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PARIS.– Si hay un argentino en la pelea, la barra se hará oír bien fuerte. Y más allá de que el tenis no tenga cosas del fútbol, al igual que sucedió el año pasado con la final entre Guillermo Coria y Gastón Gaudio, Roland Garros fue epicentro de una fiebre celeste y blanca.
Desde bien temprano, la Plaza de los Mosqueteros se convirtió en una plaza argentina. Todos con camisetas del seleccionado, en el sitio que recuerda a Henri Cochet, René Lacoste, Jacques Brugnon y Jean Borotra, los magníficos tenistas franceses que ganaron la Copa Davis entre 1927 y 1932. El que se erigió en jefe de barra de simpatizantes fue el peluquero Roberto Giordano, que un rato antes, en el encuentro de dobles ganado por Paola Suárez y Virginia Ruano Pascual, había desplegado una bandera argentina sobre la bandeja superior. Y cuando las chicas ganaron puso una de Boca por encima del símbolo nacional.
Después, Giordano, ante las cámaras de la televisión francesa, no tuvo empacho en bailar un tango con otra simpatizante y de cantar efusivamente el clásico ¡vamos, vamos, Argentina!
Pero alrededor también hubo otra gente, como Ramiro, de Temperley, y Manuel, socio del Adrogué Tennis Club, de donde surgió Christian Miniussi y donde que practica este deporte Ricardo López Murphy, quienes pagaron 200 euros en la reventa por unas entradas que costaban 57 cuando salieron a la venta.
Ese fue el precio que abonaron Virginia y Pablo, dos argentinos residentes aquí. Ella trabaja en Peugeot y él se desempeña como profesor de educación física. "Compramos las entradas por correo, con tiempo, porque el año último nos quedamos con las ganas de venir", contaba Virginia.
Una historia particular la encarnaban Luisa, Cristian y el pequeño Nacho, a babucha de su papá, desplegando una bufanda que decía Argentina. Luisa vive en Madrid y es profesora de tenis de la Universidad Complutense. Practica dobles y sacó la entrada con anticipación porque es una admiradora de Paola Suárez. "Yo sé del esfuerzo que hicieron esas chicas para jugar, por eso, cuando puedo, trato de seguirlas en los torneos", contaba Luisa.
Cerca del lugar, también con sus entradas, estaban Ricardo y Nicolás. Al igual que varios representantes de la embajada de nuestro país. Y en la búsqueda de alguna otra, Susana, de Mar del Plata, Stella y Cristián, de San Isidro, que al igual que muchos otros pagaron los 11 euros de acceso para ver el partido por pantalla gigante. Ellos fueron parte de todos los argentinos que se hicieron escuchar durante la tarde. Los que se sentaron en los codos, desplegaron sus banderas y gritaron durante más de tres horas. Un aliento que se escuchó en todo el Bois de Boulogne, ante la mirada de Zinedine Zidane (acostumbrado a este tipo de gritos), Juan Antonio Samaranch, presidente de honor del Comité Olímpico Internacional, de Jean Todt, director general de Ferrari, de Guillermo Vilas y de los reyes de España, protagonistas de una historia particular.
Al término del primer set, la reina Sofía salió rápidamente del court central de Roland Garros. Su partida causó asombro, pero rápidamente se supo el motivo. La reina debió partir porque le anunciaron que una de sus hijas, la infanta Cristina, acababa de dar a luz a su cuarto hijo. Inmediatamente, Sofía dejó el estadio Philippe Chatrier para tomarse un avión que la trasladó a Madrid. El que se quedó para alentar a Nadal fue el rey Juan Carlos, receptor del primer saludo del tenista español.
Retomando, los hombres y mujeres de Francia también se sumaron a la barra argentina, con la infaltable ola –esta vez no tuvo efecto en el partido, como sucedió el año último con el de Gaudio y Coria– que se produjo cuando restaba media hora para el final del encuentro. Que entregó emoción dentro de la cancha y calor fuera de ella. Por esa siempre presente y distinguible hinchada argentina que se hace escuchar.
PARIS (De un enviado especial).– Estaban todos juntos en dos filas. Salvo el pesista y preparador físico Darío Lecman, que llegó anteayer, el resto era parte del mismo grupo que alentó desde la segunda semana a Mariano Puerta.
Allí estaban, en una de las cabeceras del court central, Sol Estevanez, la mujer del finalista de Roland Garros; Andrés Schneiter, el gran amigo y entrenador; Daniel Durán, el psicólogo del tenista; Sebastián Estevanez y Jimena, su pareja, que rezó el rosario durante toda la tarde. Y Jorge Brasero y Olindo Iacobelli, los propietarios de la empresa Biandra, que maneja los intereses comerciales de Puerta y de Gastón Gaudio. Todos juntos, alentando a Mariano, fumando mil cigarrillos y tomando mil litros de agua.
“Vamos hermano, disfrutala”, gritó Schneiter en el momento en el que Puerta se disponía a realizar el primer saque del partido. El susto transformó las caras de todos cuando el tenista les avisó que tenía un dolor en la pierna derecha. “¿Podrá aguantar todo el partido así?”, se escuchó.
Puerta gritaba: “Me estoy rompiendo todo”. Y del banco venía el apoyo. “Dale que podés. Mandás vos. Hacé tu juego, hacé la tuya. Jugá las devoluciones”, decía Schneiter. “Te sobra, te sobra”, apoyaba Lecman. “¡Vamos, Mariano”, decía Durán, festejando de pie cada punto del tenista.
Mientras tanto, Sol, con anteojos oscuros, vivía en silencio. Hasta el séptimo game del cuarto set, cuando Nadal levantó un 0-40. “No se puede creer. Este pibe es de otro planeta.” Tenía razón: Nadal fue de otro planeta. Como también lo fue Puerta en el esfuerzo que también le permitió vivir una tarde inolvidable. Porque si hay una manera de perder a lo campeón, el argentino la demostró en el Bois de Boulogne. Por ello, la hinchada familiar se fue contenta. Puerta había dejado todo por ganar. No se pudo. Pero ésa es otra historia que tuvo a Nadal y su capacidad como culpables.
La hazaña consumada por Mariano Puerta, que tras un período sombrío alcanzó la final de Roland Garros, donde disputó un partido fantástico ante Rafael Nadal, rebotó en la Argentina y en el resto del mundo.
“Me llenó de orgullo la garra con la que jugó Mariano. Como argentino me dio mucha felicidad su actuación”, dijo Diego Maradona en el programa “La Cornisa”, de América.
El Diario As, de Madrid, indicó: “El todopoderoso Nadal pudo con un rival de altura, que, zurdo como él y especialista en polvo de ladrillo, se hartó de buscar una y otra vez ángulos imposibles”. “Roland Garros merecía un campeón como Nadal y un finalista de la altura de Puerta”, se indicó en El Mundo Deportivo, de Madrid.
En el sitio web que la revista Sports Illustrated comparte con CNN se expresó: “En un match tan electrizante como brillantemente jugado, Nadal se sobrepuso a una inspirada actuación del no preclasificado Puerta”.




