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RÍO DE JANEIRO.– Santiago Lange camina descalzo, y no es que esté en casa, yendo del sofá a la cocina. No, ese hombre que el mes que viene cumplirá 55 años, ya convertido en un eterno olímpico, va desde la Marina da Gloria, la sede de la vela en Río 2016 , hasta una playa a 700 metros de distancia. Pisa sin intermediación la tierra carioca mientras las palmeras le alivian ese sol que es su pan de cada día. Y llega a la arena: banderas brasileñas, futvolei, agua de coco y el Pan de Azúcar al otro lado de la ensenada. Lange está, por varias razones, en el paraíso. Competir junto a Cecilia Carranza (29 años) en la categoría Nacra 17 en sus sextos Juegos Olímpicos es una, pero en absoluto la única.
-¿Sentís que este lugar refleja tu momento vital también?
-Sí, por supuesto. Hemos hecho muchos circuitos acá con Cecilia. Pasamos todos los días entrenando, en bicicleta o corriendo, así es una gran parte de estos últimos seis meses.
–Competiste en Seúl 88, Atlanta 96 y Sydney 2000, fuiste bronce en Tornado en Atenas 2004 y Pekín 2008. No estuviste en Londres, pero 28 años después de tus primeros Juegos estás en Río 2016. ¡Y eso que en Atenas dijiste que eran tus últimos Juegos!
–Nunca lo dije muy seguro. Pero nunca me hubiese imaginado estar en los Juegos a esta altura de mi carrera. Tengo que agradecérselo a mis hijos. Yago y Klaus, que fueron el empuje para que yo esté acá. El fundamento para que viniera.
–¿De no ser por tus hijos no estarías en Río compitiendo?
–Casi seguro que no. Cuando estábamos en la clasificación del Mundial de Santander, en 2014, era el primer clasificatorio para Río. Habíamos quedado entre los 10 mejores, para 8 plazas, antes de la última regata, y a ellos no les había ido muy bien, típico de equipo nuevo: dos hermanos que se habían peleado en el campeonato y se estaban volviendo a Buenos Aires. Yo debía definir el Mundial, al final salimos segundos y nos clasificamos, pero una hora antes tuve una reunión con ellos para ver cómo arreglaba las cosas; me decían “nos vamos a separar, no queremos navegar más juntos”, y yo tratando de calmar las aguas. Hasta les decía que viajaran separados. Así que estaba listo para mi medal race y me preguntaba: “¿Para qué estoy acá? ¿Y si los chicos no van a Río?”. Era una situación extraña. Pero por suerte después se dio todo. Una alegría increíble.
–¿Qué sos en la historia del yachting?
–Es una pregunta muy buena y muy difícil de contestar. Con humildad digo que soy alguien que fue parte de una historia. Desde el 96 hay una serie de atletas, Camau (Espínola), todos los medallistas argentinos, y fui parte de ese grupo de trabajo seguro. Tuve la suerte de participar en la vuelta al mundo por la Copa América, tuve la fortuna de trabajar con diseñadores como Germán Frers o Juan Kouyoumdjian, de formar mi propio astillero, de ganar un campeonato del mundo. Soy parte de la historia, pero es difícil decir qué soy en el yachting. Sí sé que amo el deporte, amo cualquier cosa que flote.
–Vas caminando por la Marina de Gloria y todo el mundo te saluda. Además de lo que sos en la historia del yachting argentino, cabe preguntarte qué sos en la historia del yachting olímpico.
–Hoy puedo decir que soy el que tiene más Juegos Olímpicos en vela, ¿no? Son seis Juegos. A veces yo los hincho a Mateo (su entrenador) y a Cecilia cuando veo a un canoso y les digo: “¿Saben quién es este? Es Mark Reynolds, tiene dos medallas de oro y una de plata y es el americano con más medallas”. Va pasando gente contra la que competí y es increíble lo rápido que pasa la historia, que mis hijos, Mateo (colaborador y amigo), Ceci, no los conocen. Competí contra ellos, en muchos casos compito contra hijos de amigos míos. Me voy cruzando hijos. A veces es una sensación linda. Lo que más siento, para estos Juegos, después de la operación, tengo que decir que fue el mayor sacrificio, esfuerzo, pero del bueno, que hice en mi carrera. Le puse muchas ganas y estoy orgulloso de haber llegado. Con chances para pelear por una medalla. No somos favoritos, pero si corremos bien estamos para pelear.
–¿Vos te operaste de cáncer el día de tu cumpleaños? ¿Cómo fue eso? No hay forma más extraña de pasar un día así…
–Pasó que nunca creí que tuviera cáncer, era una negación. Aparte, para mí, que soy deportista, que te digan “te voy a sacar un pulmón” era el fin. No sólo por los Juegos Olímpicos, porque me gusta salir a correr, andar en bicicleta, hacer ejercicio, squash, surfear. Tardé seis meses para que me convencieran. Decía “no tengo, no tengo, demuéstrenme que es cierto”. Busqué todas las medicinas alternativas, hablé con un montón de médicos, hasta que en un momento me pusieron entre la espada y la pared. Me dijeron que si no lo hacía estaba loco. Cuando me di cuenta de que lo tenía que hacer, dije “lo antes posible”. Con la idea de recuperarme rápido y empezar a pensar en los Juegos. Hasta tuve un paréntesis en el que sólo pensé en mi salud, en lo mejor para mí, obviamente, y no me importaba nada de estos Juegos ni del deporte. Y bueno, le pregunté cuándo era el primer día, me dijo el 22 de septiembre, y fui al quirófano aunque fuese mi cumpleaños. Así fue la coincidencia.
