de 1999 y 2002 pidió no hablar sobre el tema, pero en pocos minutos quebró la barrera del silencio. "Me sentí engañada, robada. Creo que la umpire no quería que siguiera en el torneo. Pensé que se había equivocado al marcar el score, pero después me dijo que había corregido a la juez de línea y había cantado mala la pelota. Creo que se volvió loca por un instante. Espero que esta señora no vuelva a dirigirme más porque es anti-Serena", señaló la perdedora.
Aun cuando se evitó el tema de la discriminación, Serena fue un poco más lejos en sus declaraciones. "Al principio pensé que se trataba de otra conspiración como la de Wimbledon", en relación con otro confuso episodio, en el All England, en contra de su hermana Venus. La cuestión es que al término del encuentro, la WTA, entidad que rige el tenis femenino, le pidió perdón a la tenista. Arlen Kantarian, el CEO del US Open, también se comunicó con Serena para pedirle disculpas. "Serena tomó con agrado la llamada, diría con dignidad. Sabemos que fue un error en los cuartos de final del US Open, en el estadio Arthur Ashe y con todo el mundo siendo testigo por TV", agregó David Newman, gerente del torneo, que distribuye US$ 17.758.000 en premios y un millón para cada uno de los ganadores de las pruebas de singles.
Serena vivía el 17° duelo con Capriati, local como pocas en Nueva York. Y siempre los partidos entre ambas fueron cerrados, vistosos y picantes, con un público enfervorizado con las contendientes. Doce de esos matches culminaron en el tercer set. "Es que Serena y Jenny son representantes de dos estilos de sociedad: una marketinera, y la otra, conservadora", dijo el periodista Charles Bricker, del Sun Sentinel. ¿Qué dijo Capriati? "Yo seguí los fallos, créanme. Muchas veces me pasó que los jueces se equivocaron conmigo."
Más allá de los comentarios, el otro tema en cuestión es la posibilidad de que la repetición de jugadas surja como un elemento clave en el futuro. "Yo sigo creyendo en el umpire. En el tenis, el problema no es de arbitraje. Tenemos cientos de partidos durante el año y en muy pocos hay problemas", dijo el italiano Francisco Ricci Bitti, titular de la Federación Internacional de Tenis. A su vez, descartó la efectividad del aparato que la TV utiliza para certificar los piques. "La cámara se mueve detrás de la pelota. Soy ingeniero y sé que tiene un margen de error." Claro que al mismo tiempo los organizadores del US Open probaron, durante la clasificación, un sistema (Auto Ref) en el cual, según dijo Kantarian, tendría apenas un margen de error de "1 a 3 mm". Los resultados de ese sistema serán estudiados en los próximos seis meses.
El escándalo no se apagará. La eliminación de la princesa guerrera, como la prensa local bautizó a Serena gracias a su llamativa vestimenta, no caerá en el olvido. La que perdió, por un error humano, es la cara del torneo, la mujer cuyo rostro se encuentra en cualquier esquina de Manhattan, la elegida para hacer resurgir el negocio del tenis. Esa combinación que pierde credibilidad cada vez que ocurre este tipo de robos. Es que anteanoche, Serena fue estafada ante las narices de todos.
NUEVA YORK (De un enviado especial).– En Australia 2004, Justine Henin gana por 4-3 y 30-40, con Kim Clijsters al servicio. El umpire corrige una volea de Clijsters que el juez de línea había dado buena. Henin quebró y ganó el título con su saque. En Wimbledon 2004, Venus Williams perdió con la croata Karolina Sprem. En el tie-break del segundo set, Sprem ganó un punto y el británico Ted Watts anunció el score con un tanto más. Las jugadoras no se dieron cuenta. Watts fue separado como árbitro de la FIT.



