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Antonio Bullrich ocupa tantos frentes dentro del turf que el hecho de que haya sido nombrado presidente de la comisión de carreras de Palermo sabe a consecuencia lógica; a decantación, producto casi de su omnipresencia.
El directivo lo explica: "Después de vivir cuatro años en Estados Unidos como asistente de John Fulton cuando era entrenador y con el agente de ventas William De Burgh dije de acá no me mueven. Sabía que iba a dedicarme a los caballos, pero no sabía muy bien en qué lo haría".
Una vez descartada la posibilidad de cuidar ("no quería ser esclavo ni dejar de viajar, que fue la mejor forma de aprender", aclara), se acercó a los remates, lo que tenía más a mano, genes mediante: "Emulaba a Arturo -su tío- y a Diego -primo-. La voz de Arturo me pegó acá (se señala el oído) y la extraño. Salía del colegio y corría al tattersall."
-¿Y si hubiera sido cuidador, a quién se habría parecido?
-Me hubiera encantado una mezcla de la locura de Guillermo Frenkel Santillán y la seriedad de Coco (Roberto, su hermano)... con la capacidad de los dos.
Luego de disfrutar de "éxito en lo comercial", según su definición, Bullrich ingresó en el Argentino en 1993, como comisario. "Ya tenía la camiseta de Palermo porque venía de chico, mientras que a San Isidro no nos dejaban entrar", recuerda.
-Con su conocimiento del turf internacional, ¿a qué hipódromo le gustaría que se parezca Palermo?
-Quiero que se parezca a Palermo en su esplendor. No creo en copiar lo visible, lo mejor de Hong Kong o de Churchill Downs. Este hipódromo fue lindo y no hay mucho que inventar. Lo visible es comodidad para el apostador, el propietario y el caballo. Mejorar las duchas para los caballos, que el peón tenga un lugar confortable...
-¿Y qué es lo que no se ve?
-La programación. Quiero que haya dos caminos ventajosos para el propietario. Hoy hay que mirar el libro de anotaciones y entenderlo. El claiming va a simplificar, porque le pongo un precio a mi caballo, por caso $ 15.000, y sé que no va a venir un Little Jim a ganarme. Si pierde, sabré que vale menos. Para el apostador también va a ser más fácil acertar.
-La superposición de condiciones es otro problema.
-Me gustaría que San Isidro y La Plata hagan lo mismo. Voy a poner mucho énfasis en las preparatorias de los clásicos. El proceso selectivo de Palermo es excepcional y la programación debe ser acorde. San Isidro también tiene una gran selección y quiero competir sanamente.
-¿Esto no chocaría con su trabajo como agente de venta de caballos?
-Lo tengo que asumir y entender. Este es un país que exporta, el propietario tiene que vender y eso es lo que hace funcionar el mercado, porque ese propietario vuelve a comprar un potrillo, como se reflejó al duplicarse los precios en los remates. Este año ocurrió que Little Jim, Disney Walt y El Elogiado se vendieron pocas horas antes de los grandes premios, pero siempre sale un Mr. Alleva o un Mr. Nancho.
Cuando se habla del conflicto de intereses que se le presenta a Antonio Bullrich con su polifuncionalidad, el dirigente recurre a la imagen que se tiene de él: "Nunca fui de ir a la batalla, siempre traté de actuar con sentido común, consensuando".
-Cuando fue comisario tuvo que resolver conflictos que involucraban a sus clientes.
-Sería romántico decir que no me fijé en la chaquetilla el día que Akiro fue distanciado en un República Argentina (se le dio el triunfo a Lazy Lode). Esa y la de Lignify (yegua de Vacación), en las Estrellas, fueron las definiciones más duras. En la Polla de Guernika y Miss Linda (de la que fue uno de los dueños) ya no estaba en el comisariato, pero hubiera tenido que abstenerme de intervenir. Una vez dictado el fallo, para mí, lo resuelto por los comisarios siempre está bien.
Bullrich dice que las tragamonedas facilitaron un aumento del 76% en los premios respecto del año último. "Estuvimos a punto de cerrar hace un año, y ahora pensamos en que dentro de otros dos los premios llegarán a cuatro veces las cifras de 2002", se entusiasma.
Y seguirá pensando también en lo que se ve. "La redonda va a volver a su lugar original, pegada a Dorrego, y la de hoy será un sitio para el público. Quiero que de acá para allá (indica el ingreso de la oficial hacia el del paddock) sea todo caballo, y que las tragamonedas sigan estando abajo."
Respecto de Máximo Domínguez Alzaga, su antecesor, Antonio Bullrich tendrá una función más aliviada o más pesada, según como se la mire. El oxígeno de las tragamonedas le permitirá desplegar esos gustos que comparte con la mayoría de los que aman las carreras, mientras que las actividades que desarrolló hasta ahora y que no piensa dejar lo tendrán en la cornisa del cuestionamiento.
Si lo sabe manejar con inteligencia antes que con muñeca, el éxito le quedará más a mano.
Es la tarde de un viernes con reunión en Palermo. En la oficina de Antonio Bullrich el televisor muestra la tercera carrera. Había cinco caballos anotados y corren apenas tres, sobre 1800 metros.
-¿Por qué no anuló esta carrera?
-Es una política que vamos a tratar de seguir. No quiero que se instale aquello de ‘no anotes porque se va a anular’. De aquí (señala la pantalla, vienen corriendo) va a salir un caballo clásico. Caminé mucho la cancha y sé que los borrados tuvieron problemas; voy a ser muy severo el día que me llenen una carrera (se refiere a la anotación de ejemplares que se sabe que no van a participar). Hay que tratar de cambiar la mentalidad de los cuidadores y ahora se puede hacer. Nos pasamos diez años apagando incendios.
Pocos días después, el dirigente cumplió: la comisión de carreras suspendió provisionalmente a tres entrenadores, Adolfo P. Giovanetti (h.), Miguel Díaz y Osvaldo Poggi por retirar las tres yeguas que anotaron en una condición que fue reabierta, el viernes 12. La resolución dice textualmente que hay "semiplena prueba (...) de que estas inscripciones fueron realizadas con engaño y sin intención de hacer participar a los ejemplares". El cotejo tuvo sólo cinco competidoras.


