Amas de casa y gerentas del hogar
Lejos del modelo tradicional, hoy llevan las finanzas familiares con sofisticación
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Las amas de casa han evolucionado. Poco queda de aquellas mujeres que no conocían casi nada de la economía familiar y cuyos mundos se circunscribían a tener la casa limpia y en orden. Todo lo contrario. Estudios recientes indican que las amas de casa se han transformado en verdaderos gerentes, cualquiera que sea su nivel socioeconómico, a la vez que son el pilar fundamental del equilibrio económico familiar.
"Frente a la situación actual, que es percibida por todas como crítica, de transformación y de cambio, el rol de la mujer aparece fuertemente jerarquizado. Ella se constituye en portador y sostén del espacio afectivo y racional dentro del núcleo familiar", explica Nelly María Rau, directora de investigaciones y planeamiento de Leo Burnett, la agencia que encaró un estudio sobre hábitos de consumo en las amas de casa, realizado en 16 grupos de entre 25 y 40 y de 41 a 55 años, con hijos.
Según Rau, en estas épocas, la mujer es el motor para intentar sostener el nivel económico logrado. En este avance, sus principales funciones se basan en la decisión, ejecución y planificación. Por ejemplo, el informe muestra que en la distribución del dinero, las mujeres de clase media con mayor poder adquisitivo (que corresponden a los niveles C1 y C2) derivan los fondos al pago de servicios, salud, educación, alimentación y recreación, en ese orden.
"Las diferencias entre uno y otro nivel están relacionadas con la elección del tipo de prepaga, colegio o el modo de recreación", explica la investigadora.
"Todo lo que es fijo y hay que pagar mes tras mes, lo demás es flexible, elástico", fueron las frases que con mayor frecuencia se les escuchó decir a las mujeres con hogares de mayor ingreso que respondieron a la encuesta. De esta manera, luchan por mantener su propia posición.
"Primero se paga lo que puede generar deuda", dijeron, en cambio, las que le siguen en nivel adquisitivo (C2), demostrando una fuerte precaución hacia la trampa que supone caer en situaciones de desfinanciación por acumulación de pasivos.
En las compras, las nuevas mujeres también muestran una actitud fuertemente racional. La frecuencia de compra está asociada a la optimización de los gastos y hoy en ningún nivel social se recurre al aprovisionamiento de largo plazo, tal como se hacía durante los años de la hiperinflación, dado que es poco racional respecto del ahorro. "En los niveles más altos, la concurrencia promedio al supermercado es cada 15 o 20 días, mientras que en los sectores más bajos la compra es diaria o semanal", explicó Nelly Rau.
Para la especialista, la conclusión es que hubo un pasaje de la acumulación a la planificación dinámica. "Se compra lo que se necesita y se ahorra dinero." Las nuevas mujeres también entienden y planifican la capacidad de ahorro. El informe señala que los sectores C1 y C2, diferencian el ahorro a largo plazo del inmediato. "Lo que tenemos, tenemos que mantenerlo" y "hay que pensar en la jubilación" son, según Rau, las ideas más fuertes que aparecieron en las mujeres actuales.
En ellas, el ahorro a largo plazo está relacionado con el concepto de tener un respaldo para los hijos y con mantener la calidad de vida.
Para el corto plazo queda ahorrar para las vacaciones, para cambiar el auto y para los estudios de los chicos. "En ambos segmentos se observa la incorporación del seguro como forma de ahorro a mediano y largo plazo", agregó Rau.
Embate a la clase media
Según el estudio de nivel socioeconómico de la Asociación Argentina de Marketing, para las clases AB (0,9%) y C1 (10,6%) el ingreso principal promedio ronda los 5780 pesos, mientras que el segundo aportante, en general es el de la mujer, agrega unos 1500 pesos.
En los sectores medios, C2 (11,1%) y C3 (23,6%), el ingreso promedio es, en el primer caso, de $1830, del cual $1400 parten del aporte principal y $ 670 del secundario. Para el C3, que es la clase media que cayó, el ingreso promedio es de $ 1000, constituido por $ 790 del aporte principal y unos $ 400 del segundo aportante.
En los sectores bajos, D1 (25,3%), D2 (24,5% y E (4%), los patrones de consumo están determinados por el precio y éste por el nivel de ingreso de dichos hogares, que parten de un promedio de $ 580 en el mejor de los casos a $ 470.
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