Juan Noriega: con las riendas firmes y la mente lúcida rumbo a la Triple Corona

Noriega: a 28 años de su debut, el jockey cordobés de El Crispín dirigirá el sábado a los candidatos en el comienzo de la Triple Corona
Noriega: a 28 años de su debut, el jockey cordobés de El Crispín dirigirá el sábado a los candidatos en el comienzo de la Triple Corona Fuente: LA NACION - Crédito: Carlos Lares
Gustavo S. González
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3 de septiembre de 2019  • 23:59

Después de los 28 años trajinados en los hipódromos, de los 4100 triunfos, del humor que es su marca registrada, inevitable en un cordobés de pura cepa, Juan Carlos Noriega quizá sea el jockey mejor montado en la Pollas de Potrillos y de Potrancas, que se correrán el sábado en Palermo. Pero en su casa no tiene una colección de trofeos de estas carreras que inician la Triple Corona. Raro, apenas con City West ganó la de los machos, en 2000. Y la de hembras solamente el año pasado, con Summer Love. No parece mucho para un jockey tan ganador y tan metido en la gente (para todo el mundo es Chupino).

"Los caballos que tengo este año son ideales, corren encima de la carrera. Se van a hacer con un poquito más de desarrollo. Cuando corren los buenos se hace el desarrollo, que no lo hay cuando corre cualquier matungo". El potrillo es Opus Alpha, el invicto con escasa experiencia pero de notable futuro, que corre con los colores de La Leyenda, los mismos de Summer Love. La yegua es Evincing: "Siempre corre bien; con Joy Epífora perdió las Estrellas a hocico y ganó el Luis María Campos; ojalá la tercera sea la vencida".

Evincing, en el Luis María Campos

Desde aquel 1991, cuando todo empezó para Juan, cambió mucho y poco en las carreras. Llegó con 17 años de El Crispín, Córdoba, y hoy tiene 45. "No había hecho escuela. porque era inteligente (se ríe, sale la primera broma). Acá salieron en ese tiempo Horacio Karamanos, Mario Londaitz, Martín Bourdieu, Omar González. Antes no venían tantos chicos de afuera, ahora hay más, está lleno de cordobeses. En Córdoba aprendés con los viejos maestros. Estuve con el Negro Montoya, el Gringo Romero, mi hermano Hugo -el papá de José y de Lucas, jockeys en Buenos Aires-. José se volvió con su familia a Diego Rojas, están más tranquilos, Buenos Aires es cruel para vivir cuando no ganás tantas carreras. Tiene condiciones, pero no lo ayuda el físico, es muy alto".

Lucas sigue aquí: "Arrancó muy bien, es livianito, hizo la escuela dos años y pico. En mis tiempos me dieron la autorización para correr y después quedé. Todavía no se dieron cuenta, por suerte los caballos no hablan (risas de nuevo)".

-¿Qué tan distinto sos de aquel jockey que llegó de Crispín?

-Te vas puliendo mucho acá adentro, aprendiendo muchas cosas, experiencia. ¿Mañas?, todas. Lo malo es lo primero que uno aprende. Trato de ser lo más correcto y honesto posible con todos, sobre todo los colegas, dejarles una buena imagen a los chicos. Ahora corro menos cantidad y más calidad, no voy a buscar montas desesperado, nunca lo hice. Las carreras no se van a terminar; tomarle la leche al gato no le sirve a nadie.

-Algunos problemas con compañeros tuviste. con Juio César Méndez, por ejemplo.

-Por montas y por trabajo, jamás. He tenido roces. A Julio le tengo mucho afecto, igual que a su familia; él estaba pasando un mal momento por la enfermedad de una de sus hijas. Ahora hablo mucho con él, está todo bien. Son cosas que pasan. Nos dijimos cosas muy duras, que estaban guardadas. Es el dolor y la vergüenza más grande que tuve en la profesión, porque nunca me peleé con nadie. Tengo 28 años en esto, voy bastante bien.

Con una campaña tan larga en una profesión tan dura y riesgosa, pende el dilema de cuándo retirarse, aunque a Chupino le quede mucho hilo todavía. "Tengo unas cabañitas en Paso de la Patria (Corrientes), pero el negocio mío está acá adentro; mientras me dé el cuero seguiremos acá, como cuidador no me veo. Me gusta pero es mucha responsabilidad. Les he corrido a los mejores cuidadores, que han ganado todo, así que tengo una buena escuela. Cuando deje de correr haré algo relacionado con la actividad, en otra cosa soy nulo".

Hay dos entrenadores gigantes, tremendos ganadores, con los que Noriega trabajó décadas. Juan Carlos Maldotti y Roberto Pellegatta. "Con Juan Carlos trabajo hace 25 años, me tiene confianza. Trabajando tanto tiempo con ellos uno opina y ellos escuchan. Y son los que deciden.

El otro cuidador es Roberto Pellegatta. "Está como siempre, en el stud, en la cancha, pero no sé si va a volver a presentar en las carreras [estuvo suspendido y ya está habilitado]. Pero al hipódromo viene, tiene un personal de primera, con Miguel Suárez y Juancito Saldivia y todos los capataces, además de unos cuantos jockeys. La cabeza está ahí y hay que acompañarlo".

La relación es más que profesional entre ambos. "Le dije a Pellegatta que cuando se vaya él me voy yo. Correré cuatro o cinco años más, hasta los 50. Depende de cómo esté el físico y si puedo mantenerme, no correr una vez por semana. Que los chicos estén criados (sus hijos, Guido, de 21, y Sol, de 18); llevamos 23 años de casados con Paola. Un par de esas chances la tendrá el sábado, en Palermo.

Con Nacho Fernández no hay grieta

Fanático de Boca, Chupino se hizo amigo de Nacho Fernández por Soy Carambolo, el caballo que ganó un Pellegrini y cuyos dueños conocen al futbolista. "Todavía estoy colgado del travesaño", le dijo el jockey el lunes a la tarde, cuando Nacho lo llamó, preocupado por los jinetes que rodaron en la cuarta carrera de Palermo, que vio por internet. "Todos los martes que él puede comemos juntos. Es un chico bárbaro. No hay pica, somos compañeros de truco con Choco, un amigo mío". Son cenas más futboleras que burreras. "Del otro lado están el tano Fasciuto (aquel que jugó en Argentinos y Racing), Beto Carranza (Boca y Racing), Chacho Cabrera (Boca) y el Negrito González (jugó en Ferro, es el representante de Nacho). Cristian Villabona -jockey- también viene, es mi amigo". ¿Y cómo está Cabrera?, pregunta uno, quizá por una cuestión generacional. "Chacho es un crack, se operó de nuevo para seguir jugando en el campeonato de Macri. Tiene 55 años y 19 operaciones, un tipazo", se admira Noriega.

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