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Stay Tune construyó una victoria de las que le dan un plus a lo que ya de por sí resulta inolvidable por ser el ganador del Gran Premio Jockey Club (G1), el segundo paso de la Triple Corona argentina. Este sábado, en los dos kilómetros de césped de San Isidro, pisó la recta final último, superó a sus trece rivales acelerando a pura potencia en un terreno exigente después de tanta lluvia y volvió a dejar atrás a Hi Pocho, el favorito, como hace 70 días.
Desde entonces, el potrillo comenzó a ser preparado para este compromiso sin asumir ningún otro, mientras el camino selectivo deparaba nuevas figuras. Guardó energías para el momento preciso. Y si sus buenos resultados en grandes premios posteriores al debut exitoso en abril invitaban a soñar, el aura de su entrenador y de su propietario sumaban motivos adicionales para fortalecer el sueño: Carlos Daniel Etchechoury llegó a los 10 festejos en el clásico con más historia en su rol de preparador, logrados en los últimos 20 años, y para el stud Las Monjitas representa el cuarto, en las siete ediciones más recientes.

“Salió todo al revés de lo que esperaba. La intención era que viniera mucho más cerca, pero cuando se abrieron las gateras no era el caballo que conocía, nada fue lo que pensaba. Entonces, busqué serenarlo, ir acercándolo de a poco y cuando pasó de largo ahí sentí que se me daba lo que soñé toda la vida”, describió Cristian Velázquez, el jockey que llegó a su montura por primera vez en público, ya que hasta aquí sólo se había subido en los entrenamientos. Ahora, apenas semanas después de ser convocado como primera monta de las sedas de Camilo Bautista, pagó la confianza con el mejor resultado, aunque a 800 metros del disco pocos podían imaginar este final.
En rigor, el desenlace tuvo como protagonistas a los dos principales candidatos, pero también a aquellos cuya partida les había bajado el precio. Porque así como Stay Tune quedó demasiado lejos temprano, su escolta Hi Pocho llegó a dominar gran parte de la recta final después de una salida casi en cámara lenta, lo que lo obligó a un esfuerzo mayor para acomodarse desde el partidor más externo de todos. Se jugó entero y sólo una atropellada de las impensadas logró vulnerarlo, por un cuerpo y medio, un margen un poco más cómodo del que hubo entre ellos en las Dos Mil Guineas (G1), en julio pasado, al quedar tercero y cuarto, a la sombra de Colorado del Monte, uno de los que no llegó hasta aquí porque se vendió y seguirá su campaña en Medio Oriente.
Por su parte, Linguado, que había heredado el primer puesto en la Polla de Potrillos por la descalificación de Fletcher, estuvo deslucido y terminó muy lejos, de los últimos, undécimo. Era el único en carrera por una Triple Corona que no se conquista hace 30 años. Habrá que seguir esperando.
Colifato Novo sale a correr siempre adelante de firme y emociona con su entrega. En otra de las citas premium de la jornada, el Gran Premio San Isidro - Copa Melchor Ángel Posse, llegó a su décimo triunfo y fue el más contundente de los tres éxitos de Grupo 1 que acumula en su campaña, todos ellos en una milla de césped.
Con la velocidad y la potencia que ya mostraba de potrillo en 2024, cuando lo montaba Joaquín Cano, los perdió de vista para escribir un capítulo más en el robustecimiento de su leyenda. En estos tiempos, “Canito” delegó las riendas a un gran intérprete del manejo del zaino como lo es el jockey Iván Monasterolo y se dedica a cuidarlo, como sucede desde que lo recibió en Villa Mercedes, a unos 95 km de la capital de San Luis, donde lo varea en una cancha de tierra con un trazado de 1700 metros. Esta vez, para dar menos ventajas con el viaje de cara a este desafío, lo dejó en la villa hípica del hipódromo del Jockey Club tras su victoria del mes pasado.
El caballo de la máscara violeta y blanca, a tono con los colores del stud El Ranquel que lo identifican, es aquel que nació en agosto de 2021 en un campo de cinco hectáreas de Coronel Charlone, creció en la frontera entre Córdoba y Buenos Aires, y ya había ganado sus carreras más importantes antes de salir a competir, en sus primeros años de vida. Porque se había comido accidentalmente un trozo de una bolsa de consorcio, lo que demandó una rápida asistencia veterinaria, y sufrió un golpe fuerte a los 6 meses que llevó a muchos a tener malos augurios con su futuro. Lo que demuestra hoy, a los 5 años, es aquello por lo que lucharon con un gran afecto los Conti en esas tierras en las que adquirió anticuerpos para lo que vendría. Pudo con todo. Lo sigue haciendo. Ahora, sin el suspenso de las últimas salidas. Ganó por cuatro cuerpos.
En el Suipacha (G1-1000m), nada fue como esperaba la mayoría. En su regreso a las carreras fuertes tras poco más de un año volando por debajo del radar, el tordillo Es Por Amor se adueñó de la prueba que su padre, Strategos, conquistó hace seis años.
Reconvertido en velocista en los últimos cuatro meses después de valiosos resultados en 2025 en los grandes premios para potrillos en la media distancia, el ejemplar preparado por Pablo Sahagian se reservó sus ligerezas para el tramo final. Allí fue donde pasó de largo al favorito Bailarín de Venecia y contuvo por tres cuartos de cuerpo a Claro Bombón, el único rival que se animó a correr aún más abierto que el vencedor.
Con la chaquetilla del stud cordobés La Palmera, Es Por Amor sólo había vencido esta temporada en compromisos de la categoría más baja, las denominadas “alternativas”. Sin embargo, Pablo Carrizo lo condujo con el optimismo que se lleva a uno de los candidatos y el recuerdo de todo lo que había insinuado en su etapa de potrillo.
Previamente, Honest Boy volvió a la competencia tras casi 100 días con una atropellada memorable en el Clásico Yatasto (G3-2400m), una de las pruebas que el césped de San Isidro ofrece en su ruta hacia el Carlos Pellegrini, de diciembre.
De último a primero, el alazán del stud Haras El Ángel de Venecia pasó a la mayoría de sus rivales en la recta final, inicialmente en un trabajo de aproximación por dentro y luego, con una aceleración formidable abierto, hasta alcanzar a pasos del disco a Cazador de Areco, que había tomado amplias ventajas. Achicó lo que parecía imposible, un adjetivo al que también le hizo frente Eduardo Ortega Pavón, su jockey, para recuperarse de una pequeña fractura en el pie derecho en apenas dos semanas y regresar a las pistas dos días antes de la gran fiesta.
Con enorme predisposición para los cotejos sobre un pasto que recibió muchísima agua en las horas previas, Honest Boy logró su tercer triunfo clásico, todos ellos en jornadas con el cartel de “pista húmeda”. Pero es un galopador todoterreno, un 4x4 de físico mediano y corazón grande que se quedó con la mayor tajada en el 1-2 de los caballos entrenados por Carlos Daniel Etchechoury. Sí, el mismo que se adueñó otra vez del Jockey Club, como si se hubiera creado para él.




