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Conserva el entusiasmo del primer día Angel Bonetto. Por eso, a los 73 años, sigue preparando caballos de carrera en Venado Tuerto y disfruta de esas cinco horas que transcurren desde que sus ejemplares dejan su box hasta que llegan al sector de tránsito de Palermo o San Isidro. Un sabor especial tienen los regresos si los resultados son como el del sábado pasado, cuando Elness, el potrillo que eligió en el haras, ganó el clásico General Lavalle (G 3-1000 m), en el Argentino.
"Buscaba un hijo de Luhuk y me enteré de que en Torre Herberos había uno. Lo fui a ver, me gustó también físicamente y unos meses después ya lo estábamos entrenando", recuerda el cuidador, y utiliza la primera persona del plural porque hace ya tiempo que trabaja junto con su hijo, del mismo nombre.
"Hacemos unos 360 kilómetros cada vez que venimos a correr. Uno le pone mucha pasión a esta profesión, como cuando era vareador o corría cuadreras", sostiene Bonetto, orfebre de aquel notable ligero que fue Mali, ganador del Alzaga Unzué de 1986. "Fue el mejor caballo que tuve. Con él gané trece carreras", apunta.
No es casual que ambos ejemplares sean veloces. "En el interior tenemos más predisposición para las cortas", explica el entrenador, que les saca punta a sus caballos en la recta de 1200 metros que tiene el hipódromo de Venado Tuerto.
Bonetto empezó a cuidar poco después de cumplir los 20 años. En esos tiempos también corría, pero notaba que era algo pasajero. "Estaba complicado dar el peso", afirma. Pasó más de medio siglo y mantiene su fervor por las carreras "con seis o siete caballitos". Su receta ya es un clásico: "Me gusta foguearlos en las cuadreras, que ganen y después traerlos". Están todos avisados.


