Se nos escapó de las manos

Por José Luis Clerc (*)
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12 de diciembre de 2001  

Me cuesta creer que hayan pasado 20 años de aquella final de la Copa Davis, nada menos que ante los Estados Unidos y con un estadio, en Cincinnati, que era una caldera.

Creo que llegamos a ese encuentro decisivo con buenas posibilidades, pero enfrente estaba John McEnroe. Los recuerdos que me vienen son los de una final caliente, con McEnroe incitando al público y provocándonos constantemente. Ellos sabían que la Argentina, en ese momento, era una potencia y trataron de explotar su condición de local al máximo. Pero nosotros no entramos en el juego que nos propusieron y tanto Vilas como yo disputamos una muy buena final.

Sé que muchos recordarán que en esa época la relación que manteníamos con Vilas no era la mejor. Es verdad, en esos tiempos ni nos hablábamos, pero creo que, pese a ello, cada uno juntaba energías y trataba de defender a la Argentina con lo máximo. Y eso fue lo que vivimos en el dobles contra McEnroe y Fleming. Vilas y yo nos jugámos enteros y perdimos 11-9 en el quinto set con los mejores doblistas del mundo de esa época y en una superficie que era adversa para nosotros.

Pese a que soy un agradecido por lo que el tenis me dio, no puedo negar que las dos espinas que me quedaron clavadas fueron esa final de la Copa Davis y el hecho de no haber ganado nunca Roland Garros.

Pero, aunque esa Davis se nos escapó de las manos, soy optimista en cuanto el futuro, pues la Argentina cuenta con una camada que tiene todo para colocar a nuestro tenis en los niveles de una gran potencia.

Cañas, Coria, Nalbandian, Squillari, Gaudio, Zabaleta y todos los que conforman la Legión Argentina son capaces de llevar a nuestro país otra vez a la final de la Copa Davis, especialemente si el sorteo permite actuaciones como locales.

Por ello no pierdo la esperanza. Hay material de sobra para soñar con el día en que uno de los trofeos más anhelados por todos aquellos que alguna vez jugamos al tenis pueda lucirse en una vitrina argentina.

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