

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

La vida de Néstor Fernández transcurre entre Córdoba y Buenos Aires. Difícil adivinar dónde estará mañana. El sábado pasado ganó el Gran Premio Suipacha (G 1) en San Isidro, con la yegua City Glam, y al día siguiente prefirió viajar a Río Cuarto antes que aceptar las tres montas que le habían ofrecido para correr en Palermo.
"Soy raro, llevo una vida loca. Me gustan más las cortas y no me tengo que cuidar mucho para dar el peso", explica el jinete, cuya relación con el caballo cambió radicalmente con el paso de los años. "No me gustaban de chico. Pero a los 12 me fui de mi casa para ir a trabajar de peón con [el entrenador] Sergio Quintana, tuve que empezar a varear y le tomé el gustito. Me insistieron él y su hermano Jerónimo, y vine a la escuela de aprendices", recuerda el cordobés, nacido hace 23 años en Calchín.
En su camino también se cruzaron Juan Noriega, que le dio asilo en San Isidro, y Jacinto Herrera y Elvio Bortulé, que ya como preparadores lo acercaron a La Quebrada. Es allí donde se criaron City Glam y Studentessa, con la que logró su otro Grupo 1, el 1° de mayo de 2010.
Ese éxito en el Jorge de Atucha fue con otros colores, los de Cheche, pero el mismo entrenador. "Bortulé me quiere mucho. Un día después de que City Glam llegó segunda en el Estrellas Sprint dejé de correr y a la yegua la mandaron al campo. Cuando volvió al stud, El Gringo me llamó y me dijo que la iba a correr yo. Por ella es que volví el mes pasado", confiesa Fernández, que en esos 45 días que estuvo sin competir sufrió además un duro golpe, la muerte de su padre, Néstor Ángel. "A él le dedico este clásico", mencionó repetidamente.
"Algún día me voy a tener que estacionar en algún lado, pero todavía no llegó el momento", terminó reflexionando el jinete, aferrado a su copa, los afectos y las convicciones.




