Adiós default, adiós

Jorge Oviedo
Jorge Oviedo LA NACION
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24 de febrero de 2016  • 16:30

La Argentina comenzó a decir adiós no sólo a la más grande cesación de pagos de su historia moderna, sino también al más largo conflicto para solucionarla. Insólitamnete, incluso hasta en momentos en que lo tuvo todo a favor para una salida elegante para Cristina Kirchner..

Pero la gestión anterior, empeñada en transformar la causa económica internacional en una de consumo doméstico y política lo empeoró todo. Cristina y Axel Kicillof, absurdamente creyeron que la discusión era si una buena parte de la deuda podría ser repudiada o no. Quisieron con una enorme y costosa campaña digna de mejor causa dar una lección de capitalismo al mundo. Como dijo alguna vez Miguel Bein “está muy bien lanzar una oferta de canje con una ley del cepo” que impida pagar a los que no acepten, pero agregaba: “El problema es creérsela”.

En los tribunales neoyorquinos, que por cierto la Argentina eligió, nunca estuvo en discusión si pagar o no, sino cuánto. Más se empeñó la administración K en no pagar, más se alejó del arreglo, desperdiciando años de tasas de interés muy bajas e inversiones fluyendo a la región. A Evo Morales, haber sido más inteligente con las relaciones internacionales le sirvió para discutir hasta último momento la posibilidad de un cuarto mandato, de un “Evo eterno”. Una ocasión imposible para Cristina Kirchner no sólo por sus desaguisados y desastres internos, sino también por su errada estrategia neoyorquina, que sin embargo contó con el incomprensible respaldo de un prestigioso estudio de abogados de los Estados Unidos el cual -no es un dato menor- hace poco fue reemplazado.

Las anteriores crisis de la deuda le tomaron a la Argentina procesos de 10 años o poco más de reestructuración. El default de 1981 se arregló y falló a poco de andar con el Plan Baker de 1987 y se cerró del todo con el Brady de 1992

El default de finales de 2001 y comienzos de 2002 parece empezar a cerrarse en 2016. Demasiado tiempo, a pesar de las salidas parciales durante el período K, que tuvieron adhesiones interesantes, pero dejaron un nivel de litigiosidad inaceptable para el cual la Argentina no encontró otra salida más que agregar conflicto al conflicto. La Argentina nunca recuperó hasta ahora acceso fluido a los mercados voluntarios de deuda e inversiones y vio cómo economías más pequeñas en la región lo hacían. Si eso cambia ahora -y parece que así será- acaba de comenzar un nuevo gobierno de Macri que deberá cuidarse, eso sí, de nuevos peligros. Un exceso en el ingreso de divisas que recaliente la economía, por ejemplo, y recree otros problemas que fueron serios en el pasado.

A los holdouts o buitres las tasas de interés negativas o “dinero gratis” producto de la caída de la actividad mundial tampoco les estaba resultando gratis. Hasta hace poco, no arreglar mantenía la deuda argentina en sus manos en permanente actualización al alza. Estaba dejando de pasar. ¿Para qué seguir esperando? Para la Argentina la opción fue: ¿por qué no endeudarse barato y pagar una parte en efectivo?

Por cuestiones de política local y de mercados internacionales los capitales están dispuestos a volver al lugar desde donde hace poco no sabían cómo hacer para escapar. El truco es aprovecharlos esta vez para que financien infraestructura, producción, empleo y crecimiento y no preparar el próximo default contribuyendo a financiar infinanciables déficits fiscales nacionales, provinciales y municipales.

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