
A diez años del lanzamiento del Mercosur ya aparecen
Fueron a probar suerte cuando hacer negocios en el país vecino parecía una quimera. Llevaron grandes empresas o probaron con una personal. Incluso hubo quien hizo las dos cosas.
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SAN PABLO.- "Nunca habría hecho en la Argentina lo que hice en Brasil en diez años." Fabián de la Rúa, sobrino del Presidente, lanza la frase y se reclina en su sillón de vicepresidente de IG, una de las tres mayores compañías de Internet brasileñas.
Como él, otros emprendedores y empresas argentinas llegaron durante la última década para "hacerse el Brasil" y alcanzaron esa palabra que se escribe en letras doradas: éxito. Aunque con menos riqueza a cielo abierto como la que ofrecía la América de principios de siglo a los inmigrantes europeos, la "década Mercosur" abrió en Brasil una serie de oportunidades para quienes estuvieran dispuestos a vivir la aventura.
Fue el caso de los hermanos Germán y Gustavo Segré. Llegaron a Brasil en 1985, cuando tenían 18 y 21 años, acompañando al padre, que era gerente en el Banco de la Nación Argentina en Brasil. En 1987 comenzaron vender cacerolas, tercerizando su fabricación en Braganza Paulista, un municipio del interior de San Pablo.
Pero los sorprendió el Plan Cruzado, la inflación y tuvieron que desistir. Germán comenzó a trabajar entonces como pasante en la Cámara Argentino Brasileña de Comercio y Gustavo volvió a Buenos Aires. Intercambiando ideas por teléfono y cartas se convencieron de que deberían crear una empresa que asesorara a empresarios argentinos para llegar al Brasil.
Montaron entonces una oficina de 40 metros cuadrados en Buenos Aires y otra de 60 metros cuadrados en San Pablo. "En 1993, gracias al Mercosur, ya hacíamos estudios de mercado y asesoramiento, y nos dimos cuenta de que la mejor forma de venderle al Brasil era desde Brasil. Entonces comenzamos a administrarle los negocios a una empresa aquí", cuenta Gustavo.
Otro nombre
Poco tiempo después rebautizaron Segré y Asociados como Center Group do Brasil. "Cuando empezamos no teníamos un peso, y viajábamos de Buenos Aires a San Pablo cada 15 días en colectivo. Y como no teníamos plata para hotel, dormíamos en las oficinas."
Una década después, las necesidades pasadas son vistas por los Segré como una anécdota divertida. Hoy administran en Brasil 47 empresas argentinas, en oficinas de 1000 metros cuadrados sobre la tradicional avenida Paulista, y poseen filiales en Buenos Aires, Madrid, Miami y, próximamente, México.
En 1998 ganaron el premio al Exportador del Año de la Cámara de Comercio, por generar un aumento de las exportaciones argentinas al Brasil. Hoy son directores de esa Cámara. La empresa factura 70 millones de reales al año.
En el puente aéreo
Carlos Salvini tenía 12 años en Organización Levín cuando decidió correr el riesgo. Comenzó a tomar todos los lunes un avión desde Buenos Aires hacia San Pablo para volver el viernes. En un año y medio, Salvini -gerente de Organización Levín do Brasil- conquistó once clientes para la nueva sucursal de la compañía.
Levín es la compañía argentina líder en valuación y administración de activos fijos, un nicho de servicio destinado a las grandes compañías.
Instalado en el barrio de Itaim Bibi, Salvini estudia todos los días el mejor momento para mudarse con su familia a San Pablo. "Es una locura andar yendo y viniendo todas las semanas. Mucho más ahora que los negocios están comenzando a funcionar", comenta a La Nación este licenciado en Ciencias Físicas.
"En los comienzos fue duro porque no nos conocía a nadie", recuerda. Pero luego fueron sumando clientes -Firestone, Federal Mogul, San Pablo Alpargatas, entre otros, y hoy ya están presentando propuestas a compañías gigantes como Comgás y Electro. Este año facturarán 600.000 dólares y próximo proyectan llegar a 1,5 millón.
El papel del Mercosur en el incipiente éxito de Organización Levín do Brasil es simple: "Hay un enorme intercambio y comunicación de ejecutivos de un lado al otro. Una empresa nos conoce en un país y nos recomienda en el otro. Estar presentes en este mercado nos posibilita ganar clientes inclusive en la Argentina".