–¿Cuál fue el peor momento de esa etapa desde que te diagnosticaron la enfermedad y decidiste operarte? ¿En qué instante se flaquea?
–Y, vas a ver a un médico, te dice “te pasa esto”, y vos te preguntás “por qué a mí” que siempre cuidé mucho mi físico. Aunque uno también se cuestiona si lo cuida, ¿no? Porque la verdad es que lo exijo, le he dado muchas palizas. Pero en el buen comer, el buen vivir, cuidarme, no tomar alcohol, no fumar, hago deportes desde que tengo seis años… Tuve momentos de preguntarme porqué tenía que pasar por esto ahora. Me cuesta decir que no fue un mal año, porque la gente lo ve como algo malo. Pero para mí fue como una lección de vida en muchos aspectos. Por suerte lo pasé, por suerte puedo estar en los Juegos, y si bien no estoy en el nivel físico que tenía antes, puedo practicar todos los deportes que me gustan y seguir mi vida normal. Me unió un montón a Theo y a Borja, los mellizos, que vinieron a hacer la recuperación conmigo. Hice 450 kilómetros pedaleando con ellos. Me ha dado lindas sensaciones. Ya pasó. Soy de los que se acuerdan de todo lo bueno y miran hacia adelante. Eso fue lo que yo viví. Ahora hace ya seis meses que estoy acá en (el barrio de Urca) encerrado con Ceci y nuestro equipo, súper concentrados y con unas ganas tremendas.

–Para el que no está muy metido en la vela, ¿instalarse seis meses antes en el lugar donde será la competencia es normal o inusual?
–Es excepcional. Fuimos las personas que más horas navegaron en un barco en estos seis meses de todos los que están en la Villa. En el club me decían “el carioca”. Ya éramos de la casa. Nos dieron un montón de cariño porque nos vieron laburar mucho. Eso es lo que me da placer. Medio masoquista si querés, pero me gusta darlo todo a fondo. Lo hemos hecho con Camau para China también. Cuidábamos un poco el físico. “Estamos viejos”, decíamos. ¡Era en 2008! Vamos a usar la experiencia. Navegamos 45 días antes y fue un buen plan siempre. No es nuevo. Es una manera de trabajar.
–Y vos que tenés buen ojo, ¿para que están Klaus y Yago? No te digo sólo en Río, sino a nivel carrera.
–Salieron buenos. Con humildad también porque son mis hijos. Yago navegó a los 13 años una temporada. Largó, se dedicó al tenis, el fútbol. Y empezó a navegar bien a los 20. Hoy, que siete u ocho años después estén en los Juegos, en un barco como en el que están ellos (49er), no hay mucha gente que lo pueda hacer. Tienen una capacidad de aprendizaje increíble, muchas ganas. Klaus también empezó relativamente tarde, a los 13.
–¿Y qué pasó con Theo y Borja que no navegan?
–Theo y Borja es la parte linda: no navegan y son cero competitivos. Borja se dedica mucho a la música, Theo estudió musicoterapia, son artistas, les gusta vivir bien… Son diferentes y eso es lo lindo. Aportan otra visión a la familia. Silvina, la madre, no es una deportista, es bailarina.
–El yachting argentino tuvo una etapa muy fuerte, con vos, Camau, Conte, De la Fuente, Calabrese. ¿En qué punto está hoy?
–Obvio Camau marcó una historia. A mi enseñó muchísimo. Y todo el grupo de trabajo, Daniel Bambicha, Dani Espina, Mariano Galarza, fueron parte de esa historia. Todos los que nombraste son de mi profunda admiración. De la Fuente, que está acá, es un atleta intachable. Increíblemente siguen viniendo promesas. Igual, uno es exigente, crítico. Veo el yaching e igual quiero más. Mirá, en el año 96, el hockey y el yachting eran deportes que estaban en un mismo lugar de popularidad quizás. Y ahí empezó la revolución de uno y otro deporte y hoy el hockey es lo que es a nivel masivo en la Argentina. Aparecemos (sólo) en los Juegos Olímpicos y eso me da un poquito de tristeza. Y lo cuestiono, qué podríamos haber hecho diferente para hoy ser el hockey.
–¿Cómo es tu bote, tu categoría? Competís formando tándem con una mujer, algo que debe tener sus particularidades.
–Todos los desafíos me motivan. De estos tres años tengo que decir que fue aprender a navegar un barco distinto y es fascinante lo nuevo. Hay que saber la puesta a punto, saber elegir el material en menos tiempo que nuestros rivales. Después tenía que formar un equipo nuevo con Cecilia. Cuando fue lo de Camau, teníamos un plan muy meticuloso de cómo íbamos a formar el equipo. Acá lo mismo, con Ceci, que encima es mujer, y eso me motivó mucho. Mirando para atrás, fue algo apasionante. Es interesante la relación con una mujer deportivamente hablando. De repente la sobre exijo porque estoy esperando que el que va a tirar de la cuerda es Camau… Obvio que no se puede comparar la fuerza física de Camau, con 72 kilos, con la de Ceci, de 63. Y calmarse, saber cómo comunicarse, yo con ella y ella conmigo. Es mucho más joven. Con Camau éramos más parejos y nos teníamos un enorme respeto. Y quizá Ceci tiene miedo de decirme las cosas, porque soy mucho más viejo y me tiene mucho respeto quizá.


