Un homenaje a la historia, con la identidad de los verdaderos Pumas

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
Crédito: VILLARPRESS.
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27 de marzo de 2019  • 23:59

Una de los hitos más trascendentes de la historia del seleccionado argentino de rugby ocurrió el 8 de agosto de 2015, en Durban, Sudáfrica, cuando los Pumas vencieron por primera vez de visitantes a los Springboks (en 1982 lo habían hecho, pero como Sudamérica XV) con el aliento y el apoyo en las plateas de los integrantes del equipo que 50 años atrás había iniciado en esas mismas tierras la leyenda Puma. El encuentro -tras una idea de Agustín Pichot que organizó y costeó la UAR - entre esas dos generaciones, y a días del inicio de la Copa del Mundo de Inglaterra, tuvo altos picos emotivos, como el que se sucedió en el momento de ejecutarse los himnos, con unos y otros frente a frente, cantando entre lágrimas, al margen de los momentos compartidos en los días previos.

El impacto del legado es primordial en la vida y en el deporte. El rugby todavía lo sigue cultivando. En Twickenham, por ejemplo, varios sectores del estadio llevan el nombre de glorias del seleccionado inglés y en todos los demás grandes escenarios -Eden Park en Auckland, Millennium en Cardiff, Murrayfield en Edimburgo- hay un espacio reservado en las plateas para que asistan invitados aquellos que han vestido los colores de cada país. Ahora, la UAR tiene el suyo en Vélez Sarsfield para los partidos de Jaguares y para el test con los All Blacks por el Rugby Championship.

Con motivo del 120° aniversario de la Unión Argentina de Rugby que se cumplirán el 27 del mes próximo, la entidad habilitó 200 lugares en el sector C de la platea Sur -justo en el medio de la cancha, hacia donde enfocan las cámaras de la televisión- para Pumas de todas las épocas. Pasado mañana, en el encuentro Jaguares-Chiefs, allí se mezclarán distintas glorias del juego, que, sin duda, auspiciará la identidad que todavía le falta a la franquicia argentina, integrada, además, por los Pumas de estos tiempos.

Insólitamente, la UAR había cortado este vínculo en los últimos años, sobre todo desde la llegada del profesionalismo. A varios Pumas, como los del 65, no se los invitaba a los partidos del seleccionado. O se los ubicaba en sectores incómodos. La llegada de los 120 años, la necesidad bienvenida de reforzar vínculos con la historia en estos momentos de intensa transición y, también, el uso que se le dará a esto con el marketing, cumplen con la premisa del legado.

Está claro que los 200 lugares en Vélez -la experiencia se puede repetir en Salta, cuando los Pumas enfrenten a los Springboks por el Rugby Championship- no alcanzan a cubrir a todos los que vistieron la camiseta del seleccionado. La UAR tiene registrados a 861 (el último en sumarse a esa lista fue el joven pilar Lucio Sordoni), pero solo cuentan los test-matches, no así los interprovinciales que se disputaban en las décadas de 1960 a 2011, año en el que concluyeron las giras y se dio paso a la competencia anual. Tampoco están comprendidos en esta iniciativa los que jugaron en el seleccionado antes de 1965, cuando nacieron los Pumas. Es algo que debería revisarse, porque aquellos también hicieron posible la historia.

A cada uno se les otorgó una credencial personal e intransferible para que acudan al partido que deseen, pero previo aviso para reservar su lugar. Esta situación se puede desbordar en el test con los All Blacks. Pero lo importante es: que los que juegan y el público tendrán cerca a quienes escribieron la historia del seleccionado; y a éstos que serán agasajados de alguna manera después de todo lo que dieron por la camiseta celeste y blanca, sobre todo en tiempos amateurs. Se trata de una muy buena iniciativa de la UAR -para copiar en otros deportes- que consolida el transcurso de su centésimo vigésimo cumpleaños.

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