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El triunfo del caballo Purvis, con la monta de Andrea Marinhas, en el clásico Chacabuco, el sábado último, en Palermo, permitió evadirse del ritmo vértiginoso que depara el turf actual para trazar cierto paralelismo con otra época gloriosa.
Se trató de un ejemplar fondista, guiado por una jocketa y cuya preparación está a cargo de Juan Esteban Bianchi , algo que hizo memorizar el exitoso binomio que conformó junto con Marina Lezcano y tuvo su obra cumbre en Telescópico, el último cuádruple coronado, en 1978.
Bianchi, cuya vigencia y victorias no ceden ante el paso del tiempo ni los cambios de jinetes, guarda excelentes recuerdos de aquellas hazañas. " Me han corrido grandes jockeys, pero a Marina nunca pude reemplazarla ", sorprende el entrenador.
Con la misma serenidad, explica por qué coincidentemente otra mujer tiene prioridad sobre sus caballos: "En otras épocas había casi diez pilotos clásicos. Ahora, en un gran premio la mayoría parece estar pálido por la responsabilidad. La diferencia la marcan Valdivieso, Falero, Herrera, Julio Méndez y Noriega, pero generalmente están comprometidos y no se puede estar improvisando".
Para evitarlo, el cuidador se fijó en Marinhas. "Ella tiene condiciones, es inteligente, seria, muy segura y estudia las carreras; facilita las cosas porque entiende mejor lo que se le pide al tener un estudio terciario . Sólo necesita apoyo", dice respecto a la futura abogada.
Para Bianchi hacen falta tanto profesionales jóvenes como pruebas en mayores distancias. "Se abren las puertas a los jockeys extranjeros y se les dan los mejores caballos, pero aquí la escuela sigue cerrada", se lamenta mientras agrega una propuesta: " Al igual que para los cuidadores y vareadores, hay que volver a dictar clases y que los más destacados hagan su aporte" .
Sobre los fondistas, reconoce que "la obligación de vender y la programación actual, donde predominan los cotejos para veloces, atentan contra la categoría". No obstante, "si los hipódromos garantizaran las carreras largas y los premios tuvieran una relación que hoy no existe, se podría tener un mejor espectáculo", asegura.
Igualmente, el cuidador, con cuyo nombre se denomina el segundo piso de la tribuna Paddock, en Palermo, sabe que el turf no recibe el apoyo merecido: " Los gobernantes no se dan cuenta del trabajo que genera esta actividad ", finaliza.


