
Aunque usted no lo crea: la lucha de Ripley por abastecer sus museos
Tras 34 años de trabajo, Scott Weaver un gerente del departamento de frutas y verduras de Lucky Supermarket en Rohnert Park, California, decidió que su modelo de la ciudad de San Francisco hecho íntegramente con palillos limpiadientes estaba listo.
En la Feria del Condado de Sonoma, la escultura obtuvo críticas excelentes y llamó la atención del Museo Ripley, ¡Aunque Usted no lo Crea! de San Francisco que le ofreció US$ 10.000 por la pieza. Weaver, de 49 años, no quiso vender.
En marzo, Edward Meyer, vice presidente de exposiciones y archivos de Ripley llamó a Weaver desde Florida para doblar la oferta. Weaver volvió a decir no. "En estos momentos, es mi santo grial", dice Meyer, que en abril elevó su oferta a US$ 40.000, para ser nuevamente rechazado. Meyer dedica gran parte de su tiempo en busca de objetos como la escultura de Weaver, artículos inusuales y atípicos que pueden darle peso al resto de la colección.
En los últimos cuatro años, la compañía, una división de Ripley Entertainment Inc., de Jim Pattison Group, ha estado en una carrera de expansión. Inauguró museos nuevos en Nueva York, Londres, San Antonio, Texas, y Bangalore, en India. Planea abrir cuatro más a mediados de 2010, en Veracruz, México, Bahrain, Corea del Sur y Australia.
Como resultado, dice la compañía, por primera vez en su historia enfrenta una escasez de objetos curiosos, como el retrato de Barack Obama hecho con 12.000 chicles en Nueva York, los tres cráneos encogidos en Londres y el kit mata-vampiros de mediados del siglo XIX en el museo de Tennessee.
"Tenemos el 10% de lo que teníamos hace sólo dos años" porque el inventario casi se ha vaciado para llenar los nuevos museos, dice Tim O’Brien, vicepresidente de comunicaciones de Ripley’s. "Estamos buscando al menos 200 piezas importantes para reponer inventarios y cumplir con nuestras necesidades actuales", observa.
Pero encontrar y comprar grandes cantidades de arte extraño, cráneos encogidos o memorabilia de Hollywood —sin pasarse del presupuesto— no es algo que se pueda hacer rápidamente.
Considere, por ejemplo, los cráneos encogidos. Cada museo Ripley’s debe tener uno y son todavía objetos codiciados para las colecciones privadas, pero hasta donde saben los expertos, ya nadie los hace. Meyer dice que cuando empezó a trabajar en adquisiciones para Ripley’s hace 30 años, las cabezas humanas del tamaño de poco más de un puño se podían comprar por entre US$ 500 y US$ 5000. "Hoy probablemente no se puede comprar una falsa por US$ 5000", dice.
Una cabeza encogida de alta calidad —una usada para propósitos tribales verdaderos, con pelo largo y elementos decorativos como plumas— cuesta unos US$ 50.000. Las cabezas son populares entre un pequeño grupo de ávidos coleccionistas que a menudo están dispuestos a pagar más que Ripley’s.
Jay Conrad, un contratista jubilado que ha tenido docenas de cabezas encogidas, vendió una de ellas a un coleccionista el año pasado por US$ 40.000.
En el caso de los animales deformados, otra pieza típica del museo Ripley, Meyer permanece en contacto con Paul Springer, un ganadero de Wisconsin que desde los años 70 se ha dedicado a comprar y cuidar animales con deformidades.
"La gente sabe que me tiene que llamar si un animal nace deforme", dice Springer. Pero el suministro es escaso, aclara Springer, que ha vendido unos seis animales a Ripley’s para ser disecados y expuestos.
Mucha gente quiere vender sus objetos curiosos a Ripley’s.
Meyer y su asistente, Anthony Scipio, reciben cientos de propuestas por semana, pero la mayoría no tiene el calibre de una pieza principal, o no se pueden comprar al precio correcto. Como por ejemplo un dibujo a gran escala del Sultán de Omán hecho con un trazado continuo, uno de muchos objetos listados en una pila de papeles en la oficina de Meyer en la sede de Ripley’s en Orlando, Florida.
La recesión tiene algo bueno. Más gente está dispuesta a vender en esta economía y "es más fácil negociar", observa. Ripley’s también exhibe artículos falsos. La compañía posee dos auténticas doncellas de hierro —una herramienta medieval de tortura con forma de sarcófago con púas de hierro en las paredes interiores que se clavaban en la persona, provocando la muerte— pero exhibe réplicas en 17 museos.
Meyer estima que sólo existen 10 en el mundo y sólo sabe de otros dos que son propiedad de personas acaudaladas, una en Portugal y otra en Francia.
"Sigo a estas personas en caso de que quieran vender", dice Meyer.
Meyer aún conserva la esperanza de que Weaver, el escultor de palillos de San Francisco, se decida a vender. Por el momento, sin embargo, sigue muy aferrado a su obra. "Algunas personas lanzaron palillos limpiadientes en lugar de arroz cuando me casé", dice. "¿Si algo se rompiera, quién lo arreglaría?", dice Weaver con un tono de preocupación.






