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El 8 de marzo de este año, Yolanda Dávila, hasta allí la jockey sensación del turf argentino, vivió un accidente tremendo. De esos de los que a veces no se vuelve. La yegua a la que montaba en el hipódromo de La Plata tropezó y Yolanda se fue de cabeza al suelo.
Los 60 km/h a los que galopan los caballos fueron demasiado como para poder frenarlos en seco. Entonces sucedió lo inevitable. Un competidor no pudo esquivarla y la atropelló, provocándole un severo traumatismo craneoencefálico que la hizo entrar en coma.
Hoy, por fortuna, Yolanda Dávila puede contarlo. " Cuando caí no me pasó nada, el problema fue que me pateó la yegua que venía detrás" , afirma en lo que fue su primer contacto con la prensa desde su accidente.
"Yoli", como la conocen en los hipódromos, comenzó su carrera a los 24 años, ya grande para el promedio de edad al que suelen iniciarse los demás jockeys.
Su padre no quería saber nada de verla con breeches, botas y chaquetillas. Para jockey, con Osvaldo, su otro hijo, ya tenía demasiado. Pero a fuerza de perseverancia ella logró su objetivo. En su primera temporada en las pistas, la jockey cosechó importantes triunfos y cuando llevó al disco a Star and Spripes en la Carrera de las Estrellas el hipódromo se vino abajo.
Después, un viaje a los Estados Unidos para correr allí durante cuatro años; su regreso al país y el accidente.
Estado de coma, decían los partes médicos, y el recuerdo de la muerte de Karina Rachid, tras soportar un accidente similar, flotaba en el aire.
Habla Osvaldo, su hermano. "En esta profesión es muy difícil no caerse. Yo mismo tuve trece rodadas en un año. Pero mi hermana se pegó feo."
Después de permanecer varios días inconsciente y tras una exitosa operación, Yolanda comenzó a responder y el 12 de abril, el día en que nació de nuevo, fue dada de alta. Dos semanas después, por sus propios medios , comenzó una rehabilitación neuropsicológica.
Actualmente visita tres veces por semana el consultorio para un tratamiento que se focaliza sobre aspectos relacionados con la memoria, la comprensión, la orientación y toda función cerebral que se haya visto afectada por el golpe en la cabeza. Además, como complemento, trabaja sobre su físico. " Voy al gimnasio, salgo a trotar un poco y hago bicicleta" , dice, rompiendo la timidez.
Como buena mujer, Yolanda tampoco descuida su coquetería. "Ahora tengo el cabello por los hombros. Antes lo llevaba casi por la cintura", cuenta entre risas.
Tanto Marcela Soto como María Inés Previgliano, las dos médicas que la asisten, afirman que Yolanda "pone mucho empeño en su rehabilitación. Nunca faltó a una cita", dicen, mientras Dávila promete que pronto "voy a llevarlas a conocer un hipódromo".
Yolanda afirma que no le quedó un gusto amargo por su profesión. "Hace unos días fui a La Plata para ver correr a mi hermano. Me sentí bien y si me recupero voy a volver a correr", comentó entusiasmada.
Ojalá lo logre, como cuando, con perseverancia, consiguió hacerse jockey.




