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PARÍS.- Roger Federer bien puede ser considerado el mejor jugador de la historia, tiene más títulos individuales de Grand Slam que ningún otro y está muy cerca de batir el récord de 286 semanas al frente del ranking mundial. Rafael Nadal es, quizás, el mejor jugador sobre polvo de ladrillo que haya existido jamás, tiene el récord de trofeos de Masters 1000 y, de tanto persistir desde el número 2, llegó a la cima. Novak Djokovic forma parte hace rato del póquer de ases del tour masculino. Y Justine Henin, otrora dominadora del tenis femenino, volvió a jugar tras más de un año y medio fuera de la competencia, y, en su primer Grand Slam, llegó a la final, este año, en Australia.
¿Qué los motiva para buscar nuevos desafíos, para seguir arriba, para continuar con el esfuerzo, para seguir ganando, por ejemplo, un torneo de Grand Slam como este Roland Garros?
Nadal, que ayer dio otro paso en pos de su quinto título aquí al ganarle a Lleyton Hewitt por 6-3, 6-4 y 6-3, ofreció una respuesta impactante: "Tengo sólo 23 años y, aunque he ganado mucho, sería un desgraciado de la vida si no tuviera ilusión a esta edad. Segundo, a mí me encanta competir. Y tercero, mi ilusión principal es siempre ser mejor. Pero no mejor que los demás, sino mejor que mí mismo, superarme".
Djokovic, que también pasó a los octavos de final en París, ofreció una fórmula parecida: "Esta es tu vida, es lo que elegiste y querés estar arriba. Esto es lo que a mí me motiva, este deseo de ganar un Grand Slam y alcanzar tantos otros objetivos". La voracidad hace diferentes a los grandes.
Pero los gigantes no se hacen de un día para el otro. Aprenden la lección y se nutren de los errores para perfeccionarse. Federer explicó algo de esto: "Cuando sos joven, hay mucha presión, porque querés mejorar y demostrar que sos el elegido. Perdés muchos partidos que creés que debiste haber ganado. Es muy frustrante, perdés un poco de motivación y querés hacer algo más que tenis. Yo pasé por esos momentos".
El número 1 masculino dio un ejemplo concreto: "Recién fui un buen compañero de práctica a los 19 o 20 años. Cuando me sumé al circuito, tuve algunas prácticas shockeantes. Había grandes jugadores, como Henman o Björkman. Y cuando no estaba bien, pensaba: Es un mal día, ¿qué importa? Pero cuando te das cuenta de que es una falta de respeto, empezás a dar el máximo, porque el otro también quiere mejorar".
Para Djokovic, "lo que hace la diferencia entre tipos como Federer, Nadal, o cualquiera que esté arriba, es la mentalidad, estar fuerte todo el tiempo y enfocarse, dando el máximo en cada momento". Pero Federer aclaró: "Todos los jugadores atraviesan períodos difíciles, porque uno tiene expectativas muy altas".
"Algunos días son mejores que otros", admitió la belga Henin, y agregó: "Hay lugares en los que jugás con más inspiración. Pero cada vez que entro en una cancha siento que ése es mi lugar. Nunca me pregunté si fue una buena decisión volver. Siento que todavía tengo muchas cosas por alcanzar. No sólo hablo de resultados o rendimientos, hay muchas cosas que puedo y debo hacer en el circuito".
Djokovic revuelve en eso de la falta de ganas, cuando la motivación tambalea: "A veces, no jugás en el mejor nivel, pero tenés que buscar la manera de ganar. También pasa cuando te levantás sin ganas de ir a entrenarte, y tenés que encontrar la manera de hacerlo igual. No podés estar siempre ciento por ciento positivo en nada. Hay días en los que nada funciona, pero lo importante es levantarte y volver a ser vos mismo al día siguiente".



