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PARIS (De un enviado especial).- Y un día, Puerta volvió. Fue la idea que se desprendió tras su sorpresiva irrupción, en febrero último, cuando se clasificó finalista del ATP de Buenos Aires. O cuando, en abril, en Casablanca, levantó un trofeo después de cinco años y de haber bajado hasta el 440° lugar del mundo. Y Puerta, hoy semifinalista de Roland Garros, no se conformó con su regreso: siguió remando hasta aquí, en París, donde ya alcanzó el mismo nivel de 2000, su mejor temporada.
Pero Puerta, uno de los cuatro mejores de Roland Garros, el que saltó del anonimato y ayer caminaba por el Bois de Boulogne con custodia, forma parte de una historia increíble que se escribió a partir del golpe por una sanción de nueve meses por doping (clenbuterol) en el torneo de Viña del Mar 2003.
Al enterarse, el cordobés guardó ese secreto en la intimidad y recurrió a 4Sports, un estudio de abogados en España que se había hecho cargo de la defensa de Juan Ignacio Chela. Tocó fondo cuando supo que no podría jugar al tenis hasta el 1° de julio de 2004. En el medio, engordó más de 15 kilos y salvó su vida cuando logró salir airoso de un ascensor en una torre de Belgrano, justo antes de que la máquina se desplomara hacia el subsuelo.
Sólo su mujer, la actriz Sol Estevanez, y un grupo de amigos integrado por Jorge Brasero, Andrés Schneiter, Olindo Iacobelli y Guillermo Vilas -que le abrió las puertas de su club para la recuperación-, formaron parte de un grupo cerrado que hoy se mantiene y que, paradójicamente, fueron parte de las personas que estuvieron al lado de Gastón Gaudio en la conquista del año último.
"Mariano estaba en el fondo del mar y en el cuello llevaba colgada una cadena con siete piedras", contó en la tarde de ayer Brasero, de 41 años, después de apagar el enésimo cigarrillo del día. A su lado estaba el italiano Iacobelli, un ex corredor de autos en Le Mans, que asesora a Gaudio. Iacobelli y Brasero son socios de la empresa Biandra, de management deportivo. Pero cada uno tiene bien definido su rol: uno se ocupa del campeón del año último y otro del reciente semifinalista de Roland Garros.
Brasero, un argentino que vive en París desde 1988, continúa con la historia de Puerta. "Nosotros apostamos por él cuando nadie creía. En el momento de la sanción, Mariano acababa de firmar su convenio con la firma de raquetas Babolat. En el tenis, todos los contratos dicen que se cancelan automáticamente por doping. Fuimos a ver a Luca Appino, CEO de esa empresa, y él no tuvo problemas en continuar con el trato. Mariano había dado positivo porque es asmático y no le avisó a la ATP el medicamento que había tomado. Pero yo lo conocía y sabía que estaba hecho de buena madera. Lo llamé mil veces y a través de su mujer, Sol, que tiene mucho que ver con esta recuperación, fue saliendo adelante. El quiso hacerlo, corriendo como un loco en el country La Lomada, en Pilar, tras empezar a trabajar físicamente con Darío Lecman. El se animó y consultó a un psicólogo cuando estaba deprimido; él aceptó la ayuda de Andrés Schneiter y empezó a pegarle a la pelota más fuerte que nunca. Por eso, este momento es sólo para él y quienes estuvieron a su lado", dice el manager de Puerta.
Al igual que el año último con Gaudio, la idea de la gente que acompaña al semifinalista de Roland Garros es evitar que los familiares y allegados vengan desde la Argentina a presenciar el encuentro de mañana. "Es que esto es todo de él y de quienes lo acompañaron en las malas. Nos cansamos de golpear puertas para pedir oportunidades. Y nos las dieron. Entre ellos, Martín Jaite, que le dio una invitación especial en Buenos Aires. Mariano siempre creyó en sí mismo, aún cuando parecía lo contrario. Por eso lo admiro y quiero que él disfrute de un momento que es únicamente suyo", dijo Brasero del tenista que sorprende a Francia y al mundo del tenis con su asombroso regreso.




