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Murió Hernán Ceriani Cernadas. Falleció el dirigente hípico, el criador, el propietario, el que hizo de su haras La Quebrada una marca registrada, un símbolo del elevage nacional.
Sólo la enfermedad pudo apartarlo de los hipódromos; desde hacía tiempo luchaba contra un cáncer de páncreas; últimamente le venía ganando por poco.
Fue Hernán Ceriani Cernadas un cabañero que tendía a la excelencia; un dueño que disfrutaba con ver correr a sus productos, con la camiseta roja y blanca de La Quebrada o la de sus clientes/amigos.
Hombre de opiniones propias, de firmes convicciones, Hernán era un turfman de los de antes en tiempos de los de ahora; siempre caballero, en el éxito o en la derrota.
Prismáticos colgando de su brazo derecho, el escribano, fallecido ayer a los 73 años, era hombre de tribuna; difícil verlo, pues, mirando un desarrollo bajo la pantalla de un televisor.
De tribuna y también de escritorio, porque fue uno de los pilares de la Fundación Equina Argentina, que presidía, y de donde surgieron las Carreras de las Estrellas, que revolucionaron el turf argentino en los tiempos modernos. También, durante un período, presidió la Cooperativa de Criadores; fue secretario del Stud Book y vocal de Criadores Argentinos.
Cuando Ceriani Cernadas hablaba, los demás hacían silencio para escucharlo. Podrían coincidir o no con sus verdades, pero nunca saldrían de su boca palabras huecas de contenido.
El haras La Quebrada ya existía cuando era chico, pero fue el encargado de mejorarlo cuando, junto con su hermana Sara, lo heredó de su padre, también llamado Hernán. Incluso, el nombre de la cabaña de Pilar responde a una anécdota que lo tuvo de protagonista, cuando cayó de un caballo y terminó con algún hueso roto.
"Uno nunca se acostumbra al éxito; no importa que se dé en una gran clásico o en cualquier otra carrera; cada producto que debuta da una emoción distinta", solía decir, con sinceridad.
Citar los grandes premios ganados por sus caballos sería una obra de nunca acabar; prácticamente, no se le escapó ninguno. Fue el criador de Hangar y de Cheerful, ganadores del Nacional; disfrutó el Pellegrini con Larabee; en su haras nacieron siete vencedores de la Polla de Potrillos y otros tantos de la de Potrancas. La cuenta de Grupos 1 ganados por sus caballos pasaron del centenar. En 1976, su cabaña ganó la primera estadística; le siguieron muchas más. Fue, también, el descubridor de Southern Halo, el mejor padrillo de los últimos tiempos.
Su sepelio se realizará hoy, a las 11.45, en el cementerio de la Recoleta.