De la Rúa "brasileño"
En 1991, Fabián de la Rúa, que tenía 28 años, estaba de viaje turístico en Río de Janeiro cuando su vida dio un giro de 180 grados.
Hijo de Zulema de la Rúa, prima del Presidente, conoció en la playa a una chica de Curitiba. Se enamoró y seis meses después estaba viviendo con ella en Brasil.
Llamó a Madrid a su amigo Martín Varsavsky y le propuso crear una filial de Viatel, una compañía de call back que había abierto en Estados Unidos y España. Llegaron a un acuerdo y formaron una sociedad. Varsavsky es un argentino que se fue del país durante la dictadura e hizo fortuna en Estados Unidos. Es él quien donó $1 peso por cada alumno argentino para crear el portal Educ.ar. Cuando salió de Viatel Brasil, De la Rúa quedó como único dueño.
De la Rúa también se convirtió en vicepresidente y socio de IG (Internet Gratis), una de las tres principales empresas de Internet del Brasil -propiedad de GP Investments-. Graduado en sistemas, antes de cambiar su vida en Río de Janeiro, Fabián había trabajado en Itrón y Proceda, dos compañías del grupo Macri.
"Acá hay mercado, hay volúmenes, hay consumo", dice. "Y el Ôtudo bem´ del brasileño pesa mucho a la hora de hacer negocios. Es un contraste grande frente al eterno mal humor argentino".
Pero aclara : "No tengo cargos en la Argentina, no tengo negocios en la Argentina y no quiero tener ninguna de las dos cosas".
Caramelos globales
El caso de Arcor es casi el paradigma del éxito de una empresa argentina en Brasil. Llegó hace 20 años, comprando una empresa local (Nechar), pero el salto se produjo con el Mercosur.
El bloque incrementó el volumen de comercio, "lo que favoreció la penetración de nuestros productos en la región", explicó a La Nación Adrián Kaufmann, gerente de Comunicaciones del Grupo Arcor. "Contar con un bloque sólido es siempre benéfico para las empresas que ya están instaladas."
Hoy Arcor emplea en Brasil a 1000 personas, distribuidas en tres plantas de producción y siete oficinas en diferentes Estados. Es el primer exportador de caramelos del Brasil, donde facturó US$ 90 millones en 1999. Hoy Brasil representa 10 % de las ventas totales de la empresa en todo el mundo.
"Brasil es un mercado inmenso y con un buen potencial de desarrollo", comentó Kaufmann.
El éxito en Brasil, según Kaufmann, se dio después de aprender los hábitos de consumo del brasileño. "Hubo todo un aprendizaje hasta llegar al éxito".
Un bloque comunicado
Cuando cuatro países se asocian en un mercado común, las comunicaciones entre esos países se multiplican.
El grupo mendocino Pescarmona, que bastantes años atrás ya había instalado Impsa en Brasil, se dio cuenta de eso y decidió mandar a Daniel Hourquescos para abrir Impsat, la rama de telecomunicaciones del holding.
"En 1996 ya estábamos siguiendo de cerca el proceso de apertura del mercado de las telecomunicaciones en Brasil", relata hoy Hourquescos, que es vicepresidente de Redes Privadas para América latina.
A pesar de no tener infraestructura propia en aquellos días, la compañía decidió participar de una primera competencia en este mercado... y ganó.
Un antes y un después
"A partir de ese contrato decidimos apostar todo", recuerda Hourquescos.
En 1998 Impsat obtuvo licencia en Brasil para ofrecer servicios en telecomunicaciones. Y a partir de allí la compañía multiplicó sus clientes.
De aquel primer viaje de Hourquescos, en el que se hospedaba en hoteles y luchaba en Brasilia para obtener la licencia, sólo quedan recuerdos.
Hoy Impsat en Brasil está compuesta por 200 personas y cuenta con siete oficinas, dos telepuertos satelitales y una red de fibra óptica que une las ciudades de San Pablo, Río de Janeiro, Belo Horizonte y Curitiba.
Y para respaldar aquella idea de las comunicaciones entre los países del bloque lanzaron el Proyecto 2000, que une Brasil y la Argentina con fibra óptica por vía terrestre.
"Aquel primer viaje fue una apuesta exitosa que la compañía hizo al Mercosur y la región", comenta hoy, evidentemente orgulloso, el ejecutivo.






