La organización Abuelas de Plaza de Mayo firmó un convenio con la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires y la empresa de tecnología Quantit para optimizar las tareas manuales y optimizar la investigación de las identidades restantes.
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La organización Abuelas de Plaza de Mayo firmó un convenio con la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Quantit, una empresa argentina que brinda soluciones de inteligencia artificial, para aplicar las nuevas tecnologías en la búsqueda de desaparecidos.
“La búsqueda de los nietos y nietas es sumamente compleja. A pesar de los inmensos esfuerzos que se han realizado, aún falta encontrar a casi 300 hijos e hijas de detenidos desaparecidos”, explicó a LA NACION Carolina Villella, coordinadora jurídica de Abuelas de Plaza de Mayo. “Siempre se buscan estrategias novedosas que ayuden a acelerar los tiempos de investigación y acortar los tiempos para que puedan darse los tan ansiados abrazos de cada encuentro”, agregó.
Particularmente, la tecnología se utilizará para automatizar procesos de investigación que hasta hoy se han hecho de forma manual. Según comentó a LA NACION Edgar Altszyler, fundador de Quantit, la idea es crear distintos sistemas de inteligencia artificial y diferentes módulos de automatización que realicen una amplia variedad de tareas.
Por un lado, buscarán, como primer paso, digitalizar todos los documentos de investigación que tiene la organización. Por otro lado, usarán la precisión de la nueva tecnología para la identificación de elementos clave y la extracción de información relevante de los documentos, como nombres, edades y direcciones.
También será utilizada para la clasificación automática de documentos en investigaciones específicas. Su capacidad para detectar patrones en grandes volúmenes de datos facilita la organización de información y la estructuración de casos. En paralelo, se busca aplicar IA en la identificación de casos prioritarios, analizando antecedentes de nietos recuperados para desarrollar una herramienta que señale qué investigaciones deberían recibir mayor atención. Esto permitiría concentrar los esfuerzos en aquellos casos con mayores probabilidades de éxito en la identificación.
“Es importante aclarar que, siempre, al final del camino habrá una persona del equipo que decida si esas nuevas relaciones o ideas que aporta la inteligencia artificial son útiles para avanzar con un caso determinado”, aseguró Juan Kamienkowski, investigador del Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, a LA NACION. En el equipo a cargo del proyecto también habrá docentes e investigadores de la UNSAM y el CONICET, así como estudiantes de la FCEyN.
La tecnología y los derechos humanos, un dúo con historia
En 2023, la Fundación Sadosky dio un primer paso en relación con la incorporación de la inteligencia artificial con fines humanitarios. Lanzó un concurso llamado Inteligencia Artificial por la Identidad, en el cual se buscaba desarrollar un software capaz de digitalizar y hacer más accesible el archivo periodístico de Abuelas de Plaza de Mayo, constituido por más de 10.000 artículos de diarios y revistas recolectados en más de 45 años de trabajo. Diferentes grupos de estudiantes compitieron y tres fueron premiados. El proyecto no logró materializarse con seriedad. Hasta hoy.
Sin embargo, la organización de Abuelas siempre buscó estar a la vanguardia en la incorporación de tecnología para la búsqueda. Fueron referentes a nivel global cuando, junto con genetistas y científicos, desarrollaron en 1984 el “Índice de Abuelidad”. Según lo define el CONICET, es una fórmula estadística que, a partir del material genético de los individuos involucrados, establece con una precisión indubitable la probabilidad de parentesco entre una abuela y su nieto o nieta.
“Fue un avance pionero en la utilización de la genética forense para la identificación de víctimas de desaparición forzada”, afirmó Villella. En números, esta innovación trajo la resolución de 139 casos vinculados a nietos de desaparecidos o detenidos. Además, fuera del contexto de terrorismo de Estado, fue útil para reunir a más de 2000 familias, según confirman datos brindados por Villella.
Aunque hoy no cuenten con estadísticas predictivas, la incorporación de la IA en la búsqueda se inscribe en este permanente avance en el diseño y aplicación de nuevas herramientas. “Surge como parte de la necesidad de que el trabajo colectivo involucre a toda la sociedad, comunidad científica incluida”, continuó.
La inteligencia artificial aplicada a los derechos humanos es todavía una alianza en proceso de desarrollo. Su incorporación, bien aplicada, puede traer muchos beneficios, pero también existen ciertas barreras que hay que tener en cuenta. Altszyler expresó que uno de los desafíos será lograr desarrollar esto con un componente interdisciplinario. Es decir, que las herramientas que se desarrollen sean útiles y fáciles de integrar al proceso de investigación de la organización. “Este tipo de proyectos requiere ser co-creados entre los especialistas en inteligencia artificial y las Abuelas. Es ineludible crear y diseñar las tecnologías de manera conjunta”, manifestó.
En esta línea, Kamienkowski explicó que en esa sinergia es crucial comprender a fondo los procesos y el dominio sobre el que van a trabajar los especialistas, y que puedan entender cuáles son las capacidades y limitaciones de la tecnología que están desarrollando. “Además, esperamos que, en conjunto, surjan muchas ideas nuevas sobre procesos que se pueden mejorar”, comentó. Además, también confirmó que este es un camino que desde el Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada ya han recorrido en otros sectores, como la educación y la salud.
No obstante, la posibilidad de un error en los patrones que haga o identifique la inteligencia artificial en este contexto tiene un costo alto: la identidad está en juego. Sobre este punto, el investigador confirmó que los casos avanzarán de acuerdo con la documentación que esté disponible y que, en cuanto a la verificación de la identidad, siempre la última palabra la tiene el test genético, como se viene haciendo hasta ahora. “Los riesgos están asociados, generalmente, a asignarle a estas tecnologías un valor de verdad más grande del que pueden tener, no siendo conscientes de sus limitaciones”, concluyó.
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