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¿Puede un país que intenta salir de las ruinas pensar en el deporte? Entre tantas necesidades, ¿es posible dedicarle a esa actividad todo tipo de recursos? Irak todavía está en proceso de recuperación, luego de la guerra que provocó la caída del régimen de Saddam Hussein, en mayo último. Y bastante le cuesta, por cierto, debido al rechazo de grupos que resisten el padrinazgo norteamericano sobre el país.
Sin embargo, a pesar de las necesidades y urgencias, la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA, el organismo impuesto por los Estados Unidos para este período de transición) entiende que fomentar el deporte de alta competencia en el país es una buena señal de que las nuevas libertades son beneficiosas para el país. Que, como el deporte, todas las áreas de la nación pueden crecer bajo el ala de los Estados Unidos.
Este desarrollo tiene dos líneas principales: el crecimiento del fútbol con el apoyo de la FIFA y la gestión de un programa que le permita clasificar a algunos deportistas para los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, en agosto próximo; Irak no participa de unos Juegos desde Seúl 88.
En este último caso, el impulso principal está destinado al boxeo. La CPA entiende que la clasificación de algunos de los 20 boxeadores del equipo iraquí es posible, y por eso decidió invertir en material de entrenamiento. No sólo eso: también contrató al entrenador norteamericano Maurice Watkins, que participó en los Juegos de Montreal 76.
"Lo único que necesitan es que alguien crea en ellos. Yo creo en ellos y su país cree en ellos. Tenemos un sueño que es el sueño de una país", explicó Watkins. Sus palabras son claras en cuanto a lo que se pretende: el deporte como símbolo de una nueva sociedad. "Lo más importante es que la bandera iraquí vuelva a flamear en una competencia internacional", señaló Dargham Naji, uno de los integrantes del equipo de boxeo.
Lo cierto es que las prácticas de los pugilistas comenzaron el 7 de noviembre último y el primer escalón antes de Atenas será Filipinas, donde en los próximos días se realizará el primer selectivo para los Juegos. Luego habrá otros en China y en Paquistán.
Incluso, el Comité Olímpico Internacional (COI) ya cursó la invitación para el Comité provisional iraquí para participar en Atenas. Antes de la guerra, el Comité iraquí estaba dirigido por Uday, el hijo mayor de Saddam. Las historias narran que un éxito deportivo podía significar una mansión o un auto de lujo, pero una derrota se pagaba con torturas y prisión.
"Es algo que reconforta saber que tendremos deportistas iraquíes, afganos o de Timor Oriental, tres países afectados por diferentes guerras en los últimos tiempos", comentó Jacques Rogge, presidente del COI. Y también se preven invitaciones para las competencias de natación, lucha y atletismo.
"Todo el pueblo de Irak debe estar implicado en este proyecto, porque participar en unos Juegos Olímpicos es un motivo de orgullo para cualquier país", admitió Hillary White, funcionaria de la CPA.
El otro eje del desarrollo del deporte es el fútbol, que es en Irak también una pasión de multitudes. Antes de la guerra, los partidos de la liga local podían convocar hasta 50.000 personas. El torneo todavía no se reanudó, pero el fútbol iraquí ya revivió; en gran parte, gracias al apoyo de la FIFA. La entidad le destinó US$ 326.750 para su desarrollo en el período 2003/04, además de US$ 400.000 para la construcción de la sede de la Federación iraquí.
El 21 de agosto último realizó su primer amistoso oficial: en Teherán, venció a Irán por 1 a 0. Desde entonces acumuló varios resultados positivos: ahora pelea por la clasificación para Atenas y sueña con entrar en Alemania 2006, todo de la mano del DT alemán Bernd Stange.
Irak intenta revivir, en todos los ámbitos. El deporte, en este caso, es apenas un símbolo que intenta mostrar los beneficios de la libertad.


