Un fuera de serie y una sorpresa, en el camino de la Davis

Del Potro y Schwartzman, que venció a Goffin en su tierra, jugarán hoy sendas finales y entusiasman a futuro
Ariel Ruya
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23 de octubre de 2016  

Fuente: LA NACION

Juan Martín del Potro es un gigante. No se trata, de modo excluyente, de su tamaño, sus 198 centímetros. Su regreso a los courts, con la derecha arrolladora, detrás de las lesiones de muñeca y de los vaivenes emocionales, provoca un impacto mayúsculo, detrás de la medalla plateada de los Juegos Olímpicos y de los sorprendentes cuartos de final en Flushing Meadows. Es un fuera de serie, de regreso, a los 28 años, con el mundo por delante y con 18 títulos bajo el lomo, incluido el US Open 2009. Su puesto de ranking actual, el puesto 63, es una mentira, un disfraz: juega desde hace varias semanas como un auténtico top-ten.

Diego Schwartzman es un pequeño valiente. No se trata, de modo excluyente, de su tamaño, recortado en 1,70m, una medida con sabor a poco para la alta competencia, en la que los palazos y el rigor físico le recortan envergadura. Tímido y talentoso, choca contra gladiadores y contra sus propias sombras. De 24 años, en el puesto 77 en el ranking, con apenas un título profesional, es parte de una generación de entusiastas, nadadores de tempestades, sin la clase de colección de la nostalgia, como Nalbandian, Coria y Gaudio, por citar apenas a tres. Sube y baja la cabeza, como Mayer, Pella, Delbonis y Zeballos.

Delpo y Peque, la figura estelar y el actor de reparto, de pronto, reúnen el afecto y la admiración del universo raquetero con una semana de ensueño, listos para dar el zarpazo final. El tandilense y el porteño jugarán hoy en dos bellísimas ciudades europeas por un título ATP 250 . Más allá de sus posibles triunfos personales, se descubre otra realidad, una suerte de obsesión para el deporte argentino: la final de la Copa Davis , prevista para fines de noviembre, en Zagreb. Del Potro es número puesto: sin su espigada figura, sus martillazos desde el fondo, la renovada confianza en el revés a dos manos y las voleas agresivas y valientes que aparecen cada día más en continuado, ganarle a Marin Cilic y compañía en su casa, parecería un boleto de lotería. Schwartzman, en cambio, está en las gateras: Daniel Orsanic , el capitán, lo mira de reojo. Detrás de Mayer, Pella y... alguno más. Sin embargo, juega con sutilezas, es vigoroso en el arte del sudor y tiene la confianza por las nubes.

Del Potro alcanzó la final de Estocolmo al derrotar al búlgaro Grigor Dimitrov (segundo favorito del certamen, por un marcador de 6-4 y 7-5) y hoy tratará de conquistar el primer título en casi tres años. Todo un símbolo de dónde viene. Su última vez fue en enero de 2014 en Sydney; chocará hoy con el norteamericano Jack Sock (superó por 6-7 (4-7), 7-6 (7-4) y 6-4 al alemán Alexander Zverev), desde las 10, por Fox Sports. El joven, de 24 años, que vive en Kansas, no es un improvisado: 23º en el ranking y, sobre todo, le sobra futuro. Como siempre, Delpo baja las banderas cuando habla. Y, más tarde, las eleva cuando juega.

"No tenía la expectativa de ganar este tipo de partidos a principios de temporada, así que es muy lindo ganarlos. Cada día es importante para mí", expresó Delpo, que perdió ante su adversario de hoy en la única vez que jugaron, en el Masters 1000 de Madrid. "Juega bien y muy rápido. Es muy joven y tiene mucho futuro", analizó.

Schwartzman, el otro invitado en un domingo a la mañana a puro tenis, levantó dos match points y venció por 7-5, 2-6, 7-5 a David Goffin (un crack y máximo preclasificado) y alcanzó la final de Amberes que jugará hoy, desde las 9.30 (DirecTV Sports) contra Richard Gasquet , el último de los románticos.

Por: Ariel Ruya
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